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Javier Ballesta

Acuse de recibo

Un viejo problema enquistado

Hace unas semanas saltaba de nuevo la alarma sobre el abandono escolar en nuestra Región, que afecta al 24,1% de los jóvenes y nos sitúa muy por encima del 17,9% de media nacional y a una gran distancia del 11% europeo.

Una cifra escandalosa que nos señala y apunta a que seguimos en el furgón de cola y castigados a estar en el pelotón de aquellos que, junto a Baleares y Andalucía, siguen sin mirar al norte y perdidos en el este.

Como se informaba en este diario, la estadística ha vuelto a poner sobre la mesa el enquistamiento del déficit formativo que aleja aún más a la Región del objetivo de la Estrategia Europea 2020, que pasa por bajar hasta el 15% el abandono prematuro.

La nuestra es una mala posición, aunque nos pese, heredada por una deficiente gestión en combatir este problema que arrastramos de largo y que no ha generado estrategias conjuntas que hayan podido bajar el elevado número de aquellos que colgaron los estudios.

Sin duda es un asunto complejo, difícil de resolver y nadie lo discute. Por ello, por la complejidad del mismo debería ser tratado como se merece, más allá de ser una cuestión de la política de temporada, como señalaba en su Primera plana Alberto Aguirre al referirse a esa tendencia superficial y entremezclada que no ahonda en resolver los viejos problemas que nos acechan.

Porque uno de cada cuatro chicos deje sin completar su formación obligatoria debería inquietarnos y preguntarnos qué está pasando. Sin embargo, hay poca discusión pública hasta la fecha, aunque los medios sí se han esforzado en poner sobre la mesa las claves para ahondar sobre esta problemática.

El compromiso de nuestros representantes políticos ante la ciudadanía debería pasar no solo por diseñar ideas, sino ir mucho más a crear una línea estratégica firme y combativa a tener presente no solo en momentos esporádicos y buscar la complicidad de todos.

Por ello, es necesario crear y potenciar un plan que potencie y enganche, motive y resuelva las bajas expectativas formativas de nuestros jóvenes, en especial de aquellos que no ven o no sienten que el sistema se adapte a sus intereses, mientras toda la comunidad educativa sigue ahí combatiendo el desánimo, el desinterés y la falta de recursos.

Al mismo tiempo, tendremos que mirar qué hacen otros, en especial aquellos que despegaron y salieron del fango y siguen manteniendo su lucha por recuperar el tiempo perdido invirtiendo en formación, con la colaboración de todos los agentes sociales.

No olvidemos que el abandono escolar es un asunto prioritario de todos, que hay que atajarlo a toda prisa, sin vueltas, y romper la inercia que nos está castigando durante muchos años.

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