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Javier Ballesta

Acuse de recibo

Cómo hemos cambiado

Ellos y no nosotros son el problema de que estemos como estamos, por su irresponsabilidad mantenida y la cerrazón a no dialogar. España es hoy, más que nunca, un país invertebrado que anda perdido entre la confusión y el desasosiego. Un país distinto, diferente a aquel que hace décadas pensaba más en la concordia, luchaba por ser más y avanzar, por encima de rifirrafes y mezquindades, para lograr conquistas. Tenía un proyecto a largo plazo, aglutinador y con más fondo.

Sin embargo, ahora, las cosas han cambiado de tal manera que sin pensarlo y sin darnos cuenta se ha ido bajando la guardia, en muchos frentes. Lo vivimos y sentimos de cerca en la calle, en las universidades, dentro de los centros comerciales, en los bares y centros de ocio, hasta en la manera que tenemos de ir de acá hacia allá, al posicionarnos ante cualquier grupo donde se dialoga o debate cualquier tema.

Un sentir que encubre un modo de funcionar, estar, de vivir y de compartir un presente de insatisfacciones y donde la falta de respeto, de escucha atenta y de pensar más en buscar soluciones comunes que en conquistas individuales lo definen. Necesitamos una lección de humildad por los cuatro costados, de saber que el otro es mucho más que yo y que no todo está en llegar alto, hay que pararse y valorar a los demás. Y lo vemos en especial en la clase política, que no es ejemplo para una ciudadanía que cada día está más confusa, perdida por estar inmersa en el laberinto del no saber hacia dónde se va.

La política se ha convertido en ese mar muerto, donde todo está anclado, mientras se ha estancado la inercia y la sensación de que todo está paralizado, en espera, en la larga espera impuesta por la mediocridad y el individualismo atroz de los líderes políticos que miran más por su partido, por lo suyo, y han bloqueado iniciativas y paralizado respuestas a proyectos que tendrían que estar ya resueltos.

Este país vive un momento delicado. ¿Quién nos iba a decir que llegaríamos a tener la casa patas arriba, sin saber qué pasará cuando el próximo 10-N tengamos que poner el voto en la urna? La incógnita es aún mayor que antes.

Y los problemas crecen y no desaparecen. En especial, como a muchos, nos preocupa cómo dar salida a toda la gente que está en paro, sobre todo el paro juvenil. Ya me conformaría con que el nuevo Gobierno empezara por ahí. ¡Queda tanto por hacer!

 

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