Nos preguntan por qué no nos gusta Francia cuando, en verdad, tendrían que preguntarse por qué tenemos nosotros la impresión de que Francia no nos quiere. Hemos nacido y crecido entre dos mundos, entre dos banderas, entre dos historias que nos han acompañado, con el corazón partido, pero nunca dividido. Yo quería este país incluso antes de saber hablar, amaba sus calles, sus escuelas, mis recuerdos infantiles, mis amigos, mis vecinos e incluso los sueños de Francia. Cada vez que daba un paso, venían a recordarnos que no éramos de allí. Mirábamos a nuestra selección de futbol, con estrellas en los ojos pero, bajo los proyectores luminosos, volvían siempre los mismos debates, que si somos o no franceses.
No odiamos a nadie. Solo queremos tener el mismo lugar, la misma mirada que los demás, sin tener que demostrar que formamos parte de la historia de Francia y que deseamos ser de los vuestros. Porque no queremos tener que elegir entre dos puertas, queremos amar sin tener que justificarnos, sin oír, que no estamos suficientemente integrados. Por eso, a veces el silencio es más poderoso que las palabras. Aunque hagamos un esfuerzo, las heridas se quedan, pero a pesar de todo y a pesar del dolor, Francia se mantiene en nuestro corazón.
¿Cuántas veces hemos asistido a polémicas y discusiones, que cuestionan las cualidades y las carreras de nuestros jugadores? Los convierten en símbolos, a pesar de que ellos sólo quieren darle felicidad a su público.
En medio de todo ello, seguimos buscando nuestro sitio en este bello país. No acusamos al pueblo, la mayoría rechaza el odio, los insultos y las divisiones, pero el ruido de los extremistas tapa la razón. Cuando los azules salen al campo, en el fondo de nuestro corazón , brota una emoción, que algunos no quieren confesar, porque ese equipo representa a esa tierra que nos ha visto crecer, que nos ha hecho caer y que nos ha ayudado a levantarnos. Aunque algunos nos quieran enfrentar, no podrán evitar la mezcolanza de nuestras historias.
Quiero vivir, sin tener que llamar a todas las puertas, sin tener que explicar unos orígenes, que no tienen por qué impedirme avanzar. Tal vez, algún día, se pueda entender que podemos amar dos realidades al mismo tiempo, Argelia en la sangre y Francia en el presente. Y sin tener que elegir entre el corazón y el porvenir.
Cuando los políticos se radicalizan, los artistas intentan poner cordura. Bien por este cantante DZN 93, que lo está petando, con esta canción, en Francia.