La Verdad

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«Le advertí a Rajoy de que la solución a la sequía era un trasvase del Miño»
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Antonio Botías | 31-08-2015 | 08:23| 0

Si a Manuel Fernández Enes se lo encontraran en una escalera, gallego de origen como es, les daría los buenos días y seguiría decidido, hacia arriba o hacia abajo, su camino. Y no porque viva en Murcia desde hace 38 años. Ni porque incumpla el topicazo del gallego y la escalera. Lo haría porque siempre pone tanta ilusión en cuanto se propone que muy rara vez no lo consigue. De hecho, como presidente de la Casa Regional de Galicia en Murcia ha logrado alcanzar los 150 socios, lo que le permite al centro el máximo reconocimiento de la Xunta gallega. Ahora andan preparando su tradicional muestra para la Feria de Septiembre, esa que concita a miles de murcianos en torno al pulpo, el churrasco, el marisco, los quesos y los vinos blancos… todas esas cosas que a pocos les gustan, vaya.

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«Un león marino es entrañable como un niño… pero de cien kilos»
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Antonio Botías | 22-08-2015 | 04:39| 0

Los confunden con focas, quizá porque hasta hace medio siglo existían en las costas españolas. Pero son leones marinos. Aunque a Óscar Fernández, biólogo del parque Terra Natura Murcia, se le antojan niños. Eso sí: niños de 100 kilos y con mandíbulas más poderosas que las de un pitbull. Solo es ‘postureo’ animal. Porque son seres tan sociales que interactúan con cualquier público. Hasta protagonizan una espléndida terapia con pequeños discapacitados. Y no, no muerden nunca.

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«Mucha gente aún aplasta sardinas en el marco de la puerta»
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Antonio Botías | 15-08-2015 | 10:15| 0









Los salazones, como es bien conocido, disparan la tensión. Indiscutible. Tan verdad como la solución que propone Fina Sánchez, decana en la venta de este manjar murciano y quien sostiene como remedio infalible “irse a la playa, que la mar la baja”. Y entonces rompe a reír a carcajadas, blancas y húmedas como el viso, mientras sus parroquianos se amontonan frente al antiguo mostrador del histórico mercado de Verónicas.

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Jueves negro' entre paparajotes
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Antonio Botías | 18-02-2009 | 18:46| 0

Fue en un día destemplado, de otoño arriscado, cuando los murcianos disfrutaron de la afamada película Corazones y Contratos en el Teatro Circo Villar. Murcia amaneció nublada mientras en el Ayuntamiento, la Permanente, hoy conocida por Comisión de Gobierno, reunía a los concejales para debatir el padrón de bicicletas y el de carruajes de lujo.

El kilo de merluza andaba por 5 pesetas y las patatas se vendían en Verónicas a 6 pesetas los 50 kilos, como 50 eran los años que ofrecía el Banco Hipotecario de España para devolver préstamos a largo plazo sobre fincas rústicas y urbanas, con un 5,5% de interés, con amortización de capital. Y también se encontraban por las calles las populares fajas para señora de la marca Madame X o el tónico nutritivo Carne Líquida, del doctor Valdés.

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Y se hizo, a la fuerza, la luz
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Antonio Botías | 21-09-2008 | 11:00| 0

Cuenta la leyenda, aunque reciente, que los habitantes de una pedanía próxima a Murcia, enterados de que llegaba la electricidad, salieron a las calles con cubos y barreños para recoger la parte que les correspondiera. Y aunque a tales excesos no alcanzó la cuestión, lo cierto es que este invento que nos acompaña desde el parto al cementerio tuvo unos inicios en Murcia tan sabrosos como dignos de mención.

El alumbrado público en Murcia se inauguró el 25 de agosto de 1779, cuando se encendieron hasta 800 faroles de aceite, cuyo coste se satisfacía con los arbitrios sobre la nieve -que se vendía en la actual calle Radio Murcia-, el vino, los alquileres de casas o la carne. Casi un siglo más tarde, las primeras farolas de gas iluminaron la Glorieta. Entretanto, el viajero Alejandro Laborde escribiría en 1807 que Murcia no tenía alumbrado porque «se pusieron faroles; pero la novedad chocó al pueblo de tal modo que todas fueron rotas la primera noche a pedradas». En fin.

La electricidad resonó, a través de algunos timbres eléctricos instalados en el Ayuntamiento de Murcia, en 1886. Al año siguiente, se electrificó el Casino. Sin embargo, las farolas de gas y de petróleo seguirían presentes en las calles, y los continuos escapes secarán decenas de árboles, como sucedió en 1904. Sin contar la pillaresca de los faroleros, siempre dispuestos a hurtar el combustible que, alrededor de 1895, costaba al Consistorio hasta 10.000 pesetas al año.

El gas y el petróleo, al menos, eran adelantos conocidos. Porque hubo otros que dejaron boquiabiertos a los lectores. Es el caso de la bujía de esperma de ballena que el Diario de Murcia anunciará en 1894 como una nueva energía inofensiva. Aunque el prudente redactor elude explicar cómo demonios se obtenía tan preciado fluído. Eso sí, aclara que la industria ha llegado «a la mayor perfección».

«¿Y si hay tormenta?»

El Diario de Murcia, en 1894, anuncia que el invento de la electricidad pronto llegará a la ciudad. La noticia, en cambio, apenas recibe atención, si exceptuamos un curioso breve que advierte de que se encuentra en Murcia el ingeniero encargado de dirigir los trabajos. Sin embargo, no faltarán voces que adviertan de los peligros de tender cables con electricidad sobre sus cabezas cuando -ponían por caso- se produzca una tormenta.

Isaac Peral, a quien todos recuerdan como inventor del submarino y nadie por haber puesto en marcha las primeras 22 centrales de alumbrado en España, explicará en la prensa las bondades del invento. Todos se convencieron. Mientras el Consistorio observaba con dejadez la puesta en marcha del alumbrado público, ya en 1891 muchos particulares lo disfrutaban. Así lo prueba un anuncio del diario La Paz, que ofrecía por la desorbitada cifra de 25 pesetas una «luz eléctrica portátil». Ocho años más tarde, el Ayuntamiento dio luz verde a encender bombillas en Platería y Trapería durante el Carnaval, y en El Malecón. Y pare usted de contar. De hecho, el 1 de febrero de 1918, cuando Murcia quedó a oscuras por la falta de combustible que provocó la Primera Guerra Mundial, no hubo más remedio que instalar centenares de bombillas para garantizar la seguridad. Sin embargo, otros lo tenían más claro. Y muchos años antes. Es el caso del empresario Enrique Villar, quien solicitó en 1903 la explotación de las aguas que sobraban en la Contraparada para producir energía eléctrica. Otro murciano levantaría una central eléctrica junto a la calle de la Aurora. Ya bien entrado el siglo pasado, la electricidad se extendió por Murcia y sus pedanías, empezando por la Raya, en 1905. La última farola de gas aguantaría en nuestra calles, acaso algo polvorienta y aburrida, hasta el año 1946. A nadie, como ocurre en estas latitudes, se le ocurrió conservarla.

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Sobre el autor Antonio Botías
Este blog propone una Murcia inédita, su pequeña historia, sus gentes, sus anécdotas, sus sorpresas, su pulso y sus rincones. Se trata de un recorrido emocionante sobre los hechos históricos más insólitos de esta Murcia que no vemos; pero que nos define como somos. En Twitter: @antoniobotias

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