“¡Señora! Si yo no le hago daño a nadie. Mire, yo me coloco en mi casa, bueno en la casa que me ha dado mi padre. Pero siempre cuando estoy a solas porque mi mujer me abandonó y no quiso tener hijos. Para mi la disciplina es sagrada. Me compro mi gramo de coca , mi botella de whisky y me instalo en el sillón. Y ahí tranquilo, sin molestar a nadie, me paso toda la tarde frente al televisor viendo porno. A mi me gustan las mujeres exóticas. ¿Sabe Usted? Negras, brasileñas me da igual. Las exóticas son las que me ponen. Y ahí voy. Pin, pan, pin, pan, yo a lo mío, siempre con disciplina. Un trago de Juan el caminante, una raya y a disfrutar.
¿Dígame en qué le puede molestar eso a mi padre? ¿Qué, de cuando en cuando, le pido perras para mis vicios? Si. Pero que soy su hijo ¡oiga! y además hijo único. Y tampoco le pido tanto. ¿Sabe Usted? Cuando no se da cuenta le siso dinero de la caja registradora de su negocio y ni se da cuenta. Así que todos contentos: yo voy acumulando monedas para mis cosas y el trabajando en su tienda de toda la vida. Cada uno lo que le gusta ¿No, señora. Cómo lo ve?”