En estos tiempos gélidos y revueltos de paradojas y contrastes, entre el bostezo generalizado de un país que se tambalea y hace aguas por los cuatro costados, pendiente de soluciones, de toma de decisiones y confundido en el malabarismo de los políticos, corren de nuevo como antaño los vientos huracanados que pretenden reformar la universidad ¿otra vez la cantinela de siempre? ¿recuerdan los intentos de estar siempre dándole vueltas a la misma tuerca?…Que si la relación universidad y sociedad, la calidad, aún más la excelencia y sin olvidar la competitividad y los rankings, una buena vara de medir….pero si anteayer se hablaba de lo mismo o ¿no?, ¿y digo yo, qué fue de la Bolonia aquella que levantó tantas pasiones para muchos y odios argumentados en un gran número de universitarios? Al parecer, eso ya es otro cantar, en estos momentos imperan otras medidas, otras presiones…
A estas alturas parece que todo esa inversión de tiempo y dineros se ha quedado en una caja de cartón de las mudanzas, embaladas las ideas y los proyectos, las metodologías y las nuevas docencias para cambiar la rutina etérea, los tiempos, las clases…ahora, de nuevo, como si tal cosa, se habla y se escribe más aún de volver a reformar la “gran casa del saber”¿será una manía de los ministros que acceden levantar las polvaredas y remover los lodos, sin dar tiempo a que se posen los anteriores intentos?
Y de este modo nos encontramos que el pasado 12 de febrero la Comisión de Expertos nombrada a dedo por el ministro Wert Ortega ha entregado su Informe titulado: “Propuestas para la reforma y mejora de la calidad y eficiencia del sistema universitario español”, casi un año de trabajo para darnos un documento de 84 páginas, estructurado en cinco apartados donde se refieren expresamente a comentar, en el preámbulo sobre la perspectiva del sistema universitario español, una declaración de intenciones que copia y sigue la tendencia de otros documentos similares previos donde se intentan atar todas las ideas posibles para dibujar el escenario de partida. Su lectura rápida no aporta mucho más de lo ya leído sobre estos asuntos, mientras que en las siguientes partes del texto se aborda: la selección del profesorado universitario y se aboga de nuevo por rescatar el modelo de habilitación, no el actual de la acreditación; el punto tres demasiado ambicioso se centra en la calidad, la excelencia y la competitividad, para luego en otros capítulos dedicarse a darle un toque al gobierno de las universidades, su financiación y por último hace referencia en el quinto, a los estudios y títulos…
No haré, por razones del espacio , más comentarios; sin embargo me llama la atención la ausencia del tratamiento a cómo mejorar y valorar la docencia universitaria una grave laguna que ensombrece este informe y que carga las tintas en la defensa de los sexenios de investigación como llave para abrir todas las puertas, dejando la enseñanza para otros menesteres, en segundo lugar ¡ gravísimo error¡
28-02-2013 / Acuse de recibo/ Javier Ballesta/ Twitter: @javier_ballesta