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Javier Ballesta

Acuse de recibo

La Navidad luce más en el interior

Cada vez más la anticipación se ha impuesto entre nosotros y los tiempos de ahora no invitan al sosiego.

Este discurso anticipatorio se asume como algo ya muy normal y tiene su refuerzo en la publicidad que nos invita a consumir sin parar.

Desde antes de Halloween colocan los polvorones y turrones en los supermercados y demasiado pronto llegan los alcaldes y nos hacen creer que con la luz led todo cambiará.

Que se lo digan al alcalde socialista Abel Caballero que el 15 de noviembre dio el aldabonazo de salida presumiendo ser el primero en el encendido, al que le siguen Madrid, Barcelona, Málaga y otras que atraen a miles de visitantes.

Me parece excesivo coger tanto tiempo para el encendido de la luz, un gasto excesivo, más de un mes antes de Nochebuena.

Murcia también se ha sumado a esta moda anticipatoria  del encendido general de luces.

Este año fue  el 22 de noviembre, el mismo día que Madrid, en la Plaza del Cardenal Belluga, con música y un espectáculo en la Catedral, y la inauguración del Gran Árbol de la Navidad en la Plaza Circular el 28 de noviembre que comenzó a brillar este año el día de celebración del Black Friday, fecha marcada en rojo dentro del calendario comercial. Hay que recordar que el acto de encendido, que contó con una gran afluencia de público, incluyó un espectáculo con 65 cañones de luz, rayos láser, una lluvia de nieve artificial y de pompas de jabón y una sucesión de fuegos artificiales.

Este elemento decorativo venía encendiéndose en años anteriores en torno al puente e la Constitución, pero en esta ocasión el Consistorio decidió adelantar el evento, ocho días,  lo que no solo le permitió favorecer la actividad comercial, sino que también facilitó la presencia en el acto del actor norteamericano y estrella de Hollywood Richard Gere, de visita en Murcia, para apoyar una causa solidaria, quien acudió al acto de la mano del  alcalde  José Ballesta.

Este adelanto sabemos que se  hace para llamar al consumo anticipatorio, en los grandes centros comerciales y tiendas del centro, donde la luz es un acompañamiento decorativo para iluminar las tardes cortas de invierno, donde  pronto anochece. La luz invita a sentir que aún es de día, que podemos estirar la jornada al salir del trabajo  y aprovechar para comprar para  preparar con tiempo, como se dice ahora,  las Felices Fiestas  un término  más deseable en las felicitaciones recibidas, por desgracia,  donde metemos todo en el mismo saco,  que el de Feliz Navidad.

Son muchísimos los que suman, en la práctica,  a desear  que estas Felices Fiestas sean una felicidad de la buena, como he visto en algún anuncio publicitario que se hace para promocionar nuestra Región, porque esta felicidad para que sea  buena, tiene que estar asociada a la gastronomía, como cuando saboreamos una buena “marinera”. Me imagino que también  la habrá también menos buena, pasable o  mediocre, para aquellos que no aspiren a tanto. Me parece una pasada este anuncio, es genial .

Sin embargo, el escenario de las ciudades tan sobrecargado que contemplamos en estos días, en algunas de sus  plazas y calles con resplandecientes luces de colores de última generación, sumado a nuevos inventos decorativos recargados, superpuestos y redundantes que cuelgan en los balcones y puertas de edificios emblemáticos  no logran llevar la iluminación a muchos que necesitan tener su vida mejor iluminada, siguen  en la sombra y la necesitan.

Para ellos  la mejor luz sería la  ayuda generosa, una colaboración para poder vivir, porque la necesitan. Están marginados en la cuneta, en los arrabales, en esa angosta calle refugiados en un portal,  en un cajero del banco, pasando mucho frio, a la intemperie, son vulnerables que sobreviven entre tanta iluminación artificial gracias a esos grupos de voluntarios comprometidos desde el anonimato generoso ( Cáritas, Jesús Abandonado,  entre otros ) que les dan de comer   y apoyo logístico para llevar el duro día.

En Navidad el foco de luz  también tiene que iluminar esas realidades, la de  los excluidos que con su silencio conviven entre nosotros, aunque a muchos les estorbe su presencia, porque desentonan en este escenario majestuoso que hemos creado, aunque algunos tengan en sus casas puestos el pesebre del Belén olvidando que los protagonistas de ese nacimiento no tuvieron otro cobijo que un establo.

La luz tiene que iluminar a los marginados, a esos “pobres de solemnidad” como la historia los denominaba, pero que hoy siguen existiendo y deben ser atendidos desde los poderes públicos, como se merecen y para ello habrá que esforzarse aún más por ayudarles a tener una vida digna.  Ellos son  los no invitados a las celebraciones,  los que no participan de esos eventos de la felicidad de la buena, de los tardeos,  de las barras en la calle, de los invernaderos donde conviven los  desaforados, entre copa y copa y lo que haga falta, juntando  la tarde con el día, pasando por la noche intensa al son de ese mensaje que proclama aquello de  vive la vida loca, si, si, si…

Este ambiente cada año va a más, lo vemos a nuestro alrededor, en el centro de la ciudad, entre el tumulto de las terrazas, en los restaurantes abarrotados, en los locales de copas de moda,  donde el personal no se corta, levanta la voz, carcajea sin disimular , aunque impidan el paso en las aceras, corten calles y se complique cruzarlas, porque todo está permitido en estos días de  Navidad.

Me entristece, por decir algo,  ver cómo se ha impuesto este perfil  de consumidor navideño. Algunos no creemos que sea ese el modelo a seguir, ni el espejo donde mirarnos. Por buscar alguna explicación a todo este maremágnum  me pregunto  si  ¿será la nueva normalidad la que nos ha cambiado el formato, nos ha hecho meter el turbo para aprovechar el presente ante la constancia de la fugacidad del tiempo?

El contraste está servido, entre luces y sombras anda este tiempo navideño, en el que  para muchos  seguimos creyendo en que puede ser  una invitación a  recuperar la cercanía, la solidaridad, la familia y tener las fiestas en paz.

No olvidemos que la Navidad luce más en el interior.

 

El blog de Javier Ballesta

Sobre el autor

Articulista de Opinión de LA VERDAD Catedrático de Didáctica y Organización Escolar de la Universidad de Murcia


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