La opinión de los habitantes de la Región de Murcia, reflejada en los resultados del barómetro del Cemop publicados por ‘La Verdad’, suscita numerosos elementos para la reflexión. El hecho de que ningún líder político apruebe en valoración ciudadana, incluido el presidente Valcárcel, que suspende por primera vez, refleja nítidamente que el desafecto hacia la clase política se encuentra en su punto más álgido y alcanza de lleno al partido que gobierna la comunidad autónoma de manera hegemónica desde 1995. La larga y profunda crisis pasa factura al PP regional, que pierde 20 puntos en estimación de voto respecto a las autonómicas de 2011, y al Gobierno de Valcárcel, cuya gestión es calificada como mala o muy mala por la mitad de los encuestados. El barómetro deja en posición delicada al Ejecutivo autonómico porque el ajuste del gasto público produce un veloz desgaste que no se frenará hasta que la población perciba la salida de la crisis. Y ahora, sin perspectivas inmediatas de mejoría económica, el Ejecutivo autonómico se enfrenta al ineludible recorte de otros 250 millones más para cumplir el déficit de 2013, a sabiendas de que esa nueva vuelta de tuerca agravará el desplome de su respaldo popular. Queda como único consuelo para los populares que el PSRM saca un modesto provecho de la situación, a diferencia de IU y UPyD, que casi duplican y triplican, respectivamente, sus expectativas electorales por la erosión de los dos partidos que han tenido responsabilidad de gobierno a nivel nacional. El PP basa toda sus esperanzas en el inicio de la recuperación económica antes de los próximos comicios frente a las expectativas del resto de partidos, que confían en consolidar sus posiciones ascendentes en los próximos dos años. La creciente fragmentación que muestra esta foto fija de la opinión pública regional, realizada a finales de enero, no puede desligarse del panorama nacional, marcado por registros históricos de paro y convulsionado por los casos Bárcenas, Urdangarin, Blanco y el del espionaje entre las formaciones catalanas. Otro evidente factor determinante es la labor de un Gobierno regional que apenas ofrece esperanzadoras noticias, más allá de los datos de exportación del sector agroalimentario, y que proyecta una imagen de verse desbordado por las circunstancias. Peor parada sale incluso la tarea de oposición de los socialistas. Analizada en su conjunto, la encuesta evidencia que está al rojo vivo la desconfianza en los grandes partidos y da idea de la gravedad de la brecha entre los ciudadanos y sus dirigentes. Los políticos yerran si piensan que su credibilidad volverá cuando soplen vientos de crecimiento económico. Los árboles les impiden ver el bosque de una crisis mucho más profunda, que puede conducirnos a problemas de ingobernabilidad como los que hoy vive Italia, pero que España, por su diferente modelo político y económico, nunca se podría permitir.