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Javier Ballesta

Acuse de recibo

Una vuelta chapucera

La vuelta al cole se convierte todos los años en noticia por los problemas que se montan en los primeros días de clase, cuando los escolares aterrizan en las aulas.

La situación se repite, es la misma y no se resuelve de un año para otro. Y aunque los políticos proclamen a los cuatro vientos los éxitos y logros de la mejora educativa regional, por desgracia todos sabemos que interpretan la misma cantinela de siempre, en la que abundan los viejos problemas que arrastramos en los últimos años y a los que seguimos anclados.

Reconozco que debe de ser difícil inaugurar el curso escolar en los primeros días de septiembre y que las cosas funcionen medio bien. A lo mejor habría que plantearse si merece la pena ese madrugón anticipatorio, para empezar de aquella manera,o dejar unos días más para que todo esté a punto. No por mucho madrugar amanece más temprano.

La falta de docentes en el primer día de clase se ha convertido en un problema, que no se logra solucionar a tiempo, para que los centros educativos puedan recibir, como debe ser, a su clientela.

Es un imposible que no se logra conseguir. Dicen que este año alrededor de 500 faltaron el primer día y que se irían reasignando por adjudicaciones tardías. Mi pregunta es: ¿por problemas técnicos, de plataformas, administrativos, económicos? Eso no puede ser así y los responsables tendrán que dar explicaciones.

Como ya se sabe, y lo peor es que se justifica, los inicios tienen tintes de resignación, de ser como son y siempre lo fueron, dando la sensación de aceptar o encajar que sean así. Es la conformidad ante la no funcionalidad y el parcheo que no cesa. Un modo de funcionar, de llevar las cosas y los hechos sin respeto a la ciudadanía, que tiene que recibir mejores servicios y sentirse mucho mejor tratada.

Cuando abordo esta cuestión me refiero, en especial, a aquellos docentes que trabajan en esos centros y también al resto de la comunidad educativa que necesita un mejor tratamiento para que el abordaje, en esos primeros momentos, sea lo mejor posible.

La mala imagen de la educación pública es evidente. El falso directo que se genera en una actuación improvisada acarrea un cúmulo de situaciones y problemas que se amontonan en muchos de los implicados en los propios centros, desde el equipo directivo, los tutores, los docentes recién llegados, aquellos que tienen que apaciguar a las familias y sobre todo a ese alumnado que con ansias quiere empezar ya y se encuentra sin profesor o en la espera de que llegue mañana.

¿A quién le importa todo esto? A muchos nos debería importar más y tendríamos que exigir a los responsables de Educación que gestionen mejor y garanticen que la vuelta no sea tan chapucera como la de este año.

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