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Lola Gracia

Vivir en el filo

Las mujeres invisibles

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En la historia del arte las mujeres siempre han estado presentes pero los libros de historia lo contradicen. Me preocupa que el patrón se repita, cosa que es factible.

Empecemos por las letras. En la Real Academia de la Lengua sólo hay ocho mujeres de un total de 46 sillones. Ocho. En un país de casi 47 millones de habitantes, hay 22 millones de hombres y 23 de mujeres. ¿De verdad no hay candidatas a la RAE con el nivel suficiente de inteligencia para ocupar algunos de esos sillones? Lo dudo.

Premio Cervantes: constituido en 1976, sólo cuatro mujeres premiadas desde entonces ¿No hay talento femenino en el mundo apto para gozar de tal galardón? Lo dudo. Lo peor: el premio lo dan cuando son tan mayores que tienen que acudir en silla de ruedas como le ocurrió a nuestra amada Ana María Matute. Este país es lo peor: sólo glorifica a los muertos y a los que están a punto de palmarla.

Un libro titulado ¿Cómo acabar con la escritura de las mujeres? de Joanna Russ acaba de ser publicado en nuestro país. El libro cuenta con 35 años pero permanece de plena vigencia. La crítica, eminentemente masculina, se ha encargado durante siglos de menospreciar a las autoras. Lo sigue haciendo.

Primero no las publicaban y ellas debía usar seudónimos. Las que se atrevían y eran aceptadas como tales no hacían “auténtica literatura”, según ellos. Los libros de memorias o la autoficción era respetada en ellos y denostada en ellas.

Si escribían una obra maestra y triunfaban de forma aplastante, como Mary Shelley con Frankestein o Lee Harper con Matar a un ruiseñor entonces las criticaban porque sólo han publicado un libro. ¿Cómo se atrevían? ¿Quizá la flauta había sonado por casualidad?. Como si fuera tan fácil subir al Everest.

En conclusión de Russ, los masculino era lo normativo y lo femenino lo anormal. Por eso algunos no tenían empacho en proclamar que las mujeres escritoras padecían histeria. Es decir, que las pobres andaban un poco tocadas por un útero juerguista y en algo tenían que calmar sus ansiedades.

La mujer en el arte siempre tiene que ser musa, bella y correcta. De lo contrario ¿Qué ocurre? Acaba en un psiquiátrico, como le sucedió a Camille Claudel. Dejó de ser musa porque su escultura era maravillosa: la abandonó Rodin y perdió la cabeza.

En la ficción ocurre mayoritariamente algo así ¿ejemplo? Anna Karenina: mujer de buena clase, bien casada y encima madre se le ocurre tener un affaire con un apuesto militar ¿Cómo acaba nuestra protagonista? Abandonada por todos, incluido el pusilánime galán, y arrollada por las ruedas de un tren.

En la realidad actual las mujeres adúlteras todavía hoy salen peor paradas que los hombres. Y eso en las sociedades civilizadas. En otros ámbitos pueden morir lapidadas.

Es preciso terminar para siempre con estos modelos que nos perjudican a todos. Que existan académicas, directoras de orquesta y premiadas para que cuando en el 2125 un niño estudie la historia universal se las encuentre en las páginas de un libro.

Mucho me temo que, de seguir así, lo que pasará a la posteridad será el pandero de Nicki Minaj. Oiga, nosotras sabemos hacer otras cosas muy bien, aparte de mover el culo, que también lo podemos hacer estupendamente. Incluso la misma Nicki Minaj tiene su vena creativa, seguro.

Dejemos de silenciar el talento femenino. Acabemos con los corporativismos masculinos que hacen daño en todos los ámbitos pero mucho más en el mundo del arte porque el arte es la vida, es lo que nos alimenta el alma a hombres y mujeres.

 

Temas

Relaciones, amor, vida. Lo que de verdad importa

Sobre el autor

Periodista por la Universidad Complutense de Madrid, escritora y gestora cultural. Investigadora de las relaciones humanas. Máster en sexología por la Universidad de Alcalá de Henares. Desarrollo trabajos como directora de comunicación


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