Los tiempos han cambiado. La empatía y la compasión, no pueden convertirse en debilidades. Y la solución no es el odio y el miedo.
Nuestra civilización occidental no puede seguir aplicando estas virtudes sin racionalidad, sin sentido de la responsabilidad, sin tener en cuenta las consecuencias y sin límites.
A pie de calle, habrá que abandonar, de una vez, estos debates inútiles, donde los diferentes bandos intentan sacar partido para llegar al poder, mientras la ciudadanía, que no se ha dejado abducir, empieza a percibir la inutilidad y la falta de visión de los políticos. Guste o no, es hora de que los países europeos lleven a cabo cambios legislativos y estratégicos, con el continente africano.
Esquilmar al continente negro, sin contrapartidas para sus habitantes y seguir pagando a los insaciables sátrapas, que gobiernan en sus diferentes países, ya no puede sostenerse.