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Zona de embarque

Las obras de arte también viajan

 

Estaban visitando China. El matrimonio quedó encantado con un jarrón de porcelana y lo compraron. El vendedor puso el máximo empeño en protegerlo bien (plástico de burbujas, cartonajes, etc.). El esposo se encargó personalmente de llevarlo en la mano: en escalinata de subida al avión; utilizó el compartimento encima de su asiento… Y, pese a todas las cautelas habidas y por haber, cuando, ya de regreso en su casa, abrieron la caja ilusionados ante sus hijos: ¡hallaron un puzle de pequeñas piezas irregulares de porcelana!

El transporte, no en un camión cualquiera

El viaje, no ya de un sencillo jarrón de aquella pareja, sino cuando se trata de obras de arte de gran valor, es de esos que se plantifican hasta el milésimo detalle. Aquello de “hacer la maleta”, en estos recorridos es casi ten enrevesado como un nudo gordiano. Por ejemplo, la cabina del camión de transporte está vigilada y dotada de un sistema de suspensión espectacular que absorbe el impacto de un pequeño bache en la carretera; Cuenta también con una climatización constante para evitar cualquier cambio de temperatura. Imagínense, una humedad excesiva en una acuarela podría dar lugar a deformaciones o a propiciar el crecimiento de bacterias.

Los conductores de estos tráilers tienen unos galardones especiales en su currículum (aquí los 12 puntos apenas significan nada). Uno de ellos es acreditar haber conducido más de un millón de kilómetros sin incidentes. En muchas ocasiones, para un mismo trayecto (pe. Madrid-Murcia) se diseñan varias rutas alternativas y, justo en el último momento se decide cuál se recorrerá. Están contemplado hasta posibles cortes de carreteras por obras. ¡Ya ven, nada se escapa de este control

Muchas, pero muchas cautelas

El tránsito en los aeropuertos es también muy curioso: Ni hacer colas, ni largas esperas. Cuentan con una oficina propia en ellos (casi a pie de pista) para realizar todos los trámites de aduanas.

Las compañías de seguros tienen regulada la modalidad de póliza “clavo a clavo” que cubre todos los riesgos y daños de este itinerario: desde que se descuelga un cuadro, hasta que se vuelve a colocar en otra exposición de destino. Las cajas de embalaje son ya en sí mismas, una “obra de arte”: están diseñadas para evitar que la obra pueda moverse en su interior.

De todos estos temas charlamos hace unas semanas en el Museo Arqueológico de Murcia con su director, Luis de Miquel y con Ana Ruiz, que coordina el montaje de las exposiciones en el Centro Cultural “Las Claras” de Murcia. Los asistentes pudimos apreciar (y tocar) todos los materiales plásticos más utilizados; aquellos otros que no generan gases para evitar cualquier daño a una pintura. Hasta los tornillos de sujeción son especiales. ¡Imagínense que se cae un cuadro una vez colgado!

La llegada a destino

A la hora de las tareas propias del montaje en la sala, se cruzan las prisas de los montadores que quieren realizar rápidamente su trabajo, con el detenimiento y minuciosidad de los conservadores que requiere examinar, casi con lupa, que la obra ha llegado en perfecto estado.

Cuando voy conduciendo y veo estos camiones (normalmente son pocas compañías especializadas en el transporte de obras de gran valor y ya conozco a casi todas) siempre me intriga saber qué llevarán en su interior. Y si irá un “correo” (servicio de Courier) en ellos custodiando la obra durante todo el trayecto.

En las exposiciones: Unos lectores sui generis

Los datos de estas empresas y profesionales que participan en este viaje de las obras de arte aparecen siempre impresos en las exposiciones. Si Vds. son de los que se quedan a leer los créditos después de una película (para saber más sobre el vestuario, las localizaciones, etc.), seguramente también se quedarán leyendo esta información “del viaje” de las obras. Cada vez somos más los lectores de estas cartelas tan “viajeras”.

 

 

 

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