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Rubén García Bastida

La esquina doblada

La libertad y la palabra

Vox y el separatismo están de acuerdo en una cosa: quien no dice lo que quieren es el enemigo

De todos los mensajes que nos ha lanzado a la cara este 10-N, hay uno que provoca escalofríos: el creciente apoyo recibido por quienes abogan por disparar al pianista, y con silenciador si puede ser. Que no se entere nadie. Las urnas han reforzado dos corrientes opuestas que convergen en su desprecio al derecho a informar y a ser informado. Trump lo exhibió como algo de lo que sentirse orgulloso y España lo ha adoptado a la velocidad a la que solo se contagian los vicios. Sería una temeridad ignorar el silbido de las balas sobre la música. Muestra una degradación democrática incipiente.

Los comicios trajeron el crecimiento simultáneo de Vox y el separatismo catalán, dos polos ideológicos opuestos con más similitudes de las que pueden aceptar. En primer lugar, a ambos les beneficia electoralmente el tsunami del otro. La confrontación los aúpa. Y cuando a un colectivo le conviene la gasolina y a otro el mechero, siempre es mala noticia. Por otro lado, unos y otros comparten un problema de visión que, desde un punto de vista oftalmológico, habría que catalogar como miopía. No ven bien de lejos. Diría que hay más dioptrías en el bando independentista porque la nitidez se les termina más cerca, pero el problema es el mismo. Los dos entienden el mundo como un círculo cerrado, solo que de distinto diámetro. Pasado el límite de su agudeza visual, ambos imaginan monstruos. Unos los dibujan como ‘menas’ y otros como Estado. Aunque si hay que destacar algo en lo que realmente ambos convergen es en cómo han entendido la libertad de información.

Las imágenes de profesionales agredidos por los radicales en Cataluña no han dejado de ponerme los pelos de punta. A los zarandeos, escupitajos, lanzamientos de objetos e intimidaciones se sumó la pasada semana un básico en el armario de todo intolerante: la lista negra. Las calles de Barcelona amanecieron empapeladas con los rostros de varios profesionales a los que se señalaba como «terroristas de la información». Y de listas sabe también Vox, que vetó en los mismos días, casi de forma simultánea, a los compañeros de Prisa en sus actos, demostrando que los extremos se tocan. Durante la campaña también han amenazado con cerrar La Sexta entre constantes acusaciones de manipulación.

Hay quien piensa que tapando bocas apuntala razones. Las elecciones les han dado más fuerza y sería un error no otorgar a estas prácticas su verdadera dimensión. La libertad es como la palabra: si no se trabaja, se va perdiendo poco a poco.

@garciabastida

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Sobre el autor

Periodista en 'La Verdad'. Guardo un rincón para las cosas pequeñas en 'La esquina doblada'. En Twitter soy @garciabastida


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