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Miguel Rubio

Microhistoria(s)

Murcia versus Córdoba

La capital murciana tiene una asignatura pendiente con su patrimonio islámico. Varios expertos consultados lamentan que, ni antes ni ahora, se ha apostado por poner en valor el pasado musulmán de Murcia, mediante un plan de actuaciones, consensuado y a largo plazo, que fije los objetivos y el calendario de los trabajos a seguir. Porque esta parte de la historia puede convertirse en el pilar que le falta a la ciudad (el otro es su etapa barroca, a la que sí se le ha sacado partido) para apuntalar su despegue como destino turístico. El arqueólogo Mario García Ruiz, que ha dirigido la excavación de una vivienda andalusí en la calle Jabonerías, entre otros proyectos de investigación, está convencido de que Murcia dispone de recursos para competir con Granada, Málaga, Sevilla o Córdoba. “Existe mucha riqueza, pero está aislada o no se ha abordado su explotación”, indica.
El problema no es solo que queden monumentos por recuperar, como el conjunto defensivo y palaciego de Monteagudo, por no hablar ya del arrabal de San Esteban. Otra cuestión pendiente se refiere a que los hitos rehabilitados aparecen en el mapa como ‘islas inconexas’, esto es, no hay diseñada una ruta que conduzca al visitante por la ciudad y lo transporte a esa época, que arrancó con el pacto de Tudmir. Porque no basta con que el turista se acerque a la plaza de Santa Eulalia para hacerse una idea de la imponente muralla que protegió la urbe durante siglos; también debería saber que en su camino hasta, por ejemplo, el mercado de Verónicas, está cruzando el antiguo zoco, con el alcázar bajo la iglesia de San Juan de Dios, la mezquita mayor en los cimientos de la Catedral y la puerta de la Aduana, por donde entraban y salían las mercancías, junto a la citada plaza de abastos.

Restos del antiguo alcázar de Murcia, en la iglesia de San Juan de Dios. / G. CARRIÓN

Quizás el primer paso que debería darse sería abrir un centro de interpretación accesible (en alguno de los espacios ya recuperados; podría ser Santa Eulalia, por ejemplo, pero, también el museo de Santa Clara) que ofrezca una visión completa de la Murcia musulmana y que, a la vez, sirva de lanzadera para orientar a los turistas acerca de hacia dónde encaminar sus pasos si quieren conocer más detalles de este patrimonio. Y no solo por la vieja medina, también por la huerta, que guarda entre sus tahúllas algunas perlas etnográficas, y por la estribaciones de la sierra de Carrascoy, con su cinturón de fortalezas de la Luz, La Asomada y Portazgo. Al-Qartayyanni dejó escrito de aquella Murcia que “todos los placeres se daban cita en ella […] Todo el tiempo era una fiesta continua; las noches, como noches de bodas; la vida, un ensueño perpetuo”.

Nuestro patrimonio cultural en pequeñas dosis

Sobre el autor

Mazarrón, 1967. Periodista de 'La Verdad' y guía oficial de turismo.


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