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Ladrones

callered 

Primero fue el patio. Ocupada el lugar central en la vivienda. Todo un protagonista. Pero, nos descuidamos un poco y ya, nos quedamos sin él. Yo les pregunto a mis amigas profesoras de infantil si todavía los más pequeños de los colegios siguen bailando con aquella canción tan pegadiza de “El patio de mi casa es particular”. Y me contestan que ya “los agachaditos” no se estilan mucho. Se ve que llovió tanto que…

Unos arquitectos especializados en el desarrollo de los entornos urbanos comentaban que ahora nos conformamos y hasta incluso presumimos –cuán inocentes andamos- de tener un jardín vertical. Cuestión de ir “robando” metros. Ellos tenían otra visión: Del plano a la vertical. Todo, según se mire.

Después fue la cocina. Pasó de ser un lugar de encuentro, de reunión, de compartir la vida, al hoy reducido espacio de producción estricto sensu. ¿Cuántas exquisitas recetas se habrán perdido en este devenir de estrecheces? Porque ya no hay siquiera espacio para sentarse en torno a una mesa. “La moda que se lleva es la barra”, me dicen muchos. Y yo, pues eso, que me estoy quedando anticuada; que soy más de mesa.

Del patio a la calle

Y ahora, nos están robando las calles. También lo reconocían estos expertos: “Se perdió la calle. Son muchas las urbanizaciones que se configuran como guetos aislados, protegidos por mallas de seguridad”. Lo de jugar en la calle fue primero el lugar donde se experimentaba la primera sensación de libertad y más tarde pasó a ser deporte infantil de alto riesgo. Y hoy ya, a desaparecer. urban-landscape-bence-bakonyi

Cuando explico en clase el régimen jurídico de los bienes públicos comienzo por las playas. Más que nada porque este tema coincide con la llegada de la primavera y, con el calor, los alumnos en cuanto ven imágenes de playas, se motivan. Y a nada que se descuidan un poco, tras “el primer baño”, paso a explicar las calles –que también son bienes públicos-. Pero a caso hecho les pongo imágenes de algunas peatonales repletas de mesas, sombrillas, sillas y maceteros donde un viandante no puede caminar. “¿De quién son las calles?”, les pregunto. Y entonces se arma la marimorena con el debate (que si la economía circular; que si las tasas, etc.)

Y hasta la cartera

Pero tengo que decirles que ando muy preocupada de cara al futuro: el robo lleva una agravante más. Estamos a nada de quedarnos sin “mercado de tiendas”. La moda de comprar ya todo tecleando el ordenador, va cerrando locales con cada toque en el “acepto”.

Sin patio, sin cocina, sin calles, ¿qué nos queda entonces? Únicamente la ciudad. Pero miren ya lo anticipaban aquellas las primeras líneas de La Regenta: “La heroica ciudad dormía la siesta”. Y en esta posición durmiente, a nada que nos descuidemos, nos la roban seguro. El auge del turismo urbano es de tal entidad que muchos expertos vaticinan que “en el futuro las ciudades serán turísticas, o no lo serán”.

Y ante tanta pérdida silenciosa obviamente uno se cuestiona (llega, claro, la pregunta del examen): ¿Quiénes serán estos ladrones tan sutiles que comenzaron por el patio, han llegado a las ciudades y nada advertimos? Por favor, presten atención a sus carteras, no vaya a ser que…

 

 

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