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Sargento Emilia

Viva la Morenica

Como policía me resulta enternecedor ver a los vecinos acudir todos los años a la romería de La Fuensanta, para acompañar a la Morenica hasta el santuario. Sé que los guays, los que están convencidos de estar en posesión de la verdad, o muchos jóvenes, que se creen inmortales, no lo pueden entender. Pero ese día, en el que se mezcla superstición y religión, los vecinos suelen confesar emocionados que asisten todos los años  al evento o que han hecho una promesa a la que no pueden faltar, si quieren contar con la protección de la Virgen. En ese evento las mujeres se empoderan, convencidas de que tienen una misión. Con su sola presencia, se proponen salvaguardar la seguridad, la salud y la prosperidad de todo la familia.

Ese fervor religioso, que contagia también a ateos, pecadores y católicos no practicantes, es aprovechado por los políticos, que no dudan en intentar sacarle partido a dicha devoción.
A pesar de que se repita año tras año, puede resultar un tanto anacrónico ver a esas Autoridades caminar en lugar preferente, detrás de la imagen de la Fuensantica. Pero el año pasado alguien decidió que debían convertirse en protagonistas en el encuentro de la Virgen de los Peligros y la Virgen de la Fuensanta, en lo alto del Puente Viejo.

Como ciudadana, este encuentro me parece legítimo  si parte de una decisión de las Autoridades eclesiásticas, pero me chirría a partir del momento en el que se monta un temerario dispositivo policial para satisfacer el histrionismo de los ediles. Acompañados de fanfarria, pretendieron convertirse en porteadores de la Virgen para mayor gloria de sus señorías y en loor a multitudes. Todo un espectáculo que a punto estuvo de terminar en tragedia.

Imagínense el pobre puente viejo, obstaculizado por un arco floral de cartón piedra, lleno de romeros que empujaban enfervorecidos desde la zona del antiguo hotel Victoria y en esta ocasión también desde el barrio del Carmen.
Las autoridades se habían situado en el centro del puente, cercadas por más de veinte policías que debían – o ilusos – contener el empuje de una masa festiva, que en su mayoría desconocía que la comitiva se iba a detener en el puente, para ese minuto de música de banda y gloria de los mandamases.
El terror se apodero entonces de muchos romeros, de algunos policías, músicos y también políticos, que se vieron estrujados por una masa multitudinaria imposible de gestionar y que responde a sus propias reglas que, desde luego, escapan a la voluntad política.
Cuando después de unos minutos de histeria, se impuso la cordura, el cortejo, casi de forma milagrosa, pudo proseguir su camino hacia la iglesia del Carmen. Poco a poco se fue deshaciendo la barricada de ciudadanos indignados que no entendían lo que había ocurrido. Algunos, a punto de saltar al río para escapar de la asfixia, se fueron a casa aterrados por la experiencia vivida y otros, después del pánico experimentado, sufrieron ataques de ansiedad.

Maldita política que no respeta nada. Maldita propaganda que es capaz de vender humo y contaminarlo todo, incluso lo más sagrado para muchos.

Versión policial

Sobre el autor

Sigo con mi "Versión Policial" en un intento por destripar una realidad urbana que el ciudadano en ocasiones apenas intuye. Con "Ficción Literaria" les hago partícipes de mis devaneos con la escritura. Más en mis blogs: Sexo Exprés y Stop Bullying


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