García Martínez – 07 julio 2005
Tal como se han puesto las cosas, regantes somos todos. Esto lo digo para que nadie me interprete torcidamente por lo que ahora diré.
Y lo que digo es que tenemos que organizarnos de tal manera que nuestra protesta -tan legítima, ahora que se habla tanto de legitimidades- tenga para nosotros todas las ventajas y, si fuese posible, ninguno de los inconvenientes. O los menos posibles, pues tampoco hay que cogérsela con papel de fumar.
Me huelo que, de ahora en adelante, los murcianos tendremos que emplearnos a fondo para que se nos escuche desde las instancias. Cada vez habrá más manifestaciones y cada vez, me supongo, serán más nutridas. Pero, si no se hace dentro de un orden, echarse a la calle si más ni más podría volverse contra nosotros e incluso contra la causa. Se trata, por lo tanto, de ocasionar las menores molestias a los vecinos, que ya bastantes peplas soportan.
Quiero decir que las manifestaciones y similares han de hacerse como Dios manda. Cortar el tráfico de la ciudad, tal como está de mal, supone cabrear a mucha gente. Personas que ven con simpatía y aplauden la actuación de los regantes, pero que no tienen por qué resultar perjudicadas con los atascos circulatorios.
La explicación es muy sencilla: quien más quien menos tiene sus propias urgencias -profesionales, sanitarias, familiares- y le molesta que otros interfieran en la buena marcha. Aun cuando los que interfieren tengan nuestro apoyo. Sólo cuando no haya otro remedio se debería llegar a actuaciones extremas. Y, desde luego, si resulta imprescindible ocupar las vías urbanas, hay que avisárselo a la ciudadanía.
Conviene, pues, programar y hacer las correspondientes previsiones. Al fin y al cabo, aquellos que han de soportar la protesta murciana no son los murcianos, sino quienes nos gobiernan, por así decirlo, desde la Corte.
Si lo que se pretende es que los medios informativos regionales se hagan eco del descontento, no me parece que en eso haya mayor problema. El eco y la colaboración los van a tener siempre.
En nuestra circunstancia, ayudar a los regantes es ayudarnos a nosotros mismos. Pero una cosa es cierta: si no nos salimos del tiesto, las reclamaciones serán más rentables