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Javier Ballesta

Acuse de recibo

La precarización de la vida universitaria

La Universidad española no logra resolver los problemas que tiene desde hace algunos años.

El fondo de los males que le aquejan sigue siendo el mismo desde hace lustros y  que en los últimos tiempos se han multiplicado con creces. Los remedios no vendrán, sin duda por optar a nivel individual, local o regional para ser más excelente, competitivo, internacional y copar los mejores puestos en los “rankings“, por encima del adversario.

La respuesta estará mucho más en saber cómo resolver los problemas de la casa, los domésticos y en los que no se puede seguir estando tan a la baja, como estamos en recursos humanos y en docentes.

De ahí que, creo, la solución no vendrá por tener un rector u otro; más bien lo fundamental será encontrar soluciones conjuntas, para dar con la tecla y tomar acuerdos que cambien esta situación.

Por ello, mucho me temo que, si no se unen los rectores y las universidades, seguiremos siendo pasto fácil de los intereses mercantilistas y burocráticos que nos someten a cualquier precio.

En este sentido  leíamos las declaraciones valientes del presidente de la CRUE, Roberto Fernández, afirmando que  “no se puede mantener la Universidad española a base de profesores pobres” y denunciando a los políticos parlamentarios por no preocuparse por la Universidad.  En su opinión, la clave no es hacer un pacto de Estado que sabemos que no se alcanzará. De lo que se trata es de resolver los problemas con una nueva ley de Universidades que no dure una legislatura y que sea importante para consolidarla.

La penosa realidad es que hemos perdido más de 10.000 efectivos desde 2011 en las universidades españolas, 5.000 profesorado y más de 4.000 de personal de administración y servicios y que gracias a las familias han aportado más dinero para mantener el sistema.

El sacrificio se ha realizado y ahora hay que decidir por dónde cambiar esta inercia que ha desprestigiado la docencia universitaria contratando mano de obra barata.

El fondo  de la cuestión queda resumido a que no podemos aspirar a una democracia de calidad con un profesorado precario. En estos momentos, probablemente, el 60% son permanentes y el 40% asociados, o muchos más,  donde entran una gran variedad de tipologías que llevan el mayor peso de la docencia universitaria y están muy mal pagados.

Y es que así no se levanta la Universidad

No se puede mantener la docencia universitaria en base a profesores pobres y este sería lo primero para cambiar desde ya. Lo demás también, en  el orden que corresponda y poco a poco.

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