A veinte kilómetros de Níger, las autoridades argelinas están trasladando, al desierto, a miles y miles de migrantes. Bajo un calor asesino, hombres, mujeres y niños son abandonados, sin ningún avituallamiento. La arena se convierte así en un tribunal, que no distingue entre buenos y malos.
A todos los sádicos que, después de lo de Ceuta, saturan las redes con un odio, que ensucia nuestra bandera, seguro que les parecerá una buena solución. Ahora los gobiernos democráticos, que llevan años negando los problemas de la no integración y que son incapaces de adoptar medidas para mejorar la convivencia, quieren construir aparcaderos humanos, para que otros países contengan a los migrantes, sin necesidad de garantizar derechos. Se augura que estos aparcaderos se van a convertir en negocios millonarios, para los países periféricos que acojan estos centros y que podrán utilizarlos para chantajear a los países más ricos, como está haciendo ahora Marruecos. Una vez más queda claro que, en política, no aprendemos.