Se alojan tranquilamente en los hoteles. Pasan desapercibidos. No llaman la atención de ningún otro huésped. Si Vds. coinciden en el ascensor, en la piscina o en la zona de desayunos con ellos, no sospecharían jamás. ¿Quieren descubrirlos?
No son los osados que se llevan el albornoz escondido en la maleta (ni las almohadas); Tampoco quienes sucumben a los tentadores “amenities” del aseo (qué difícil es resistirse, ¿verdad?). Nunca se van sin pagar. Los que vamos a delatar, abonan puntualmente su reserva.
Y, el objeto de su “preciada adquisición”, no es otra cosa que la tarjeta de la llave de su habitación. Es más, incluso esta llave puede haber sido el motivo por el que decidieron alojarse en ese hotel. Les presento a un colectivo muy numeroso que tiene ya su propia App; sus trueques; sus cotizaciones… Son los coleccionistas de las tarjetas de los hoteles.
Están sufriendo un poco últimamente porque este asunto se ha complicado como consecuencia de las operaciones de compraventa de hoteles que están estandarizando el diseño de estas llaves cuando los hoteles independientes pasan a formar parte de una gran cadena, lo que ha supuesto un aumento de la cotización de sus “artículos robados” (que ya es casi una rara avis). 
Es un gran disgusto para los directores de los establecimientos, pues les obliga a encargar nuevas partidas cuando un grupo grande de coleccionistas se alojan. Y, ¡zas! toca abonar el coste de la reposición.
De las de metal a las llaves magnéticas, una patente noruega de por medio
Aquellas antiguas llaves de metal con un llavero gigantesco (todo un disuasorio) son ya casi historia. El origen de las llaves magnéticas tuvo lugar después de un caso real: Un ladrón asaltó en la habitación de su motel a una cantante americana (Connie Francis). Ella demandó al hotel por falta de seguridad suficiente (ganó el caso). Este hecho inspiró a un trabajador noruego (Tor Sornes) para patentar su invento con el que quería dotar de mayor seguridad a los establecimientos. Y hoy, las recogemos en la recepción de casi todos los hoteles del mundo (sin advertir toda la enjundia legal que hay detrás de ellas).
Dos coleccionistas, uno de ellos, recién incorporado
Conocí hace poco a uno de ellos. Me mostró con mucha felicidad su posición en el ranking de este grupo de coleccionistas: Él está dentro de los top-ten en este sector. También me mostró parte de su colección. ¡Las hay bien bonitas y curiosas! No perdía de vista ninguna de ellas. No fuera a ser que…
Es más, en un acto de generosidad le dio más de 150 tarjetas (él tiene muchas repetidas) a una joven de quince años que estaba comenzando su colección. La madre de la chica la animaba porque: “está aprendiendo muchísima geografía cuando localiza los hoteles; Tiene un mapamundi gigantesco en su habitación con chinchetas en los países que ya tiene llaves”, me contaba.
El caso es que estaba yo un buen día en un hotel, me acordé de mi amigo coleccionista de llaves y sí, he pasado a ser “cómplice” de estos hurtos. No se lo cuenten a nadie por favor. Confío en que ningún policía lea este artículo. En mi defensa también diré que esto pasó hace ya un tiempo considerable (por aquello de la prescripción).
Lleven cuidado porque si Vds. conocen a algún coleccionista, están tranquilamente en la piscina y… casi sin querer, también pueden caer en la tentación.