La Verdad

img
Apuntes de Feria (II): La Fuensanta, Fallera Mayor
img
Antonio Botías | 10-09-2017 | 17:33| 0

fallera-3-dic-1957-lA los murcianos, porque lo aprendieron solos, nadie les enseñó lo mucho que costaba el agua. Incluso cuando les costaba la vida, que era a menudo por las terribles avenidas del Segura y el Guadalentín. Y en esa escuela de riadas a traición, además, supieron que ayudar a quienes las padecen es una prioridad. Como aprendieron, por ejemplo, cuando la de Santa Teresa asoló la vega el 15 de octubre de 1879 y medio mundo se movilizó. Y como hizo Murcia cuando, también en el día de la santa de Ávila, unTuria hecho muerte azotó Valencia los días 13 y 14 de octubre de 1957.

Ver Post >
Apuntes de Feria (I): La romería del III Reich
img
Antonio Botías | 06-09-2017 | 17:10| 0

El mismo día en que los primeros cañonazos de la II Guerra Mundial atronaban los cielos polacos, en la ciudad de Murcia «tracas y cohetes rasgaban los aires en señal de alegría». Pero no se festejaba la invasión alemana, sino la llegada de la Patrona, la Virgen de la Fuensanta, a la Feria. Y es que aquel primero de septiembre de 1939, los murcianos se debatían entre la incertidumbre de una inminente contienda mundial, el cansancio de la Guerra Civil -que había acabado apenas hacía cinco meses- y el sabor agridulce de celebrar unas fiestas que en muchos hogares había proscrito el luto.DOCU_VERDAD

Para colmo, el obispo de la Diócesis, Monseñor Díaz y Gomara, también decidió regresar el mismo día en que Alemania invadió Dantzig (hoy Gdansk), así que el prelado, quien llevaba dos años largos en el exilio, tuvo que compartir las portadas de los diarios con enormes titulares a toda página sobre las operaciones emprendidas por el Tercer Reich.

Ver Post >
La Peligros sí se irá con La Morenica
img
Antonio Botías | 04-09-2017 | 09:24| 0

A la Virgen de los Peligros de Sopetrán, vulgo La Peligros que está ‘encimica el Puente’, la cambiaron de una ribera del río a la otra. Pero esa curiosidad, en esta Murcia desmemoriada, pocos la recuerdan. Como también se desconoce que la imagen primitiva fue donada a la ciudad por un barbero. Y menos se sabe por qué se llama de Sopetrán. En 1372, la Orden Benedictina fundó el monasterio de Nuestra Señora de Sopetrán en Guadalajara. La fama de milagrosa que adquirió la talla atrajo a los peregrinos, entre ellos al barbero Alonso Sánchez. Alonso, murciano de cuna y hambruna, había hecho fortuna en Madrid. Un tiempo después, unos labradores del barbero hallaron una talla enterrada, que Alonso identificó como la Virgen de Sopetrán. Y le dio culto en su casa.

La Virgen de los Peligros, en Belluga en 1929.

La Virgen de los Peligros, en Belluga en 1929.

Pero cierta noche soñó que la Señora, caprichosa ella, quería ser trasladada a Murcia. En julio de 1636 –otros señalan 1626- quedó a cargo de las monjas Verónicas, donde profesaba una prima del barbero. Y luego fue a adornar el antiguo puente sobre el Segura, como explicó en su día la investigadora Concepción de la Peña en la obra ‘El Puente Viejo de Murcia’, auténtica biblia en esta materia. Ya en 1723, cuando Toribio de la Vega inició las obras, hizo mención de la imagen aunque, curiosamente, la situaba a este lado del río, en la cárcel de la Inquisición «donde está colocada la imagen de Nuestra Señora de los Peligros».

Ver Post >
Tejerina, la dañina
img
Antonio Botías | 11-09-2017 | 07:43| 0

Otra Tejerina vendrá que buena te hará, Narbona que Gloria llevaste como paz dejaste en Murcia. Y miren que lo tenía complicado la socialista que derogó el trasvase del Ebro. Con un par y con todo su morro. Que de morro le echaba treinta kilómetros. Y encima, porque así somos de serviles en esta tierra, le dimos más tarde un premio. Con otro par. Pues bueno: A aquella Narbona que cuando hablaba de los murcianos parecía la niña del exorcista con resaca, a aquella ministra que dinamitó el Plan Hidrológico Nacional, a esa misma le ha salido una feroz competidora.

Ver Post >
¡Al fin nos escucharon, Juan de la Cierva!
img
Antonio Botías | 02-07-2017 | 17:10| 0

Ahora, cuando andan algunos dándose ‘bofetás’, que así siempre se dijo en la huerta, para atribuirse la decisión de nombrar el nuevo aeropuerto Juan de la Cierva, hay que recordar que, desde hace ya muchos años, hay quienes venimos, con desigual éxito, pidiendo eso mismo. Y para demostrarlo, basta con escarbar en la espléndida hemeroteca de ‘La Verdad’ y rescatar una pieza publicada hace ahora siete años donde servidor pedía ese nombre para el aeródromo. Y si me apuran, busco algún reportaje anterior, que también los conservo. Y, si hace falta, pido perdón por haber propuesto ese nombre antes que otros, que ahora quieren adornarse mientras, también por su culpa, languidece el patrimonio histórico murciano.

Aquí adjunto aquella información de 2010, aunque sea para conocer que, en cuestión de honrar a murcianos ilustres, nos damos la prisa justa, justa.

El sueño aplazado de Juan de la Cierva

Los murcianos, contra todo pronóstico eclesiástico, aguardaban aquella tarde la llegada de la Fuensanta mirando al cielo. Y no para suplicar el agua que tantas veces le habían implorado. Ni siquiera alzaban sus ojos para comprobar si había nubes. Más bien, deseaban que no las hubiera. Porque aquél 5 de septiembre de 1930, a la puerta de la iglesia de El Carmen, la novedad no era recibir a la Patrona. El silencio auguraba una escandalera. Una multitud de fieles colmaba las calles engalanadas mientras el Cabildo catedralicio y el Ayuntamiento, bajo mazas, se impacientaban. Seguían levantando la vista por encima de la multitud.0001

A la Fuensanta, como era costumbre en su regreso a la ciudad, le arrojaban pétalos de flores a su paso. Sin embargo, incluso aquellos que esperaban el trono en sus balcones también escrutaban las alturas. Y entonces sucedió. El autogiro de Juan de la Cierva apareció en el horizonte y fue descendiendo hasta sobrevolar a la Patrona, cubriendo la talla de una lluvia de pétalos de rosa. La tensión se desbordó. Miles de murcianos correspondieron al ingeniero agitando sus pañuelos y la Morenica, quizá también por vez primera en su historia, fue titular en casi todos los diarios españoles. Este año se cumplen ocho décadas desde aquel memorable vuelo. Todo comenzó con el anuncio del regreso a Murcia del inventor. Aquel retorno a la patria chica culminaba la dedicación de toda una vida. Ese mismo año, el genial Thomas A. Edison había declarado que el autogiro constituía, “después del primer vuelo de los hermanos Wright, el mayor progreso aeronáutico alcanzado por el hombre”.

Juan de la Cierva nació en Murcia, en 1895, y estudió ingeniería en la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos en Madrid. En 1919, después de presenciar el accidente de un biplano experimental, que él mismo diseñó, comprendió la necesidad de hacer más segura la aeronáutica. No imaginó que moriría en un accidente de avión.
Después de varios fracasos, el primer autogiro alzó el vuelo a comienzos de 1923 en el aeropuerto de Cuatro Vientos. Comenzaba la leyenda. Apenas dos años más tarde, De la Cierva continuó sus investigaciones en Gran Bretaña, donde fundó la compañía The Cierva Autogiro Company. Antes, en el Salón de París se proyectaron varias películas sobre el invento, que atrajeron sobre este ingenio la atención de numerosos gobiernos.

El murciano también fundó otra compañía para el desarrollo del autogiro en Estados Unidos: The Pitcairn-Cierva Autogiro Company of America. Para esta empresa contó con el apoyo del multimillonario Harold F. Pitcairn, quien consiguió difundir los autogiros por todo el país, tanto para usos públicos como privados. ¿En qué residía su genialidad? Entre otras cuestiones, el principio de sustentación del autogiro difiere del helicóptero, cuyas paletas están accionadas por el motor. En el autogiro, en cambio, se mueven por la fuerza del viento. La diferencia garantiza la seguridad del aparato, ya que es posible hacerlo descender, de forma vertical, en caso de que el motor se detenga. La tenacidad e ilusión de Juan de la Cierva encontraron amplio eco durante años en los diarios regionales, cuyo interés alcanzó cotas increíbles ante el anuncio de que volvía a Murcia tripulando un autogiro.

El día 20 de agosto de 1931 una comisión del Ayuntamiento de Murcia, junto a varios ingenieros y aviadores, recorrieron el municipio palmo a palmo: debían encontrar un lugar adecuado para el aterrizaje. Y lo hallaron en el campo de Sangonera, próximo a la urbe y despoblado. Allí construyeron una pista de aterrizaje y un cobertizo para guardar el autogiro, mientras la ciudad ultimaba “un grandioso homenaje”. Lo sería. Entretanto, uno de sus autogiros aterrizó ese mismo año en la mismísima Casa Blanca, donde el presidente Herbert Clark Hoover recibió a sus tripulantes.
El alcalde invitó a los murcianos a recibir al inventor, estableciendo líneas de autobuses hasta Sangonera. La Diputación propuso adquirir terrenos para construir un aeropuerto. Comisiones de todos los municipios confirmaron su asistencia. Al llegar el aparato se dispararon cohetes y repicaron las campanas, la fachada del Consistorio fue iluminada y los banquetes populares se sucedieron.

En aquella ocasión, De la Cierva condensó en su discurso toda una filosofía de vida. “No soy orador y nada podría deciros. Con mi aparato delante podría hablaros de muchas cosas”. Y añadió: “He venido después de recorrer parte del mundo para ofrecer mi cariño a Murcia, por mí siempre amada”. Lo decía el científico más galardonado de su tiempo y, quizá, el más importante de la historia contemporánea española o, cuando menos, el más reconocido.

Mientras De la Cierva triunfaba siempre tuvo a Murcia muy presente. De hecho, en 1935, en un encuentro entre la directiva de la Cámara de Comercio y el ingeniero, se gestó la propuesta para ubicar un aeropuerto en el Municipio. El proyecto generó la ilusión y el apoyo de las autoridades y la Cámara adquirió terrenos en Sangonera para llevar a cabo las obras. El inicio en 1936 de la Guerra Civil frenó el proyecto.

El éxito alcanzado por este murciano universal se vio truncado, curiosamente, por un accidente aéreo. Ocurrió el 9 de diciembre de 1936, cuando se disponía a volar de Londres a Ámsterdam en un avión de línea regular. No tuvo oportunidad de ver cómo la tecnología de su invento permitía a otros hacer volar el helicóptero. Tampoco vio cumplido su sueño de que Murcia tuviera un aeropuerto. Al menos, siquiera para hacer justicia, debería llevar su nombre el que ahora se construye. Así debería ser.

Ver Post >
Sobre el autor Antonio Botías
Este blog propone una Murcia inédita, su pequeña historia, sus gentes, sus anécdotas, sus sorpresas, su pulso y sus rincones. Se trata de un recorrido emocionante sobre los hechos históricos más insólitos de esta Murcia que no vemos; pero que nos define como somos. En Twitter: @antoniobotias

Últimos Comentarios

Jesus Penalver 07-04-2017 | 16:38 en:

Etiquetas

Otros Blogs de Autor