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Lola Gracia

Vivir en el filo

El pecado de ser diferente

 

Esta semana conocíamos que el Ayuntamiento de Murcia ha dado una subvención de algo más de 8.000 euros a una asociación que, entre sus cometidos, pretende corregir las desviaciones sexuales. No sólo eso, la concejala del ramo explicaba en una entrevista a Julián Vigara de Onda Cero, que Mater Familiae no se centra en convencer a los gays y lesbianas de que no lo son. Y, claro, lo estropea aún más.

Pasamos de la orientación familiar y la prevención del aborto a, según la concejala, las parafilias. Mátame camión.

De las primeras cosas que se aprenden en sexología es a eliminar la palabra normal o anormal del diccionario. Que mientras dos personas consientan no hay parafilias que valgan. Se denominan peculiaridades sexuales. Que el fetichismo, como también mencionó la concejala, no tiene nada de malo. Al contrario, puede ser de lo más sabroso.

Lo cierto es que la pobre, en un intento de convencer al entrevistador de que las tales desviaciones no se referían a la homosexualidad, dio unas explicaciones, no sólo inexplicables, sino también increíbles.

Ya me imagino a los integrantes de esta asociación, secta, o lo que sea, intentando convencer al pobre desviado de que los zapatos de tacón, los látigos y los cueros no son el camino más directo a la santidad. O convenciéndome a mi de que la perversidad en pareja no es algo edificante. O que el sexo sin procreación es inútil o que, las maduritas y maduritos hemos de renunciar a la fiesta de la piel. Vamos, convenciéndome también de lo imposible.

Entiendo que una concejalía de asuntos sociales es tema complejo y más en un municipio tan extenso como Murcia, que conocerse al dedillo todas las subvenciones que entregan es complicado, pero dar explicaciones inverosímiles sólo resta más credibilidad a estos responsables que conceden una ayuda a una organización que pretende corregir algo que es incorregible porque no se elige nacer gay, lesbiana o hetero y no hay medicina capaz de curar una orientación sexual. No hay tratamiento psicológico adecuado ni necesario porque a ellos y ellas no les pasa nada anormal ni monstruoso.

Monstruoso es que todavía la homosexualidad se vea como una enfermedad. La Organización Mundial de la Salud, dejó de considerarla como tal hace 29 años. Monstruoso es cuando sometían a los gays a terapias de electroshock y cuando los apaleaban. Monstruoso es que aún, a día de hoy, haya países homófobos sin complejos, partidos políticos homófobos sin complejos, dictaduras que la persigan y padres de niños que no aceptan que su hijo se enamora de hombres y no de señoritas de provecho para formar una familia. Monstruoso es que aquellos que se supone deben comprenderte y compartir lo bonito de tu vida te atacarán si tu pareja no encaja en su modelo perfecto de familia Disney. Si es de tu mismo sexo o mayor que tú o, para generalizar, no es normativa.

Pero ¿saben qué? Hay bellos y bellas que plantan cara al monstruo.

La fotografía es un retrato de Robert Mapplethorpe

Temas

Relaciones, amor, vida. Lo que de verdad importa

Sobre el autor

Periodista por la Universidad Complutense de Madrid, escritora y gestora cultural. Investigadora de las relaciones humanas. Máster en sexología por la Universidad de Alcalá de Henares. Desarrollo trabajos como directora de comunicación


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