Llevo 15 meses en el proceso de recuperación del cáncer y todavía no he terminado. Eso pesa, pero estos días me pesan más los cientos de comentarios que llevo oyendo todo este tiempo; “no digas eso, no te va a pasar nada”, “esto no es grave, ya lo verás”, “estás mejor que nunca”… Son, en la mayoría de ocasiones, tópicos o ‘paños calientes’ que la gente utiliza para tratar de aliviar su situación en la conversación, además de mi situación clínica.
El caso es que, aunque los agradezco, lo cierto es que en la mayoría de las ocasiones me bloquean la conversación, impidiendo que diga lo que necesito decir, que me exprese con libertad. En otras, demasiadas, niegan la realidad con sus afirmaciones. El resultado es que me encuentro ante alguien que, preocupándose por mi, no sabe como resolver el diálogo y me bloquea. Mala solución.
Esto ha sido llevadero hasta ahora, tampoco se trata de pedir demasiado a los demás cuando están conmocionados por lo ocurrido. Pero ahora me apetece un trato más sincero. A la vez que me encuentro mejor, me apetece un poco de soltura al hablar, de la conveniencia de lo dicho ya nos preocuparemos después. Sólo pido una conversación fresca y espontánea ¿es mucho?
Una de las cosas buenas que está teniendo el paso del tiempo es que se me están cayendo todas esas ramas postizas que se me pegaron al tronco cuando comenzó todo, con la excusa de la fraternidad, para procurar un poco de sosiego a su conciencia. Y menos mal, porque un olmo con ramas de peral, manzano y limonero quedaba un poco ortopédico.
Adiós al paraiso
Ayer estuve en cirugía plástica, en la Unidad de Reconstrucción de la Mama ¡Qué nombre tan feo para un sitio tan relacionado con la belleza!
El caso es que me echaron un jarro de agua fría por encima. Sin reparos. Cuando yo pensaba que este trance sólo requiere de aguantar las molestias de los expansores y las prótesis, resulta que no va a ser así.
El seroma que retrasó la cicatrización de mi pecho ha lesionado la piel y, en esas circunstancias, no es elástica. Por lo que no se pueden poner implantes a menos que se aplique la técnica del colgajo, la que se utiliza en las mastectomías radicales.
-Cuando se practica una tumorectomía o una cuandrantectomía es para que no sea necesaria la reconstrucción- me dijo el cirujano.
-Eso puede ser así en pechos grandes, a los que quitar una parte les supone una reducción, pero el mío es tan pequeño que, al quitar el tumor, me han dejado con la mitad de lo que tenía.- Le contesto. -Tengo 38 años y quisiera que, lo vivido durante el último año, no acabe condicionando mi futuro hasta el punto de limitar mi aspecto o mi indumentaria.- Añadí.
El caso es que, después de meses mentalizándome para llevar implantes de silicona bajo la barbilla, lo único que puede ayudarme a recuperar un pecho aceptable es un autotrasplante de mi propia grasa “y corremos el riesgo de que se reabsorba” me avisan.
Esta es una técnica que aún no ha comenzado a aplicarse por parte de la Seguridad Social, aunque parece que tienen previsto iniciar una experiencia piloto a partir del verano.
-Mire usted, estoy aquí a pesar de que aún no se ha cumplido el preceptivo año de la radioterapia, porque quisiera pensar que 2010 va a ser un año libre de cáncer para mi. Para ello, quisiera que todos los tratamientos e intervenciones que quedan se realicen este año. Así serán ‘sólo’ 2 años, 2008 y 2009, fuera de juego. -Expusé así los mismos argumentos que llevo unas semanas repitiendo ante todos los especialistas.
-No es seguro que usted resulte aceptada para este proceso. En cualquier caso, la lista de espera es de unos 6 meses, porque hay gente antes que usted a la que atender. Pasado ese tiempo, le llamarán y le dirán si la intervienen o no.
Sin palabras.
Padecí un cáncer cuando tenía un 2% de probabilidades de sufrirlo. Me rechazaron cuando me ofrecí voluntaria para los estudios experimentales de nuevos tratamientos contra el cáncer que padezco “porque no reúno el perfil”. Y, cuando trato de poner un punto seguido a todo antes de volver a la vida, vuelvo a encontrarme con una cuesta arriba que por supuesto acabaré subiendo.
Lo siento por los pícaros que me anunciaban meses atrás que “cuanto más grande es el tamaño de la prótesis, mayor es la parcela que tendrás reservada en el paraiso”. Se van a quedar con las ganas. Y puede ser que yo también.
(Gracias a todos; Sauron, Lumalu, Frank, Rosalia, Moncayo, Rosita, Zombi, Anónimo, Joaquín, Melisa, y a los demás. A todos, por seguir a mi lado)