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Javier Ballesta

Acuse de recibo

El vídeo de las cremas

El tropezón de Cifuentes ha sido grande y sus errores cometidos la pusieron fuera de juego, tras un final que no llegaba.

Su renuncia a la presidencia de la Comunidad de Madrid no ha sido nada fácil de lograr y aunque dijera que lo tenía previsto para el 2 de mayo, una buena fecha para festejar su salida y rememorar la victoria nacional contra el adversario, hubiera sido difícil de creer si no hubiera sido porque ayer se coló de improviso el vídeo de las cremas.

Un testimonio intencionado y dirigido por sus enemigos de acoso y derribo a esta política madrileña que luchó contra la corrupción y que la señala con el dedo en un comportamiento nada ejemplar.

La imagen en este caso, más que las palabras, ha provocado el ultimátum y su poder ha sido decisivo para darle salida al ‘caso Cifuentes’.

Al final, la protagonista ha tenido que tirar la toalla contra su voluntad. Sin embargo, no hay que olvidar que la defensa del trabajo fin de máster ha sido la pieza clave de este escándalo.

La mentira de la expresidenta la cercó en un cúmulo de miradas que la vieron cómo buscaba salir de ese entuerto.

El no haber reconocido su enchufe directo, intentar ocultarlo y disimularlo la llevó a que nunca pudo demostrar que aquel día 2 de julio de 2012, en el campus de Vicálvaro, presentara y defendiera su tesis final de máster.

¿Quién le iba a decir a esta veterana diputada con una carrera ascendente y una vida entera dedicada a la política que iba a caer en desgracia por un máster?

En esta historia hemos podido comprobar cómo la política madrileña se aferró al sillón de forma ejemplar y su prédica era una letanía de falsedades que pretendían engañar y ocultar la verdad, para salvarse de la encerrona y poder seguir trepando en su ambición.

Se va por su propio pie y porque ha calculado mal la jugada, entre mentiras y medias verdades.

No le perdonaremos que haya tardado tanto en dar un paso atrás, en bajarse de las alturas y en reconocer que no se puede abusar del poder.

El peligro de los políticos, de muchos que llevan años en cargos, es aferrarse cada vez más al poder y hacer que los demás, el adversario y los medios, sean los culpables de las campañas de acoso y derribo.

La culpa se la echan a los ‘otros’ y nunca reconocen sus propios errores. Nos falta ejemplaridad.

El ‘caso Cifuentes’ es un ejemplo más de quienes salen del poder por la presión continuada de informaciones y testimonios que se interponen en su camino.

Lo correcto hubiera sido no hacerse rogar tanto y bajarse de la peana, tras reconocer los propios errores.

Hubiera sido mejor que agotar la larga espera.

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