Parece mentira que, veinticinco años después del hallazgo de los barcos fenicios de La Isla (Mazarrón), todavía no se sepa a ciencia cierta qué más tesoros arqueológicos pueden permanecer aún hundidos en esta playa. Así que la prospección que se ha comprometido a acometer el Ministerio de Cultura, según se acordó en una reunión mantenida con el Ayuntamiento y la Comunidad Autónoma, seguro que arrojará más de una sorpresa para el patrimonio subacuático de la Región. En principio, la tarea principal será confirmar si existen más naves de la misma época bajo el lecho marino, como creen algunos expertos. La hipótesis que se baraja es que un temporal pudo sorprender a toda una flotilla y que las olas terminaron por mandar a pique las naves, cargadas hasta arriba de mineral.
El futuro del yacimiento de La Isla (tampoco se entiende cómo ha tenido que pasar un cuarto de siglo para que se declare bien de interés cultural) afronta una semana decisiva. En los próximos días, los técnicos de Protección del Patrimonio Histórico deben perfilar los detalles de ese estudio, como, por ejemplo, la superficie a abarcar en la exploración y los medios humanos y técnicos necesarios para los trabajos. Será entonces cuando el Ministerio podrá redactar el correspondiente proyecto y preparar la adjudicación de los trabajos, cuya ejecución requiere de los conocimientos de empresas especializadas. De forma paralela, las tres administraciones deben poner en marcha una comisión de expertos encargada de arrojar luz acerca de qué hacer con el barco fenicio que se conserva, ya excavado, dentro de un arcón metálico. Hasta ahora se han barajado dos posibilidades: extraerlo y exponerlo en seco en un museo o construir una urna de hormigón y cristal para mostrar la nave ‘in situ’.
El mayor problema es que el tiempo corre en contra. Las alarmas se han encendido tras el aviso lanzado por el Ayuntamiento: la brusca transformación que sufre la playa de La Isla está provocando una elevación del pecio. Y si cuando se descubrió estaba a cuatro metros de profundidad, ahora solo queda poco más de metro y medio de agua por encima, lo que supone un peligro añadido para la conservación de este bien tan frágil.
Independientemete de la decisión que se adopte, da la impresión de que, por fin, las tres administraciones empiezan a remar en la misma direccióbn. Y, además, están de acuerdo en que, como en una casa, lo primero es empezar por los cimientos, esto es, saber qué restos quedan en la zona, para después abordar su puesta en valor. Es más, la prospección arqueológica puede despejar el camino de cara a otra asignatura pendiente para Mazarrón: la regeneración de esta playa urbana de la que tantos buenos recuerdos conservan miles de vecinos y turistas, que la conocieron en sus años de esplendor.