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Javier Ballesta

Acuse de recibo

La respuesta del pacto educativo

El olor de mayo nos hace sentir que el curso está finiquitado y dando señales de un final incompleto, donde los tiempos y los procesos se han entrecruzado una vez más, mientras todo gravita en un no saber qué pasará y hacia dónde miraremos, una vez que pasen los próximos comicios electorales, esa segunda vuelta a las urnas que confirmará tendencias o dará sorpresas.

Nadie sabe a estas alturas qué pasará en este país invertebrado y en esta Región infravalorada, y sobre todo desconocemos qué camino seguiremos para resolver la cantidad de asuntos que tenemos en espera.

Una larga espera cargada de un sentimiento de dejar para un no se sabe cuándo los temas pendientes que se ha convertido en una constante de los últimos años, una tendencia que se repite más y más por encima de la necesidad de resolver, aclarar y agilizar aquello que podría llevarse con más diligencia, menos atasco burocrático y con mejor voluntad política.

Y es que nuestros políticos no creen ni apuestan por la mejora educativa, por afianzar y garantizar el verdadero sentido formativo de los ciudadanos.

La Educación ha dejado de ser la clave, la llave del progreso, un tema prioritario, un asunto sobre el que se hace necesario pactar para avanzar, para garantizar y poner en firme aquello que tendría que estar resuelto.

Nuestros políticos no pactan, no dialogan ni se esfuerzan en buscar soluciones que garanticen el bien de nuestros jóvenes, el futuro de nuestros hijos, el progreso de todos. Llama la atención cómo en las comparecencias públicas y en los debates electorales que hemos visto no existe un discurso clarificador sobre qué queremos y hacia dónde vamos a ir en esta materia.

Cuando se escucha la voz entrecortada de los políticos se vuelve a las andadas, a los tópicos y a los maximalismos de siempre, a esas líneas programáticas que están entresacadas de declaraciones, marcos teóricos, introducciones, libros blancos o verdes y que nadie se las cree.

Habría que sentar a los políticos frente a frente y ponerles una lista de actividades, de deberes, y luego pasarlos por el examen de diagnóstico, la reválida, para ver si superan la nota.

No podemos tener una clase política que luzca su pedigrí entre bastidores y en ‘performances’, mientras no responden a las necesidades de una ciudadanía que exige soluciones.

Esta semana, como ejemplo, la Plataforma en Defensa de la Escuela Pública de la Región de Murcia, integrada por organizaciones sociales y sindicales, entregó a representantes de los principales partidos que se presentan a las elecciones municipales y autonómicas del 26 de mayo las 55 medidas para la mejora educativa.

El documento comienza con la petición de derogación de la Lomce, algo que no compete al futuro Gobierno regional, al que sí se le insta a promover un pacto social por la educación «que se mantenga en el tiempo». La Plataforma solicita «considerar la Educación Infantil de 0 a 6 años como una etapa educativa» y reclama «un plan de choque» para la Formación Profesional, que contemple «un aumento de la oferta de FP». También se propone, entre otras cosas, disminuir las ratios de alumnos por aula, anular las zonas únicas de escolarización, eliminar el amianto que exista aún en los edificios y revertir todos los recortes tanto en medios humanos como materiales.

Y es que no podemos olvidar que la respuesta no está en el ‘ya se verá’; el esfuerzo por responder a aquello que se nos exige es la primera razón para forzar el diálogo y lograr que el pacto sea el camino, el instrumento para mejorar la Educación que queremos.

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