Han pasado 40 años desde la Constitución de 1978 y, con el paso del tiempo, no podemos disimular que nos hemos hecho mayores. Desde esa distancia el recuerdo nos trae el valor de aquellos momentos que calaron en nuestra vida, cuando la política de entonces era muy distinta a la que hoy tenemos.
Delante de nuestros ojos teníamos un largo camino para conquistar, mientras se ansiaba libertad y se soñaba despierto por cambiar y avanzar, una apuesta continua por la que muchos apostaron desde las diferencias.
De las ilusiones florecientes de aquellos momentos queda poco, aunque queramos aferrarnos a la creencia de que todo debe ser igual, o que hay que mantener ese mismo espíritu conciliador. Ahora, todo es distinto.
La creencia de aquellos hombres y mujeres del consenso que apostaron por la posibilidad de poner de acuerdo a quienes pensaban, opinaban y debatían con diferencias, pero buscaban puntos encontrados, hoy es difícil de conseguir.
Sin ir más lejos, al hablar de cuatro décadas de Educación en nuestro país, desde la memoria reciente y la vista puesta en lo que queda sin resolver, es hacerlo de un periodo convulso en el que han tenido lugar innumerables reformas, con la promulgación de siete leyes orgánicas que no voy a enumerar, aunque todos sabemos que han sido demasiadas y han generado un continuo vaivén, impuesto por la alternancia política, a golpe de normativas que no han llegado a ser comprendidas por la ciudadanía; más bien han sido ignoradas y vistas con el recelo aquel que hace asociar cualquier cambio al color del partido gobernante.
La asignatura pendiente sigue siendo la demanda de un Pacto de Estado que se ha convertido en estos años en todo un reclamo social que no ha sido resuelto, aunque el exministro Ángel Gabilondo indicaba que «el pacto educativo es una necesidad para el país. Sin él iremos más lentos y menos lejos. Los ciudadanos están esperando que seamos capaces de estar a la altura de ese desafío».
Desde entonces, todo se ha paralizado por la falta de acuerdo de algunos que se han empeñado en seguir anclados a sus viejas ideas. Este fracaso de la falta de acuerdo ha hecho que en estos últimos años todo haya ido empeorando.
La Educación ha estado necesitada siempre del consenso, para responder a muchos problemas que fueron y siguen, en la actualidad, estando pendientes de una toma de decisiones, que no han sido resueltos por los políticos que han luchado por imponer su credo partidista. Ese grave error está haciendo mucho daño a un país que ha perdido juventud y sigue anclado en su pasado, sin saber hacia dónde camina.