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Una doble vida en París

 

¿Una escapada romántica? ¿Y si nos alejamos de los típicos emplazamientos parisinos? Recorreremos esta ciudad tan amorosa con tres historias reales que tienen en común la fuerza del ave fénix: son tres lugares que han recuperado una nueva vida.

La protagonista de la primera historia es una piscina.

Quince años. Rubia. Guapísima. Esta parisina iba todos los sábados por la mañana a nadar y a patinar con sus amigas. Era una de las piscinas más chic de la ciudad (convertida en pista de patinaje en invierno). Bonitos recuerdos de esta época juvenil que ella no olvidó. La vida laboral la llevó a Granada donde hoy regenta un hotel.

La gran belleza de este balneario (Piscina Molitor) quedó totalmente eclipsada. Años más tarde, el abandono y los actos vandálicos la destruyeron casi por completo. Muchos parisinos se entristecían cuando pasaban por este lugar y lo venían tan deteriorado. Cuando ya estaban a punto de comenzar las obras de demolición, el rumbo cambió radicalmente y un proyecto de arquitectura recuperó la esencia de este espacio. Hoy esta gran piscina es el centro de un hotel (Hotel Molitor Paris). Las habitaciones la rodean (parece que quisieran protegerla).

Nuestra parisina, hace unos años, con ocasión de un congreso, se alojó con su marido en el hotel y me contaba cómo la nostalgia de sus tiempos juveniles, los recuerdos de los baños y, ahora volver a nadar en ella con su marido… así celebraban sus años de amor.

Como dato curioso Tarzán trabajó como socorrista en esta piscina y daba clases de natación. Y fue uno de los mejores nadadores del mundo (cinco medallas de oro olímpicas). ¿No me digan que no merece la pena comenzar a ahorrar para alojarse en este hotel? Yo lo veo un planazo para románticos, cinéfilos y deportistas.

Del baño nos vamos de compras.

Después de aquellas brazadas, ¿les parece bien visitar una fábrica de oro en el corazón de París? Nos trasladamos para ello al barrio de Marais. Está ubicado junto al Sena. Su traducción “zona pantanosa” evidencia un pasado también pasado por agua. La Plaza Des Vosges es el epicentro de este lugar en el que pequeñas tiendas y bares le dan mucha vidilla.

Nuestro destino lo es en una tienda peculiar, que también cuenta con una doble vida. A mí me apasiona cuando en los edificios aún se puede ver cuál fue su historia pasada. Es como entrar en el alma del inmueble, respetando su tiempo anterior. Ya dentro de esta tienda podemos ver aún las vagonetas y raíles, las grandes chimeneas… No dejen de visitar el sótano donde está aún toda la maquinaria que se usaba para la fundición.

Hoy en una tienda de varias plantas de ropa japonesa. ¿Resistirán la tentación de comprar? Los precios y la calidad son magníficos. 

En coche entre callejuelas.

Muchos turistas quedamos siempre sorprendidos por las grandes avenidas de París (Campos Elíseos, etc.) que tanto hablan de un pasado glorioso. Pero en este recorrido nos colamos por sus callejuelas más estrechas. Y el paseo lo es dentro de un “Dos Caballos”.

Sí, milagrosamente en la era de la brevedad (y de la famosa obsolescencia programada) del tiempo de vida de las máquinas, estos coches aún están en funcionamiento. Y, ¡en todo su apogeo! Algunos son descapotables. Los recorridos lo son con un conductor que va relatando los lugares y anécdotas más originales y lo hacen de una forma muy simpática. Se circula por circuitos que quedan fuera de las rutas de los turistas. A mí me tocó como conductor un actor parisino que conducía a las mil maravillas porque sabía colarse por sitios tan estrechos en los que yo cerraba los ojos asustada. Cuánta felicidad da montarse de nuevo en un 2CV.

Porque si actualizamos el tópico, convendrán conmigo que: París bien vale una doble visita. Con una sola no basta. On y va!

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