García Martínez – 10 octubre 2005
El mundo de los fumadores -cada vez menos hombres, cada vez más mujeres, ¿ay!- anda revuelto con la cosa de la pohibición. Lo que pasó en Chicago con el alcohol se queda pequeño en comparación con esto. Espero que no vengan para acá gánsteres nuevos.
Lo de bares y restaurantes tiene su guasa. Los dueños de esos establecimientos andan que no viven. Temen que, a la postre, tengan que comprarse una escopeta para poder cumplir la normativa que se les viene encima.
-¿Ha dicho una escopeta?
Sí, porque no van tener más remedio que disparar a todo cliente que no quiera apagar el cigarro. El hombre se coloca allí detrás de la barra y pum-pum, como se suele decir.
Los trabajadores lo tienen todavía aún peor. Se dice que en lo centros de trabajo no habrá un recinto para fumadores. Y, claro, si te sales a la calle a fumar, lo mismo te lo descuentan del jornal. Entre eso y lo caro que está el tabaco, mala cama tiene el perro.
-Sí que la tiene, sí.
Esto me mueve a mí a temer que estemos ante un regreso masivo al retrete. Cuando Franco, los zagales nos metíamos en el retrete para fumarnos un «bisonte» a escondidas. Si, a continuación, entraba a mear tu papá, se daba cuenta de que habías fumado, pero no pasaba nada. Cosas de chiquillos. Además, en aquel tiempo, el fumete no estaba tan perseguido. Y luego que, estando como estábamos en la post-guerra, ¿quién no procuraba aliviarse con un cigarrico, aunque fueran los horribles «ideales» aquellos?
-Para ideales, los del Régimen.
Bueno, a los del Régimen les encantaba la picadura. Digo la de todos aquellos que no estaban de su parte.
Veo muy probable que, para lo que se avecina, la solución no sea otra que el retrete. Eso sí, habrá que hacerlo más grande, porque, de tan repletos como estarán por los que fuman, los no fumadores no podrán cambiarle al agua a las olivas. Y surgirán las protestas.
Como en tantas cosas, el Gobierno no sabe dónde se ha metido. Dicen que todo esto viene de la vicepresidenta Teresa, que tiene muy malas pulgas.
Lo que digo es que lo de Ceuta y Melilla no será nada, en comparación con la avalancha de fumadores que querrán saltarse la valla del mingitorio