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Javier Ballesta

Acuse de recibo

Aprender entre pantallas

La rebelión contra Zuckerberg en los colegios de EE UU ha sido noticia estos días porque los padres de alumnos piden la retirada de un programa basado en las pantallas sin casi la presencia del profesor.

La protesta empezó en Cheshire (Connecticut) uno de esos condados residenciales que atraen a las familias por la calidad de sus escuelas públicas y en el que presentaban una oferta golosa que potenciaba un modelo didáctico centrado en los ordenadores para formar a todos los alumnos para aprender a la medida de cada uno.

La clave potenciar la educación personalizada, sin profesor y sobre la mirada atenta de la pantalla. La base de este programa piloto llamado ‘Summit Learning’, algo así como la cumbre del aprendizaje, es una enseñanza a la carta del alumno,quien se convierte en el aprendiz y, a la vez, en el formador.

La propuesta totalmente rompedora se enfrentó con la rebelión de las familias, que empezaron a preocuparse por lo que pasaba cuando los hijos se metían en el sistema y al conocer la información que circulaba en el mismo. Algunos comprobaron el acceso a contenidos inapropiados, y ahí surgió la protesta de los progenitores.

La educación ha sido y sigue siendo un objeto de deseo continuo para los tecnólogos de Silicon Valley, que no paran de ganar adeptos para sus causas.

En los últimos años han transformado el entretenimiento, la comunicación, la industria editorial, la música, el periodismo… y persiguen conquistar también la educación. Un viejo sueño de ser el motor para desarrollar la educación personalizada, un invento para formar a los escolares atrapados en las pantallas.

El interés de los fundadores de FacebookMarkPriscilla, su esposa, es potenciar la red ‘Summit’ entre la Secundaria. El proyecto utiliza una herramienta ‘online’ para proporcionar una enseñanza a medida, mediante el desarrollo de todas las lecciones que deben aprender en el curso y así, en vez de tener un profesor a pie de clase, se opta por dejar que cada uno aprenda a su manera y el docente mantiene tutorías semanales para ser consultado. Sin embargo, a día de hoy son muchos los que piensan que no todo es tan claro como parece y que las protestas han ido en paralelo a la expansión del proyecto.

Alumnos y padres se quejan de que el programa «requiere demasiadas horas de clase sentados ante el ordenador y elimina gran parte de la interacción».

Como escribió T. Roszak en ‘El culto a la información’, el folclore desatado en torno a la informática y la mitificación del ordenador puede ser un grave peligro para el arte de pensar, que puede verse amenazado de modo especial en las escuelas.
Esta experiencia nos sitúa ante las dudas y las sombras de la educación personalizada desde las tecnologías, en la que no podemos olvidar que los docentes son imprescindibles y que las pantallas no los pueden sustituir.

 

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