La Verdad

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Categoría: Crónicas Murcianas
Un irlandés como patrón de Murcia

Cuando la comunidad irlandesa en Murcia levanten hoy sus pintas de cerveza para celebrar el día de San Patricio, remoto patrón de aquella isla, también honrarán, aunque ni siquiera muchos murcianos lo recuerden, al patrón de nuestra ciudad. Porque desde hace cinco siglos y medio ostenta ese privilegio, según lo prueban diversos documentos históricos. Aunque la Fuensanta lo haya arrinconado, todavía está por descubrir quién y cuándo, sobre el papel, la nombraron a Ella patrona.

Reinando Juan II, las discordias entre los nobles que convirtieron a Murcia en un territorio bélico fueron aprovechadas por el caudillo granadino para fortalecer sus fronteras y realizar incursiones. La presión de los moros ocasionó que los nobles murcianos firmaran una tregua para aunar esfuerzos contra aquellos. Y en esas andaban cuando el ejército granadino invadió el territorio hasta alcanzar San Pedro del Pinatar.

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El robo de La Fuensanta, desvelado

El buen sacristán Eduardo Gassó jamás habría de olvidar aquella mañana fría cuando descubrió cómo el fabuloso joyero de la Fuensanta había desaparecido. Sucedió el 8 de enero de 1977. Entre otras piezas, los ladrones se llevaron de la Catedral la corona de la Patrona, una obra en oro con 5.872 piedras preciosas, entre brillantes, diamantes, zafiros, esmeraldas, rubíes y topacios. Y también la del Niño, compuesta por 1.749 piedras, junto al llamado pectoral de Belluga, su anillo y un broche.

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La voz del desierto… de La Luz

La Voz del Desierto. Mire usted si será rico el diccionario y han venido a llamarlo La Voz del Desierto. Incautos. Me refiero a uno de los grupos invitados al festival de oración que se celebrará esta semana en el colegio Villa Pilar o en el Eremitorio de La Luz, que igual me da. Sí, el mismo cenobio que se está cayendo a trozos sin que a nadie se le caiga la cara de vergüenza. Porque para voz en el desierto, pero bíblica de verdad, la que muchos alzamos desde hace tiempo sin éxito alguno. Aquel histórico edificio, que se desmorona día a día, acogerá “dos noches de adoración musicales, testimonios, unción de enfermos y un concierto. Todo ello bajo el lema: “Venid, benditos de mi Padre”.

Así lo anuncia el Obispado, que tampoco se ha alterado mucho ante las denuncias de ruina. Y lo mismo recomiendo yo: Id benditos míos y, entre rezo y rezo, echad una mano (de yeso, sobre todo) para que La Luz no pase a la Historia. Eso será lo único que salve este enclave, vista la pasividad de los frailecillos que allí se cobijan y quienes, por miedo a que el señor obispo, su eminencia, les de puerta, no alzan la voz ni para cantar laudes. Por cierto, hermanicos míos, deberían haber llamado ustedes a esta quedada La Voz del Desierto… de Salent, que así se llamó el lugar donde moran et poco laboran entre grietas y humedades.

Que a mí me parece genial que ofrezcan a Dios las estrecheces que soportan, pero sencillez no equivale a dejadez. Y la humildad, en no pocos casos, esconde vanidad. Aunque dentro de poco ya no habrá muros en el monasterio que escondan nada. Si es cierto que como decía santa Teresa “la humildad es vivir en la verdad”, la verdad es que el eremitorio de La Luz está hecho una mierda.

 

 

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La ventana murciana del fin del mundo

Es uno de los misterios más profundos de la Región. Tanto, que muy pocos conocen siquiera su existencia. Sin embargo, desde hace muchos siglos, decenas de especialistas han intentado, con mayor o menor éxito, descifrarlo. Se trata de la llamada Ventana de la Aparición, del Santuario de la Vera Cruz de Caravaca, un óculo gótico en piedra de unos 75 centímetros grabado con una gran esvástica central y 42 signos. Ahora, Pablo Alonso Bermejo, medievalista y expertos en simbolismo tradicional, parece haber resuelto el dilema.

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La noche en que la huerta fue mar

Cuando los serenos intentaron advertir a los ciudadanos, el antiguo Partido de San Benito, al otro lado del Segura, ya se encontraba inundado. Eran las dos y media de la madrugada. El atronador toque de arrebato desde la Catedral, tan distinto de las campanadas pausadas que alertaban de un incendio, animó a muchos a salir a las calles para comprobar qué sucedía. Les aguardaba la muerte. Los más precavidos se encaramaron a las azoteas. Sólo era el prólogo del desastre: la terrible riada de Santa Teresa, que se cobraría 761 víctimas.

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Documentos inéditos de Vicente Medina

Mi amigo Manolo Manjón, alma de Los Parrandboleros, me envía tres instantáneas históricas. Y lo hace desde Rosario, en Argentina, donde anda celebrando conciertos y honrando la memoria del poeta Vicente Medina. Y de este genial autor va la cosa. Porque las fotografías de Manjón corresponden al libro donde se registraban los enterramientos. Y allí, claro, figura el nombre del murciano, quien falleció, según el texto, por un cáncer de próstata. Para celebrarlo, además de subir las fotos, recupero esta crónica publicada en @laverdad_es hace unos días.

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Sobre el autor Antonio Botías
Este blog propone una Murcia inédita, su pequeña historia, sus gentes, sus anécdotas, sus sorpresas, su pulso y sus rincones. Se trata de un recorrido emocionante sobre los hechos históricos más insólitos de esta Murcia que no vemos; pero que nos define como somos. En Twitter: @antoniobotias