En la Facultad de Educación de la Universidad de Zaragoza el lunes, 23 de marzo, presentamos mi libro Una mirada a la educación, con la participación de Enrique García Pascual, profesor jubilado de Didáctica y del decano de la facultad, Santos Orejudo, quienes hablaron de la obra y de otras cuestiones. La presentación fue un coloquio, para los asistentes, donde participaron profesoras y profesores de la facultad, entre los que recuerdo, Ana Rodríguez– a la que agradezco la organización del evento- Begoña,Belén, Esperanza, Pilar y Lola, la bibliotecaria, sin olvidarme de Manuel Fandos, amigo zaragozano de años que he tenido la su suerte de volver a ver.
Ante este auditorio especializado, tuve la sensación de estar participando en un seminario de los que hacemos habitualmente. Sentí la percepción de estar como en casa, en un espacio conocido, sin protocolo, nada de autoridades, y sin dar tiempo a prolegómenos, nos lanzamos al ruedo, cuando eran las cinco de la tarde, una hora tempranera, como la de las corridas de toros, para hablar de lo que un libro podría dar.
La presentación a cargo del decano Santos Orejudo, planteó algunas razones para el debate, después la crónica del libro la perfiló Enrique García, haciendo un repaso del perfil del autor. El decano, nos dejó caer la necesidad de retomar el legado de los docentes maduros (que no viejos, sí mayores en experiencia) de sus inquietudes, y logros. Nos situó ante el perfil de aquel profesor comprometido que le movió la necesidad del cambio y la mejora educativa. Aprovechó la ocasión para retomar ese legado la renovación pedagógica apostando por recuperar esos modos de entender la profesión como compromiso, destacando lo importante que es divulgación y hacer transferencia, con nuestra participación, desde los medios de comunicación.
El segundo interviniente, Enrique García (profesor jubilado de Didáctica y exdecano de la facultad) llevaba todo bien atado, amarrado a sus vivencias personales y a la larga historia que nos une. Se lo había preparado a conciencia, trayendo los deberes hechos, con un buen argumentario que, además, plasmó en una magnífica entrada que publicó en su blog. Escuchándole, por momentos, me hizo rebobinar al anteayer, ese que nunca se olvida. Me hizo tomar conciencia de aquellas cuestiones que peleamos, por las que apostamos y que hoy siguen latentes, aunque ocultas en el baúl de los recuerdos, pero siguen vivas, entre la memoria y la nostalgia. Mi amigo Enrique tiene mucha facilidad para sacar derivaciones, semejanzas por su capacidad de hilar, como pudimos comprobar que sigue en su línea. Me encanta escucharle, ese sube y baja, como de cremallera, global y nada dogmático. Al plantear sus pareceres, a propósito del libro, y profundizando en esa comparativa entre nuestras vidas académicas, desde 1995,cuando nos conocimos en las Jornadas universitarias de Tecnología educativa, las JUTE.
La verdad es que, como dijo nuestro común amigo Juan Manuel Escudero, “…ya veo que no vas en vano a Zaragoza”. La ocasión estaba precedida por mi participación esa misma mañana, en una comisión de una plaza a Titular de Universidad, y puesto que tuve que esperar al día siguiente, para la vuelta, se me presentó la ocasión de promocionar el libro.
Mi intervención fue bastante diferente a como la había pensado. Venía dispuesto a seguir el modelo umbraliano de hablar de mi libro, lo llevaba birn esbozado con notas; sin embargo, cuando vi que el escenario no fue el de la mesa de siempre delante del público y nos colocamos, por el número de asistentes,en círculo, sentados al mismo nivel en sillas de pala, de cerca, abandoné mis notas y dirigiéndome a mis acompañantes, me lancé al ruedo hablando abonico, sobre mi libro dando pinceladas, a salto de mata, en primera persona, desde lo que siento, cuando escribo de algo que me preocupa.
Mi argumentario me hizo sacar aquello de la puntada y del hilo cuando decido escribir la columna. Les comenté que me dirijo a ese lector de la calle, que no académico, que no lleva la exclusividad del tema, que no tiene por qué ser docente. Me interesa el otro, el más generalista, ese que al leer piensa que la educación es social, cultura, está en la calle, también en la familia, en los grupos, en el ágora de los medios, en las noticias, en las columnas de opinión y resuena con distorsión en las redes donde crece la desinformación.
Aunque algunos dicen que la prensa no se lee, que ya ha dejado de comprarse en el kiosko, porque es verdad que son pocos los que leen prensa, y preocupante que en nuestro gremio se piense más en escribir papers en JCRque en leer diarios; siempre digo que quienes la leen distinguen el hecho, de la opinión, eligen a los firmantes y quieren conocer el posicionamiento que dan sobre una cuestión, su puntada.
Este compromiso sobre lo que uno escribe me plantea que hay que cuidar, y mucho, el contenido e hilar con sinceridad, siendo fiel a uno mismo, mejor con mesura, ponderación y no radicalizando posturas porque no favorecen la construcción de un pensamiento divergente. Mi recomendación es personal, me la hago cada vez que me pongo delante de la pantalla en blanco.
El coloquio abordó muchas más cuestiones, como las referidas al oficio, la profesión, también salió lo del del escaso reconocimiento y de la mala prensa, la incapacidad de haber logrado un pacto educativo que diera solidez a la educación del país. De igual modo salió esa sensación de nostalgia, algunos dijeron pesimismo, a lo que dije sentirme – aquello que copié de mi hija, María José , haciéndolo mío- “un pesimista esperanzado”.
Ante ello gunas colegas apostaron por mirar hacia adelante, no para atrás, sin dejar de olvidar que no podemos postergar la revolución de la esperanza, para combatir el desánimo.
Como el tiempo pasó, sin apenas darnos cuenta, llegó el momento de la despedida, deseando que en otro momento podamos encontrarnos, para la próxima vuelta a esta facultad luminosa que desprende una calidez insuperable, como su buena gente que nos acogiò.
Sin duda, ha merecido la pena pasar por Zaragoza, para hablar de educacion y encontrarnos con buenos docentes universitarios y encontrarnos con los amigos.