Llevaban décadas hundidos en los fondos marinos. Poco o nada se sabía de ellos. Y ha sido gracias a la fuerza del volcán submarino Fukutoku-Okanoba cuando, en una de sus explosiones, varios buques de guerra han aparecido flotando en una playa japonesa para asombro de todos.
Nuestra singladura tiene la singularidad de ir saltando de barco en barco. Pero, eso sí, en nuestra expedición todos están anclados en tierra firme, como los japoneses.
Pueden estar tranquilos: No hay peligro de un posible mareo a bordo de esta lectura. Este viaje es también apto para quienes no saben nadar. Así pues, comenzamos juntos con ese grito tan aventurero de: ¡Al abordaje!
“Navegando” por el litoral
Dar un paseo por la playa de La Gola de Santa Pola (Alicante) les puede provocar una sorpresa similar a la que se llevaron los japoneses con los pecios resucitados. Escondido entre montañas gigantescas de sal y dunas, se ven los restos del “esqueleto” de madera de una antigua barcaza. A simple vista se aprecia su construcción sencilla pero a la vez bien robusta. 
Esta columna vertebral, ensamblada por buenos carpinteros, ha resistido los vientos desde hace años. La gabarra está cubierta por hierbas y matorrales. Cada vez que camino por la zona me cuesta más dar con ella. Yo me pregunto: ¿Y si, con el paso de los años, esta vegetación crece y estas barcazas quedan enterradas totalmente (como aquellos grandes navíos japoneses)? El mundo que gira y, hace aparecer unos buques pero también desaparecer otros. Los cambios del devenir del tiempo.
Casa de pescadores
Seguimos nuestra navegación terrestre por el litoral mediterráneo y nuestra siguiente parada náutica es en el Museo del Mar de Águilas (Murcia). Está literalmente dentro del barco de arrastre “José y Josefa”. Su quilla es hoy un auténtico acuario. El interior del museo contiene todo un Centro de Interpretación del Mar (conocido por las siglas CIMAR) y, en él podemos descansar en una casa de pescadores con todos sus enseres. Y ya de paso, una vez dentro, cotillear colecciones de conchas.
En busca del tesoro
En Cartagena, en el Museo Nacional de Arqueológica Subacuática está bien amarrada la fragata “Nuestra Señora de las Mercedes”. Surgió también de los fondos marinos y, tras todo un torbellino de tribunales, fue recuperada por el Estado español. En esta ocasión, se expone con (¿todos?) sus tesoros a la vista: más de 500.000 monedas de oro y de playa. Uno de los muchos datos bonitos de este lugar (que fue todo un desafío a nivel arquitectónico) es que está construido en el nivel del agua. Por lo que, uno está “paseando por sus salas” como si estuviera buceando en el fondo del mar.
Un barco… ¿tierra adentro?
Nos alejamos de la costa y ponemos rumbo tierra adentro, para llegar hasta La Mancha. En Toledo podemos sentirnos auténticos pasajeros de uno de los barcos de Colón, concretamente en la nao Santa María. De nuevo, la magia del tiempo que nos hace retroceder siglos.
Uno de los espectáculos del parque temático Puy du Fou, ”Allende la mar oceana” nos convierte -con una escenografía de diez- en parte de la tripulación y, prepárense que aquí sí, hay riesgo de poder marearse e incluso, mojarse, pues como les decía, somos auténticos marineros.
Y, lo mejor de todo, poder gritar, junto con toda la tripulación aquella frase tan ansiada que cambia el rumbo de toda una vida: ¡¡tierra a la vista!! Sí, este viaje de pantalán en pantalán termina en Las Bahamas.