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Joaquín García Cruz

Menuda política

Cien días con Diego Conesa

Puede que no sea un líder carismático, pero el nuevo secretario general de los socialistas se ha ganado en tres meses el respeto del partido, incluso por parte de quienes perdieron el congreso y se mantienen, aún, al acecho

Escuchar, escuchar, escuchar. Desde que ganó las primarias frente a la diputada María González Veracruz, el secretario general del PSOE ha conjugado el verbo escuchar por encima de cualquier otro, y esta inclinación inmanente a prestar atención es con certeza el santo y seña de su mandato en los cien días de luces y alguna sombra transcurridos desde aquel 30 de septiembre de 2017 en que Diego Conesa se llevó el gato al agua por 2.485 votos frente a los 2.265 de su adversaria, que parecía tener ventaja pero se quedó con el regusto amargo de una derrota inesperada y la sospecha de que la Comisión Ejecutiva Federal (CEF) se había entremetido en favor del alcalde de Alhama.

No es Diego Conesa un líder carismático al que no quepa discutir sus decisiones, pero la carencia de ‘sex appeal’ político se ve suplida en su caso por altas dosis de sentido común. El hálito que su trayectoria desprende al cabo de tres meses dibuja una estela de coherencia y de mucho trabajo, más que una personalidad fulgurante, de la que tampoco pueden presumir los otros mandatarios de la Región, todos los cuales adolecen por igual de lo mismo -la falta de unanimidad entre los suyos-, quizá porque acaban de salir del nido y no terminan de cuajar, o porque los caudillajes se acabaron con Valcárcel y esto es lo que hay.

La bisoñez hizo que Conesa se dejara ningunear por el palacio de San Esteban cuando el nuevo presidente de la Comunidad Autónoma lo puso a la cola, por detrás de Ciudadanos y Podemos, en su primera ronda de audiencias a los dirigentes de los partidos con representación parlamentaria. Y una imprudencia -error inhabitual en él- le llevó a hablar de ‘socialistos’ para referirse a sus antecesores en el PSOE, en lugar de decir, simplemente, lo que quería decir: que se acabó el tiempo en el que un grupo reducido de la Ejecutiva regional decidía por los afiliados. La adjetivación, más propia de contrincantes que de compañeros, era innecesaria y estuvo a punto de incendiar el ánimo de muchos de los militantes que habían perdido su apuesta por María González y se mantenían, leales, en el letargo orgánico. Ahí siguen, por cierto, a la expectativa de lo que haga el secretario general. La primera prueba de fuego está cerca ya. Las elecciones que las trece agrupaciones locales de Murcia celebrarán en abril para elegir una ejecutiva municipal permitirán saber si la mitad del partido que en septiembre arropó a la diputada (50,64% de los votos) decide ajustar cuentas, o no, con la otra mitad que prefirió a Diego Conesa (48,8%). Todo dependerá de cómo el secretario general aborde el proceso, cuyo diseño ha encargado al veterano José Ignacio Gras y al que María González no piensa -hoy por hoy- concurrir personalmente, pero para el que exige una solución de consenso que respete su mayor influencia en el municipio, la misma demanda que planteará cuando las primarias para confeccionar las candidaturas municipales de 2019 lleguen a Cartagena y Lorca, feudos también de la diputada y donde Conesa se ha anticipado ya a garantizar la continuidad de los actuales responsables socialistas, en una señal inequívoca de su deseo de contribuir a la paz interna.

El caso es que el PSRM está tranquilo, en parte por el agotamiento derivado de contiendas aún recientes que le entumecieron las ganas de pelea, pero también y en gran medida porque el secretario general se ha ganado su respeto, más allá de algunas consideraciones críticas, como que le falta genio político, que el partido socialista no termina de imponerse como líder que es de la oposición, acogotado por un protagonismo superior de Podemos y Ciudadanos en la Asamblea Regional, y que quien está llamado a disputarle la presidencia autonómica al PP todavía no le ha puesto a Fernando López Miras los pavos a la sombra con mensajes de calado que entusiasmen al electorado. Pero estas sombras no alcanzan a oscurecer los primeros cien días de Diego Conesa, en los que el PSOE ha hablado de agua más que en veinte años, sabedor de que el agua da y quita votos en Murcia y de que está en condiciones, ayudado por los estragos de la sequía, de cogerle la delantera al PP. Diego Conesa se ha reunido con antiguos responsables socialistas de agricultura como Fuentes Zorita y José Luis Albacete, ha estudiado el legado que dejó el malogrado exconsejero Antonio León, ha debatido la situación al detalle con los sindicatos de agricultores, los regantes del Trasvase y los exportadores de frutas y hortalizas, ha montado una conferencia abierta del agua, y del agua debatirá el Comité Regional en su próxima reunión del 10 de febrero, a la que Conesa ha invitado a todos los ex secretarios generales del partido para que también ellos colaboren en la reconstrucción de un programa socialista plausible en materia de recursos hídricos.

Escuchar, escuchar y escuchar. Más de ochenta reuniones ha mantenido en este tiempo el mandatario del PSOE con grupos de la sociedad civil, entre los que ha encontrado un fuerte desencanto con las políticas del PP en la Región (donde gobierna desde hace 23 años), y a los que ha dejado, por lo general, la impresión de un político abierto, congruente y capaz. La Ejecutiva federal ha situado a Murcia entre sus objetivos prioritarios de cara a la triple convocatoria electoral de 2019 (municipales, autonómicas y europeas), convencida de que esta es una de las regiones con más posibilidades de reconquista, y en las que Pedro Sánchez más se volcará también personalmente para empujar a su gente hacia el poder.

Los socialistas de su pueblo conocen bien la tenacidad de Diego Conesa y la exigencia que imprime a sus proyectos. La candidatura a las municipales de Alhama que ganó en 2015 se formó después de seis meses en los que todos los afiliados que aspiraban inicialmente a integrarla tuvieron que asistir cada sábado a clases básicas de formación y comprometerse a patear la calle para buzonear puerta a puerta la propaganda socialista; un cordón sanitario que alumbró, en opinión de Conesa, la mejor lista posible. A eso se refería el secretario general del PSRM cuando torpemente habló de ‘socialistos’: «¿Cómo va a ser lo mismo que todos los afiliados participen, trabajen y dispongan de idénticas opciones para salir elegidos que una decisión tomada desde arriba por unos pocos dirigentes?». De ahí también su empeño en restituir mediante primarias la agrupación municipal de Murcia, que la Ejecutiva anterior troceó para evitar reinos de taifas que resultaran ingobernables. Diego Conesa tiene una máxima para explicar su acusada devoción por hacer primarias para todo: «Mil doscientos compañeros tienen más posibilidades de acertar que media docena de dirigentes».

Lo de escuchar es casi una obsesión para Diego Conesa, que se apunta una sorprendente frustración personal cuando se le pregunta por lo peor de su gestión al cabo de estos primeros cien días: «Quizá no he escuchado lo suficiente».

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