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La rueda del hámster

Hace siete días decía que las negociaciones postelectorales evocaban el título y la trama de ‘Mucho ruido y pocas nueces’. Pero todo se precipitó en la última semana sin que la política regional perdiera esa particular dinámica teatral que acompaña a la nueva cultura de los pactos. Solo hay que cambiar el «no me traigan más noticias. ¡Que deserten todos!», que gritaba Macbeth, por un «¡que dimitan todos!». Primero se inmoló el delegado del Gobierno. Y luego se achicharró el alcalde Cámara en la hoguera de los imputados. Salvo sorpresa, el camino a San Esteban está expedito hoy para el PP, aunque la victoria autonómica les sabrá agridulce porque en la batalla municipal arrasó ayer la izquierda. Veintidós alcaldes para el PSOE y dos para IU frente a dieciocho del PP. Con solo 3.200 votos más que en 2011, los socialistas han multiplicado por cinco su poder municipal, en parte por el apoyo de Podemos en 14 municipios. También fue clave Ciudadanos, que se han erigido en los modernos Graco que con su llave abrieron el candado de las medidas de regeneración democrática. De haberlas adoptado en su día, quizá el PP habría conservado su mayoría absoluta. Pero Valcárcel despreció esos deseos, expresados a través de este periódico desde hace más de tres años por la plural sociedad civil. Igual pensó, desde su universo paralelo y pre-copernicano, que era una invención de ‘La Verdad’ que le quería ser impuesta para amargarle el retiro, y no un clamor real. Ahora llega el trágala para el PP y la duda para el resto de si Cámara y Bascuñana seguirían hoy en sus cargos de haberse alcanzado los 23 escaños.

Pedro Antonio Sánchez, que consumó lo inevitable esta semana, pese a todas las resistencias internas, solo podrá redimir a su partido de su desconexión social si los principales puntos del pacto con Ciudadanos se plasman en leyes de obligado cumplimiento, al igual que hizo Garre con la limitación de mandatos. La salud democrática no puede depender de la generosidad de los políticos, como beatíficamente apunta Garre, sino de responsables cortafuegos en la vida interna de los partidos y de normas consensuadas entre todos para poner coto a las conductas contrarias a la ley y a la ética cívica. No habrá estado de derecho posible ni mayor calidad democrática sin respeto, sin fisuras, al principio de legalidad, transparencia, rendición de cuentas y liderazgo ético.

Con su precaria mayoría en la Asamblea, el PP encara tiempos complicados. Ya en la noche del escrutinio se les puso la carne de gallina a algunos que, más preocupados todavía por los cajones que por los sillones, alumbraron la idea de nuevas elecciones a sabiendas de que se avecinan comisiones de investigación sobre el aeropuerto, la desaladora de Escombreras… Parece que imperó la cordura. El PP se equivocaría otra vez si no asumiera el reto de la gobernabilidad con el reparto de fuerzas salido de las urnas. También la oposición tropezaría si sus esfuerzos en los próximos meses se centran en un ajuste de cuentas. Es importante saber lo ocurrido con Corvera, Escombreras,… pero también consensuar qué hacer a partir de ahora con esa explosiva herencia. La Región está encaramada a la rueda del hámster, moviéndose por inercia pero sin un avance real. Existe un problema urgente, la sostenibilidad financiera de la Comunidad, aunque los partidos pasaron de puntillas en la campaña porque ensombrecía la credibilidad de sus promesas. La cifra de la deuda pública del primer trimestre habla por sí sola: 7.214 millones. A corto plazo no habrá nuevo modelo de financiación ni garantía de que el próximo sea mejor para Murcia. Ni el PP podrá convertir a la Región en la comunidad con menos impuestos ni todos los planes de choque de PSOE, Podemos y Ciudadanos son factibles con el estado de las arcas autonómicas. ¿Para cuándo un pacto de buena gobernanza de los escasos recursos públicos?

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Las claves de la actualidad analizadas por el director editorial de La Verdad

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