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Lola Gracia

Vivir en el filo

El tango de Venus

Cada año, el planeta Venus inicia una danza alrededor del sol que dura entre 9 y diez meses. Es algo prodigioso porque en este viaje, Venus, dibuja un bello mandala con una estrella de cinco puntas en su interior. Este año, Venus ha iniciado su tango con el sol el pasado viernes 26 de octubre.

El deseo y la consciencia se unen el día que Venus inicia su periplo. Se revisan viejos deseos, así como los desfasados patrones en los modos de relacionarnos con los demás y nos percatamos de aquello que nos daña, que nos disgusta. Que simplemente no nos hace felices.

Los cabalistas siempre miran al cielo y cada mes del año tiene un significado especial. Ahora estamos en el mes de Mar- Jeshván, el mes de Escorpio. Para los judíos y cabalistas es un periodo amargo porque carece de fiestas (salvo el día de todos los santos para nosotros, los cristianos) y porque, según ellos, hay en el ambiente tal cantidad de energía que, en ocasiones, lleva al caos.

Mi Mar-Jeshván ha comenzado con un calambrazo eléctrico en el dedo. El reloj de la cocina también ha saltado de su ubicación, convertido en añicos de cristal y números (un reloj que nunca acertaba la hora, salvo una vez al día, por cierto). También acometer transformaciones intensas que llevaban meses gestándose. Porque nada sucede de un día para otro, pero, a veces, se carece del impulso para verbalizar y actuar tal y como pensamos que hemos de hacerlo.

También es un mes áspero porque las personas toman conciencia con tozuda transparencia de qué es lo que quieren en su vida y qué no.

 Es el mes del Diluvio Universal. Noé, avisado por Dios, recogió especies animales y el agua destruyó todo lo que quedó fuera del arca. La historia de Noaj y su gran zoo es simbólica.

A veces, es preciso detenerse y destruir sin piedad lo que nos frena, nos paraliza, nos empequeñece y nos impide avanzar y crecer en la vida. Es la destrucción necesaria para la construcción de algo mejor. Limpiar la casa a fondo, tirar trastos fuera, arreglar esa bombilla que siempre estaba fundida, cambiar ese foco que alumbraba con tacañería. Llenar de luz y espacios vacíos de nuevo nuestra vida, nuestras estancias, los sentimientos sepultados durante tanto tiempo. Tris, tras. Llamar a Mary Poppins si es menester para que todo resplandezca y que la intensidad no nos conduzca al caos sino a un nuevo punto de inicio. Y partir de cero. Regresar al folio en blanco

¿No es maravilloso lo que nos enseña la naturaleza? ¿Qué cada día es un nuevo comienzo? ¿Qué siempre podemos volver a empezar? ¿Qué nunca es tarde para arriesgarnos a una segunda oportunidad, o una tercera o una sexta para intentar alcanzar algo de felicidad?

Además, nosotros somos los únicos responsables de los bueno y malo que nos acontece porque inconscientemente fabricamos nuestra historia. Ya lo decía la gran Ana María Matute. La imaginación no es una opción. Es una necesidad. Es el germen de nuestros días, de lo que vivimos cada instante. Y la imaginación son sensaciones, visiones que transformamos en palabras. De ahí su enorme poder. En una palabra descansa el universo entero.

Los cabalistas van más allá y otorgan enorme valor a cada letra. El hebreo es un idioma fascinante sin duda.

Si Venus cada año se arriesga y saca a bailar al sol para crear tal belleza ¿Por qué los seres humanos no hacemos lo mismo?

Arriesgar, danzar, conocer y amar nos hermana con las estrellas, nos regresa al origen.

Temas

Relaciones, amor, vida. Lo que de verdad importa

Sobre el autor

Periodista por la Universidad Complutense de Madrid, escritora y gestora cultural. Investigadora de las relaciones humanas. Máster en sexología por la Universidad de Alcalá de Henares. Desarrollo trabajos como directora de comunicación


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