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Zona de embarque

Durmiendo con su enemigo

Con solo dos clics, ya estamos metidos en la cama con él. Y, lo que más, le hemos pagado un porcentaje para que comparta las sábanas. Les cuento con quién nos estamos acostando sin saberlo.

Para conocer un poquito más a este compañero: Es una gran plataforma de reservas, que funciona legalmente casi como un monopolio. Todos los algoritmos ya están bien definidos para que, con sólo indicar dos datos: destino elegido y fecha, la oferta para alojarnos aparezca, bien atractiva, en un santiamén. Aquí nunca veremos la “eterna” mención: “no apague, estamos procesando su petición”. ¡Jamás!

De la pantalla a las pulsaciones

Algunas ofertas irresistibles aparecen con el que ya conocemos “estrés de compra”, esto es, con la advertencia de que sólo quedan una o dos habitaciones a este precio rebajado. Aquí ya, las prisas, sin darnos cuenta, las tenemos inyectadas en nuestro ritmo cardiaco.

Plis plas, a pagar

Finalmente, elegimos el alojamiento que más nos cuadra y, rápidamente ya estamos en la pasarela de pago. Eso sí, con posibilidad de cancelación, lo que nos devuelve un poco el ritmo pausado y tranquilo.

El email más temido

Pero, aquí comienza el itinerario malévolo. Quizás hayamos reservado con mucha anticipación en la creencia de que los precios subirían en el destino llegada la temporada de verano. Y, nosotros previsores (¿e ingenuos?) estamos “tranquilos” porque reservamos hace mucho tiempo y, además, a un precio muy económico.

Hete aquí que nos llega la “sorpresa”, en un correo en lenguaje máquina: “Hemos cancelado su reserva por un problema con su tarjeta”. Sin mayor explicación.

Y, nos vemos en la situación de todo ya pagado en destino (transportes, excursiones, vuelos, etc.) y, a tan sólo unos días de la salida, ¡no tenemos dónde dormir! De nuevo, las pulsaciones se aceleran, pero, esta vez, a ritmo de pedir cita en el cardiólogo.

La senda de en medio

En esta tesitura, tenemos dos caminos: iniciar la lucha viajera de “David contra Goliat” e, intentar saber con este gigante informático dónde está el problema (pues nuestra tarjeta sigue operativa). Y aquí ya, la respuesta no será tan rápida y veloz como sí lo fue a la hora de hacer la reserva. Ármese Vd. de la paciencia del Santo Job. Hasta es posible que hayamos llamado al banco y todo.

O, podemos ir por el camino más práctico y buscar otro alojamiento y reservar directamente en él. Esta vez, por supuesto, sin esta intermediación, que “casualmente” sí estaremos recibiendo estos días posteriores a la cancelación sucesivos mensajes de publicidad. (¡Oh, sabio algoritmo!). Claro que los precios, a última hora, están por las nubes (aunque en nuestro destino de vacaciones brille el sol todos los días).

Gigantes económicos

Si hemos tenido suerte y nuestra reserva sigue en pie, cada noche, del precio pagado, le habremos abonado un porcentaje (del 15% al 22%, según los casos) a este gigante que, entre todos, lo estamos construyendo en algo monstruoso y, nos puede devorar a nada que nos descuidemos.

Todavía pecamos de ingenuos apelando a aquello de: “¿Has visto qué caros están los hoteles?” Y somos nosotros mismos quienes los estamos encareciendo con este “enemigo entre las sábanas”.

No quisiera yo que tuvieran pesadillas en sus viajes, siempre la opción de reservar directamente en el hotel o camping elegido, nos ayudará un poquito a descansar mejor.

Queridos lectores, que tengan dulces sueños estas vacaciones.

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