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Lola Gracia

Vivir en el filo

La pasión de Clara y Juan

 

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Mientras el mundo se sumerge en las compras, los puentes y los turrones yo ando enmarañada en la historia de amor de Clara Schumann (de soltera Clara Wieck) y Johannes Brahms. Las historias de músicos, y en especial esta, me sobrecogen porque siempre flotan las musas y los pentagramas entre ellas y las declaraciones románticas son de un intenso sublimado difícil de hallar en la vida real.

Además, este romance en concreto, es complejo, abnegado. Muy hermoso. Como lo es el auténtico amor.

En el principio Clara se casó con Robert Schumann quien llegó a la vida de los Weick porque era alumno de su padre. En aquel entonces, Schumann era un músico desconocido al que le faltaba aún mucho talento por desarrollar. A eso se añadían sus ínfulas literarias. A pesar de los nueve años de diferencia, Clara y Robert entablaron amistad y al año contrajeron matrimonio, unos meses antes de que ella cumpliese la mayoría de edad. Para el señor Weick, Robert era un partido deplorable.

Años después, Johannes Brahms es el alumno de Schumann. Se mezclan en su corazón la admiración y devoción por su maestro y el hechizo que sentía por Clara. Imaginamos al pobre Johannes, torturado e insomne, presa de una pasión inconveniente…como poco.

Clara Schumann fue una concertista notable, incluso compositora de su propia música aunque jamás se valoró a sí misma en su justa medida. De hecho, tenía la peregrina teoría de que las mujeres componían peor. Imagino que en el mundo del siglo XIX, simplemente, lo hacían menos.

La virtuosa tuvo una infancia complicada y una vida difícil. La mortalidad infantil de antaño se cebó con varios de sus hijos. Luego vinieron los intentos de suicidio de Robert y su suicidio al fin.

Mientras tanto, ahí estaba Brahms, suspirando de amor por ella. La apoyaba en todo y le escribía muy bellas cartas. Entre ambos existió la admiración, la relación intelectual y artística y, claro, el amor. Imagino que en esos ambientes es muy complicado separar una cosa de la otra.

Algunos fragmentos de sus cartas: ” Eres para mi una amiga tan querida que no puedo expresarlo…Si esto continúa así, tendré que colocarte algún día detrás de una vitrina o ahorrar para poder engarzarte en oro”.

O, este: “Mi muy querida Clara, desearía poder escribirte tan tiernamente como te amo y decirte las buenas cosas que te deseo”

En estos mundos de horrible frialdad uno no puede imaginar como un amigo le cuenta al otro lo que siente con esta vulnerabilidad y desnudez. Pero así le contó Juan su sentir al violinista Joseph Joachim:  “Creo que no la respeto y admiro tanto como la amo y soy presa de su hechizo. A menudo debo contenerme con fuerza para no rodearla en brazos. Me parece tan natural que ella no lo tomaría a mal”.

Qué pena no tener una máquina del tiempo para saber en verdad que ocurrió después, tras el suicidio de Schubert.  Sabemos que Johannes y Clara viajaron a Suiza, que su relación se hizo más intensa pero ambos acordaron destruir la gran mayoría de cartas de amor que se enviaron.

A veces no hay como sublimar la pasión para que el arte brote sin contención. No sabemos si el delirante amor de Juan por Clara le llevó a crear tan extenso repertorio y a ser uno de los grandes.

Hans von Bülow lo incluyó en la trinidad de las tres B junto a Beethoven y Bach. Las sinfonías de Brahms, un género al que llegó con muchas dudas, constituyen según los expertos, “una de las culminaciones del género sinfónico del XIX”.

Prueben a leer este punto G con algo de Brahms o de Clara de fondo. Magia pura.

 

Temas

Relaciones, amor, vida. Lo que de verdad importa

Sobre el autor

Periodista y escritora He sido gestora cultural y soy investigadora de las relaciones humanas. Máster en sexología. También hago informativos y otras cosas en ORM


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