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Miguel Rubio

Microhistoria(s)

El mazarronero Gómez Jordana

La Real Academia de la Historia recibirá una carta con una petición formal para que proceda a corregir un olvido: que en su ‘Diccionario Biográfico’ añada que el militar y alto comisario de Marruecos Francisco Gómez Jordana (1852-1918) nació en Mazarrón. La misiva tendrá como remitente al Consistorio mazarronero, en cumplimiento a una moción de la concejal de Ciudadanos, Agustina Ruiz Martínez, aprobada por el Pleno. La iniciativa obtuvo el respaldo unánime de la Corporación, algo poco común en las sesiones, cuando se cumple el centenario de la muerte de este teniente general que impulsó las bases del protectorado de España en Marruecos. Gómez Jordana falleció de un infarto en su despacho de Tetuán. Él conocía muy bien la extrema debilidad de su corazón y quiso abandonar la pesada responsabilidad del cargo que ocupaba, pero desde Madrid le pidieron que continuara un poco más. Fiel a su compromiso y a su espíritu castrense, cumplió las órdenes, aunque, probablemente, esas instrucciones acabaron por acortar su existencia.

Francisco Gómez Jordana no solo destacó por su destreza en la táctica militar, como demostró en distintas batallas y refriegas que le valieron reconocimientos y ascensos. También promovió la reforma del plan de enseñanzas de la Academia de Caballería y publicó varios libros, entre ellos, uno de balística. Durante su estancia en Tetuán, transformó la ciudad: creó una academia de árabe, reformó las instalaciones portuarias, puso en marcha escuelas infantiles y fundó un ateneo. En definitiva, fue un hombre preocupado por su entorno y estableció lazos cordiales con las comunidades locales. Uno de los barrios de esa ciudad todavía hoy lleva su nombre.

Tumba de Gómez Jordana, en Tetuán. / J. M. A.

Tumba de Gómez Jordana, en Tetuán. / J. M. A.

Mazarrón, su “querida e inolvidable patria chica”, como él mismo calificó al pueblo que le vio nacer, ya le rindió un homenaje en vida, nombrándole Hijo Predilecto y encargando un cuadro para decorar la sala capitular de las Casas Consistoriales. A su muerte, el Ayuntamiento también contribuyó con un donativo a levantar el mausoleo donde recibió sepultura, en Tetuán. Ahora, cien años después, se le vuelve a recordar gracias a la edil Agustina Ruiz y a la sensibilidad mostrada por todos sus compañeros de escaño. La propuesta aprobada por la Corporación recoge también dedicar un ciclo de conferencias a la figura del militar mazarronero e impartir charlas en institutos y colegios para acercar su vida a los estudiantes. También, el Ayuntamiento se propone impulsar la publicación de un libro con la historia de los hijos ilustres de la villa, para que no caigan en el olvido. Ojalá que todo esto no acabe guardado en un cajón.

Nuestro patrimonio cultural en pequeñas dosis

Sobre el autor

Mazarrón, 1967. Periodista de 'La Verdad' y guía oficial de turismo.


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