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Miguel Rubio

Microhistoria(s)

La misteriosa tumba del escribano Povo

Con permiso de Norberto Morales Gallego (1887-1905), cuya tumba adornada con dragones está envuelta en misterio, la sepultura que mayor interés despierta en el cementerio de Mazarrón, por su estilismo y por las incógnitas que guarda, es el panteón de Francisco Povo y su esposa, de principios del siglo XX y atribuido al maestro del modernismo Víctor Beltrí. Según el investigador Guillermo Cegarra Beltrí, descendiente del famoso arquitecto, el mausoleo es una joya del patrimonio funerario ya que conjuga tres tendencias artísticas: neoegipcio, art nouveau y secesión vienesa. No hay nada igual en ningún otro cementerio. Ese derroche decorativo en la fachada contrasta, sin embargo, con la desnudez del interior, que solo contiene tres lápidas de mármol en el suelo para otros tantas sepulturas y de las que solo una (la del centro) está ocupada.

Apenas se conocen datos de la vida de Francisco Povo Rodrigo. Se sabe que fue escribano de justicia (algo así como un notario), por lo que tuvo que ser una persona culta y conocedora de las corrientes y modas del momento. Trabajó en Mazarrón, aunque su carrera profesional le llevó a Cartagena y La Unión, que por entonces también vivían un ‘boom’ gracias a la minería. Hay quien sugiere que Povo simpatizó con la masonería por las cruces templarias (uno de los muchos símbolos de estas fraternidades) que lucen en la portada de su panteón. Son tres (otra vez ese dígito: tres estilos artísticos, tres sepulturas), un número que haría referencia a los mundos en los que creían los masones: el físico, el espiritual y el intelectual.

Puede que esos elementos se colocaran por encargo expreso de Povo y que fuera la única instrucción que le diera al arquitecto. Cegarra Beltrí cree que el proyectista tuvo plena libertad para diseñar la obra funeraria. Probablemente eso no lo sabremos nunca. Ni tampoco por qué encargó este sepulcro en el que, al final, no fue inhumano. Ni él ni su esposa, Matilde Paredes Raja. Solo la única hija del matrimonio, Ignacita, descansa allí. Todo apunta a que el panteón se hizo pensando en un homenaje póstumo a la niña. Falleció en 1906, con solo 12 años, y recibió sepultura en La Unión. En 1911, su padre compró la parcela destinada al mausoleo en la necrópolis de Mazarrón y en 1921 los restos de la niña son trasladados allí. ¿Y qué fue de Francisco Povo? ¿Dónde acabó sus días? ¿Por qué no fue enterrado junto a la menor?

Fachada del panteón de Francisco Povo, con las cruces templarias.

Fachada del panteón de Francisco Povo, con las cruces templarias.

He seguido su rastro y, gracias a la ayuda de una funcionaria del Ayuntamiento de La Unión, conseguí algunas respuestas. Si quieren saber cómo acaba esta historia, el jueves 25 de julio les acompañaré en una visita cultural por el cementerio de Mazarrón. Es gratuita y las inscripciones pueden hacerse ya en el siguiente enlace http://www.visitamazarron.com/es/ruta-cultural-el-cementerio-de-mazarron-arquitectura-historia-y-personajes-de-un-cambio-de-siglo-25-de-julio-de-2019  Una nueva oportunidad para adentrarnos en esta ciudad de los muertos, inaugurada el 5 de junio de 1900, y realizar un recorrido por la arquitectura, las corrientes artísticas, la historia y los protagonistas de unos años, a caballo entre los siglos XIX y XX, que se corresponden con la época dorada de la minería.

Sepultura de Ignacita Povo Paredes.

Sepultura de Ignacita Povo Paredes.

Nuestro patrimonio cultural en pequeñas dosis

Sobre el autor

Mazarrón, 1967. Periodista de 'La Verdad' y guía oficial de turismo.


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