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Sargento Emilia

Mujer y policía

Tú propones iniciativas, en la policía, como en otras muchas administraciones, y todos se ríen. A la larga, todas esas propuestas se llevan a cabo, cuando pasa el tiempo suficiente, para que se olviden de que esas ideas las propuso una mujer.
Cuando todavía se trabajaba con bolígrafo y papel, llené una dependencia municipal, de la policía local, de ordenadores viejos, desechados por otros servicios. Me dijeron que perdía el tiempo, que los policías eran demasiado tontos, para utilizarlos. Dos años después, con el salto tecnológico, todas las dependencias dispusieron de uno.
Cuando volví de Madrid, de un curso de defensa personal, les diré que soy cinturón negro de judo para que me tomen en serio, expliqué, en una reunión, que había que dotar a los policías de defensas extensibles y grilletes rígidos, para ser más, eficaces. Todos se rieron. Mi jefe me preguntó si es que me había aficionado a los gadgets sexuales. Diez años después, se empezó a cambiar el material.
Desde finales del siglo pasado, insistía en que Murcia podía convertirse en puntera, gracias a la organización de jornadas sobre mujeres policías, donde poder contar nuestras propias experiencias y dificultades. Se burlaron, diciendo que éramos una minoría y que eso no le interesaba a nadie. Ahora, casi 30 años después, sacan barriga organizando congresos en femenino.
Al terminar la carrera de Psicología, allá por los años 90, en una reunión de trabajo, sugerí la necesidad de crear un grupo de mediación, que evitará la apertura, automática, de múltiples expedientes disciplinarios a los policías. Se burlaron de mí, llamándome Santa Teresa de Calcuta. Veinte años después, no habían entendido nada, intentaron implantar, con escasos resultados, la mediación vecinal.
Acostumbrada a ir a actos protocolares militares, sugerí, en una reunión de mandos, que para fomentar la cohesión de grupo y el sentimiento de pertenencia, se tenía que conseguir que el acto del patrón de la policía fuera más participativo. Propuse que se organizara un homenaje a los caídos, aprovechando que varios compañeros, recientemente, habían muerto en acto de servicio. Se rieron y me dijeron que era una peliculera, que los policías no iban a la guerra y que no morían en acto de combate. Dos años más tarde, se organizó el primer acto del patrón, con un homenaje a los caídos.
Les dije, entonces, que la música enlatada no valía, que era imprescindible, que los policías, en formación, cantarán el himno: la muerte no es el final. Se burlaron de nuevo. Al parecer, resultaba imposible que los policías se prestaran a ello y no desentonaran. El año que me marche de la empresa empezaron a cantar.
En la formación, de los policías de nueva incorporación, se propuso un sistema de role playing, en algunas clases, para que todo no fuera legislación, y que estos pudieran anticipar y saber resolver las situaciones planteadas, con el ejemplo. Se burlaron de mí, me tacharon de teatrera.
También propuse, por escrito, que se grabara tutoriales, con novedades legislativas, para que cada policía pudiera actualizarse a voluntad, sin perder tiempo en las aulas. Pero creo que estas últimas iniciativas nunca se llevaron a cabo, porque no rentan en los medios de comunicación.
Para terminar, les diré que no tengo nada que ver con lo de los caballos, para el servicio policial. No soy megalómana y no me gusta el derroche de los recursos públicos. La policía no debe trabajar, solo para seducir a la opinión pública, si quiere ser eficaz.

 

 

Versión policial

Sobre el autor

Sigo con mi "Versión Policial" en un intento por destripar una realidad urbana que el ciudadano en ocasiones apenas intuye. Con "Ficción Literaria" les hago partícipes de mis devaneos con la escritura.


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