Solo existe un poder: el de los hombres. Cada vez son más los internautas que mantienen afirmaciones parecidas, en las redes y a cara descubierta. Se acabó el anonimato cobarde. A golpe de videos, se convencen de que las mujeres no son sujetos, sino objetos que pertenecen al marido. Y que golpearlas forma parte del juego, para mantenerlas sometidas. Incluso tener imágenes sexuales y denigrantes de la propia pareja se postula como medio de control legítimo. Muchos están promoviendo, en EEUU, iniciativas para retirarle el voto a las mujeres o para prohibir lecturas, en cuyas historias, las mujeres trabajen o lideren. En Francia, algunos jóvenes han hecho propuestas, en sus centros educativos, para legalizar la violación en lugares privados.
Primero se siembran las ideas y cuando se comprueba que estas están calando en la sociedad, las iniciativas más disparatadas, empiezan a tomar forma, para que sean aceptadas, incluso en nuestras democracias.
La mayoría de estos afirmadores son jóvenes nacionales, los mismos que protagonizan pillajes grupales y violencia gratuita y que no necesitan justificarse, porque carecen de ideología.