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Joaquín García Cruz

Menuda política

La mala estrella del PSOE

El apoyo de Diego Conesa al relator que Pedro Sánchez aceptó para Cataluña puede convertirse para los socialistas de la Región en otro error que les quite votos, como les pasó durante años con el agua

Dos ensoñaciones alimentan las noches y los días de Diego Conesa. La primera es ganar en mayo las elecciones autonómicas para los socialistas, tras 28 años, que se dice pronto, de sometimiento al PP. La segunda, supeditada a la anterior, consiste en recuperar desde el palacio de San Esteban la buena imagen y el relato emocional que la Región se dejó en algún lugar de la historia reciente, por la corrupción, el agua y la endeblez de sus dirigentes.

Lo tiene difícil Diego Conesa. A la inercia perdedora que arrastra el PSRM desde la victoria de Carlos Collado en 1991, se une la eventualidad de que PP, Ciudadanos y (en caso necesario) Vox reediten el pacto andaluz y dejen a los socialistas sin opciones de gobierno, aun cuando estos pudieran resultar la fuerza más votada. Y ahora, para colmo, Cataluña. La contemporización de Pedro Sánchez con los independentistas se suma a las adversidades endógenas del candidato socialista y delegado del Gobierno, que acaba de añadir al saco de los contratiempos un error propio: alinearse con Sánchez en la aceptación de un relator para las negociaciones con los partidos catalanes que buscan la ruptura con España. Murcia es una región más españolista que autonomista, y podría pasar factura en las urnas por concesiones como esta, que tanta fuerza simbólica encierran. Susana Díaz lo pagó caro en Andalucía. Los mandatarios socialistas de Castilla-La Mancha, Aragón y Extremadura se han desmarcado públicamente de Pedro Sánchez y rechazado sin dudarlo la figura de un relator, y otros barones lo hacen en privado. Alfonso Guerra se pregunta si estamos en Yemen o Burkina Faso, y Felipe González denuncia que ocurrencias así «degradan las instituciones». No se trata de una confrontación entre derechas e izquierdas, por más que de esta forma lo hayan interpretado también en Twitter algunos altos cargos del PSRM. Lo que se transmite es firmeza o debilidad frente al independentismo, y Diego Conesa saltará a la arena dentro de cuatro días con la intención de ganarse la confianza de las urnas y sacar del purgatorio a los socialistas. Le faltó tiempo al PP para agarrarlo por el cuello: «El delegado del PSOE, Diego Conesa, se pliega al chantaje y esto avergüenza a los murcianos». (Miguel Ángel Miralles, secretario general de los populares). Bien podría haberse pronunciado Conesa en sintonía con Page, Javier Lambán, Fernández Vara y Ángel Gabilondo, pero apostó por situarse junto al presidente del Gobierno, y eso le costará cuando menos tener que dar muchas explicaciones; y lo distraerá de una campaña que ya tenía engrasada con el doble objetivo de recuperar el poder autonómico y la buena imagen de la Región. Quizá lo ha hecho porque es un político de convicciones. Lo demostró al posponer la llegada del AVE a Murciacon el fin de satisfacer a los barrios del sur, que exigían prioridad para el soterramiento, aun sabiendo que en muchos otros caladeros electorales de la Región más pródigos en votos no se entendería que consintiera un retraso evitable de la alta velocidad.

Al PSRM-PSOE le asoma nuevamente su mala estrella, esta vez por el cielo de Cataluña, y a Diego Conesa todo esto le coge a trasmano. El candidato se había preparado para reconquistar el favor de los votantes un plan que pivota sobre dos prioridades muy queridas de los socialistas: el empleo decente, así llamado, y las políticas de igualdad, compromisos ambos que recoge la Agenda 2030 de la ONU, simbolizada por el pin circular de colores que Diego Conesa y Pedro Sánchez lucen estos días en la solapa, casualmente el mismo que el equipazo de ‘Campeones’ mostró en la gala de los Goya.

Cuando llegara al poder, si llegara, al candidato socialista le gustaría aplicar en Murcia estos objetivos de Naciones Unidas (fin de la pobreza, hambre cero, igualdad de género, energía no contaminante, y así hasta diecisiete), mezclados con otros propósitos más de andar por casa, consciente de que la cita de mayo será más un cuerpo a cuerpo que un debate de grandes ideas, pese a la interferencia catalana. Tiene apuntado en su agenda de campaña, por ejemplo, un plan de choque en las carreteras secundarias, de las que pone como paradigma de su urgencia la que une Alhama y Pliego por Sierra Espuña, escarpada y sinuosa y un hándicap innegable para el potencial turístico de la zona que recorre. Un gobierno de Diego Conesa encargaría a «un referente moral» de la Región que aceptara un alto comisionado contra la desigualdad, constaría de nueve consejerías (una menos que ahora), rebajaría un 25% el coste y el número de los asesores, duplicaría los presupuestos («muy bajos») que el PP destina a la cultura y el deporte, fusionaría Función Pública y Transparencia en un solo departamento, y –atención– agruparía posiblemente Medio Ambiente y Salud en una macroconsejería desde la que el Servicio Murciano de Salud (SMS) giraría la mirilla para cuidar mejor de la atención primaria y la medicina preventiva.

El gobierno de Diego Conesa incorporaría a independientes (a diferencia de la candidatura del PSOE, que se nutrirá solo de afiliados) e impulsaría en lo posible las buenas intenciones de la Agenda 2030 para hacer de Murcia una región sostenible, de mejor imagen y más igualitaria, una comunidad como la que idealiza el delegado del Gobierno, a quien las concesiones vergonzosas de Pedro Sánchez, y la lealtad que Conesa le profesa con sus palabras sobre Cataluña, le quitan estos días el sueño –estoy seguro–, y ya se verá si también los votos.

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