Allí la escondieron. Bajo una mirada actual en el siglo XXI, no era el mejor sitio sí pensamos en la alta probabilidad de incendio que tiene este lugar. Las normas de prevención de riesgos no regían por aquella época.
La ordenanza publicada en el año 1.756 prohibía el juego en las posadas pues traía problemas, peleas y alteración del orden (siempre ha habido malos perdedores). La solución fue rotunda: Una “ley seca” a todos los juegos de cartas.
¿Qué hacer con ellas entonces? La picaresca española (que es otra constante histórica) entró en acción y escondieron una baraja entre la paja (era fácil meter la mano y seguir jugando como si nada cuando la autoridad se hubiera marchado). Hay otros que dicen que quizás se dejó allí por descuido, por rapidez… ¡Los misterios de las cosas escondidas!
Muchos años después, en el siglo XX, en unas obras de rehabilitación, los albañiles, entre los escombros, la encontraron. Rápidamente la llevaron ante las autoridades y expertos y, ¡se trataba de una baraja pintada a mano datada del año 1729!
Hoy está custodiada en el Museo Nacional de Artes Escénicas de Almagro. Este museo está ubicado en la sede de un palacio: De un pajar a un palacio, éste ha sido el recorrido de esta famosa baraja. 
Pero este año “ha visto la luz de nuevo”: Ha servido de inspiración para el precioso cartel publicitario del Festival Internacional de Teatro de Almagro (en su 49ª edición). Su autora, Judith Canela, ha unido la baraja casi como si fuera un puzle. Y el diseño aparece por todos los rincones de la ciudad: en las ventanas, en abanicos, etc.
Vamos de palacio en palacio
De esta famosa baraja pintada en Almagro (que vulneró una prohibición legal) viajamos, también con las cartas y juegos, hasta el centro histórico de Vitoria, concretamente al Museo Fournier de Naipes de Alava. Se encuentra en el Palacio de Bendaña y comenzó con una colección privada a raíz de un par de barajas que encontró (otro pequeño hallazgo) en el despacho de su abuelo, Heraclio Fournier, un fabricante de naipes que se instaló en esta localidad.
Parte del edificio es el museo arqueológico. Por lo que resulta interesante entrar en él y poder entender a nuestro antepasado el homo faber, pero junto a todos los artilugios fabricados por él para cocinar, cazar y defenderse, también encontramos al homo ludens, que rompía un poquito esta rutina de la vida corriente (como nosotros en verano).
Este museo de naipes tiene barajas de todo el mundo (musicales; del tarot, etc.). En el patio se puede ver toda la maquinaria que se usaba para imprimirlas.
Una vitrina que despierta gran interés
Estaba yo tranquilamente paseando por las salas de este museo, me llamaron la atención unas barajas chinas preciosas cuando, a lo lejos, vi a un grupo de ancianos, muy risueños, arremolinados en una vitrina, todos mostraban mucho interés. Sus caras pegadas casi al cristal. Evidentemente me acerqué también, me hice un hueco como pude y, allí estaba la baraja del Kamasutra que, (¡ejem!) nos lleva al título de este artículo.
Esas largas tardes de verano…
Que Vds., queridos lectores, pasen un verano con muchos ratos de diversión. Y si lo son con un juego de cartas, con una baraja en mano, con un granizado, con la familia y amigos… será todo un hallazgo (otro más, ya van tres) ¡de felicidad!