La Verdad

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Una tienda de sartenes sin Ritmo
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Antonio Botías | 03-11-2017 | 12:54| 1

Tienda RitmoVengo de ver, que diría Lope. Pero no aquello de “un niño en pobrezas tales, que le di para pañales, las telas del corazón”. Ni vengo de ver lo que escribiera Rafael de León: “¿De dónde vienes tan tarde?  ¡Dime, di! ¿De dónde vienes? Vengo de ver unos ojos, verdes como el trigo verde”. ¿Quién no se retrasa por admirar unos ojos verdes? En cambio, yo me he retrasado al descubrir que la entrañable tienda de Ritmo, que no hace falta decir qué vendía, ha vuelto a abrir. O eso creí, maldita miopía. Porque al acercarme a su fachada, en aquel lugar que tanto encanto musical destilaba, ¿qué dirán que han inaugurado? ¿Otra ágora de los amantes de la música? ¿Un nuevo lugar donde distraer el tedio de la rutina calle Sociedad abajo? ¡Échame cartas!

Han abierto una… ¡tienda de sartenes! Así que vengo de ver, frito como unas rechigüelas huertanas, cómo se nos muere otro rincón histórico de esta Murcia que tanto nos hace sufrir. Morir. Como murió mi amigo Nacho Massotti, aquel improvisado oráculo que, sentado en una silla a la puerta de su tienda, despachaba chascarrillos, sonrisas y murcianía a cuantos se acercaban. ¡Ay Nacho, una tienda de sartenes! Pero tú, que retranca te sobraba, dirías ahora: “¡Pues no nos faltará sartén para el almuerzo!”.

Una tienda de perolas, de nombre con poco ritmo, se adueña de aquellas paredes donde sonó tantas veces ese Himno a Murcia cuya letra, que es de Jara Carrillo, pocos políticos saben, aunque muevan los labios con ridículo disimulo. Allí permanecía hasta ahora el recuerdo de Manuel Massotti, joven pianista valenciano que llegó a Murcia en 1912. Y ya no se marcharía nunca, como nadie suele hacerlo cuando conoce estas latitudes. Y hasta impulsó la fundación del Conservatorio, que hoy lleva el nombre de su hijo, Massotti Littel. Pero de ‘littel’ tenía bien poco. Profesor mercantil, abogado y el catedrático de armonía más joven de España en su época.

29/09/2016. En la tienda música Ritmo en la Calle Sociedad, Han dejado varios mensajes de condolencia en la pared por el fallecimiento del dueño

No tocaba, ciertamente, las sartenes. Ni tampoco se tocaba los… cazos. Más bien compuso con exquisito gusto obras como Nana huertana, Salve de Auroras, Habanera Divina… Entre aquellas paredes, Massotti Littel citó a los padres de un joven Ginés Torrano, quien entonces andaba de ebanista. Y les dijo que la voz del zagal era sublime y que, como tenor, podría hacerse rico. Y lo fue, al menos como gloria murciana de la música. Ya todo son recuerdos. Hasta Torrano, a quien, si nos descuidamos, también lo enterramos sin su homenaje. ¿O no se lo dimos?

Ahora tenemos, hijos míos, una tienda de sartenes donde, como mucho, podremos improvisar una cacerolada al tiempo que se nos escapa. Quizá lo hace por esa sendica del olvido, ¡ay Vicente Medina!,  por donde se fueron “pa’ no volver nunca”, los recuerdos del lugar en que nuestros padres compraban las últimas novedades: El Dúo Dinámico, Paul Anka, Rudy Ventura, Los 5 Latinos, Gloria Laso, Lolita Sevilla, Los Llopis. Por esa sendica por la que marchó aquel hijo que se llamaba Nacho, el de Ritmo y el del Rescate, y a quien su padre, de los últimos caballeros murcianos que nos van quedando, tuvo la desgracia de enterrar. Por esa sendica de la modernidad de franquicia que todo lo puebla en esta descuidada Murcia se nos fue Ritmo. Y llegaron las sartenes. Por eso vengo de no ver nada. Ojalá no hubiera ido.

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«Cataluña para los murcianos»
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Antonio Botías | 18-10-2017 | 18:04| 0

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Eran inmigrantes con «los ojos malos». Como se dice de las bestias. Eran fornicadores, sucios, catetos y comunistas. Eran una raza inmunda que merecía la eugenesia. Y también, como aquellos que arriesgan la vida en Ceuta, venían de África. Porque Murcia solo era eso para algunos catalanes en 1932. Y si no lo creen, pasen, lean e indígnense.

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«En Murcia hablan el más bello catalán del mundo»
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Antonio Botías | 30-09-2017 | 10:47| 0

Santa EulaliaMuchos de ellos eran murcianos recientes que apenas habían descubierto la ciudad. Pero habían llegado para quedarse y, con el paso de los siglos, determinar que nuestra Murcia actual no sea una provincia andaluza más. Se trata de aquellas huestes que acompañaron al Rey Jaime I durante la Reconquista del antiguo reino y que repoblaron estas tierras que pronto les maravillaron. Entre los primeros pobladores, un gran número era de origen catalán. Y no resulta muy complicado descubrir su herencia e influencia, aunque a través de la historia haya sido a menudo silenciada.

La mayoría de los autores siempre se han basado en la ‘Crónica’ de Alfonso X, quien unas veces resta trascendencia a la intervención de Jaime I y otras incluso inventa datos y varía la cronología. Ya durante la celebración del 700º aniversario de la creación del Concejo de Murcia, hace ahora medio siglo, resultó evidente la presencia de alusiones al rey castellano, aunque algunos investigadores advirtieron en los papeles periódicos que, más que armas castellanas, fueron aragonesas y catalanas las que conquistaron Murcia.

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¿Desembarcó Drácula en Cartagena?
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Antonio Botías | 16-09-2017 | 18:17| 0

nosferatuPara acercarse a la historia del vampirismo no hay que escalar las cumbres oscuras que cercan Rumanía. Ni tampoco morirse de miedo en el castillo, tan imponente como restaurado, del conde Drácula. Entre otras cosas, porque Cartagena ya atesora una sorprendente leyenda que, durante un siglo, ha circulado como un rumor de boca en boca. Ahora, los investigadores arrojan luz sobre el caso de un supuesto vampiro que aterrorizó media España tras ser desembarcado en Cartagena; muertes inexplicables, cadáveres desangrados y desapariciones repentinas forjaron el cuento.

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Apuntes de Feria (III): La histórica Feria de las bombillas
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Antonio Botías | 11-09-2017 | 07:39| 0

Feria 1929Si hubiera que rescatar de los anaqueles de la historia murciana una Feria de Septiembre sería, sin lugar a dudas, la programada en 1929. Porque fue la primera que celebró, por todo lo alto, el encendido del Real, tras una polémica con el alcalde, y la fiesta se extendió por toda la ciudad.

Las obras de remodelación de La Glorieta desterraron durante el verano de 1929 la antigua verja que la circundaba y sus árboles centenarios e incluyeron bancos de azulejos y bastidores de hierro por donde trepaban rosales, junto a nuevas farolas. Atrás quedaron los profundos baches que salpicaban la explanada y los vendedores de agua de acequia, que adornaban el producto con verdolagas.

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Sobre el autor Antonio Botías
Este blog propone una Murcia inédita, su pequeña historia, sus gentes, sus anécdotas, sus sorpresas, su pulso y sus rincones. Se trata de un recorrido emocionante sobre los hechos históricos más insólitos de esta Murcia que no vemos; pero que nos define como somos. En Twitter: @antoniobotias

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