Había seleccionado a dos chicas que habían llegado a la discoteca solas. Después de invitarles a beber, sin resultado, el encargado y dos de los porteros del garito empezaron a tocarlas, a intentar agarrarlas de la cintura, a acariciarles la espalda y a sujetarlas del pelo, mientras insistían en que se tomaran un trago con ellos. Cuando las chavales lograron escabullirse de sus acosadores, decidieron ir a refugiarse en los lavabos. Los madelmen, de pantalones ceñidos y estética paquetera, las siguieron hasta los aseos y se apostaron en la puerta, hasta que salieron. Entre los tres, las sujetaron con fuerza para encerrarlas bajo llave en una habitación. Los abusadores pensaban esperar a que la discoteca se desalojara para poder jugar un rato con las chicas. Pero una de las mujeres había conservado su teléfono movil y pudo llamar a la policía.
Cuando fueron rescatadas y el encargado interrogado, el impresentable alegó que, ya que los padres no sabían educar a las chicas de ahora, él se había propuesto darles una lección, para que dejaran de ser tan putas.