La Verdad
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Categoría: Arquitectura
Elogio al espacio público

Defienden el espacio público y la participación espontánea de los ciudadanos en sus proyectos. Dos aspectos que están muy presentes en la obra con la que han ganado el Premio Regional de Arquitectura: ‘La misteriosa historia del jardín que produce agua’, en Cehegín. Los madrileños Mónica García y Javier Rubio, del estudio Cómo crear historias, derrochan imaginación en su reto de “hacer una ciudad más amable, que te reconforte cuando lo necesites”. Con motivo de la entrega del galardón (el 4 de diciembre, a las 19 horas, en el Archivo General de Murcia), recuperamos la entrevista concedida a ‘La Verdad’.
–Su proyecto ganador en los Premios de Arquitectura de la Región es un jardín. ¿No puede parecer una contradicción?
–Donde hay espacio para ser vivido, hay arquitectura. Este jardín es un espacio público que además esconde en un bolsillo un edificio destinado a vivero de empresas. Aunque no llevase este edificio, seguiría siendo arquitectura.
–De hecho, es una obra viva, porque aún debe crecer toda esa vegetación para alcanzar la imagen que ustedes idearon.
–Sí, se trata de una obra en continua transformación sujeta a la acción vegetal, del paso de las estaciones y del tiempo. Es una delicia disfrutar de cómo este espacio sigue construyéndose, nosotros tan solo sembramos la semilla.
–A la hora de pensar en esta nueva imagen para El Coso de Cehegín, tuvieron muy en cuenta los senderos que habían creado los propios vecinos, casi de una forma natural, con el paso del tiempo. ¿Hasta qué punto es importante la participación de los usuarios/ciudadanos en sus diseños?
–El solar de El Coso era una gran herida en la ciudad iniciada como consecuencia de una nevada en los 50. Las calles que daban a este espacio quedaron desconectadas, pero los habitantes necesitaban atravesarlo para pasar al otro lado, así que comenzaron a trazar sus propios caminos, eligiendo los más cómodos, es lo que se conoce como “desire paths”, caminos creados con los pasos de las personas que decidieron su trazado. En nuestro estudio este tipo de mecanismo de participación espontánea es esencial y lo incorporamos al diseño de nuestros proyectos, es un tipo de participación pura y efectiva, tan solo hay que escucharla.
–Ahora, buena parte de los proyectos de ciudad suelen pasar antes por una consulta ciudadana. Pero existe la posibilidad de que los vecinos, por diferentes motivos e intereses, se equivoquen. ¿No es jugar con fuego, ya que puede conducir a errores o fallos esta “arquitectura democrática”?
–Es posible que se juegue con fuego si no se emplea de manera adecuada esa participación. ¿Someteríais a consulta ciudadana cómo realizar una operación de corazón? No, ¿verdad? Pues en la arquitectura es lo mismo. Sin embargo, lo que sí que es necesario es detectar los síntomas para que un profesional diseñe el procedimiento a seguir o cómo realizarlo de manera específica. Los ciudadanos tienen su conocimiento basado en el uso y necesitan apoyo de expertos para poder profundizar más.
–Esta ha sido una edición de los premios marcada por la ecología, la sostenibilidad y el ahorro; también alejada de proyectos faraónicos y preocupada por lo que desean y necesitan sus futuros usuarios. ¿Es esta la arquitectura de un nuevo tiempo, de nuestro tiempo?
–Hace años que lleva siendo así. De hecho la reflexión en torno a la ecología, sostenibilidad y ahorro o eficiencia en arquitectura existe desde hace mucho tiempo. Nosotros creemos que todos los proyectos deben contar desde sus planteamientos iniciales con estos tres aspectos, que se apoyan mutuamente. No considerarlos por el motivo que sea nos parece ir en contra de la realidad.
–Comparten profesión, comparten estudio y, también, un proyecto de vida [su hija Violeta nació en 2011]. ¿Resulta más fácil así el proceso creativo?
–Sí, para nosotros fue algo natural que fuese así. Hacemos largas sesiones de ensoñaciones donde vamos encajando las ideas de los proyectos. Se trata de un proceso creativo artesanal basado en el diálogo, la investigación y el trazado a mano sucesivo. Cuando dibujamos, pensamos en todo el conjunto de experiencias que rodean y acogen el espacio, entramos en un proceso circular de dibujo vinculado al trazado y a la manera de contar las cosas que va encontrando su lugar a base de sucesivas capas superpuestas.
–Defienden el espacio público, que en los últimos años ha perdido terreno en favor del negocio privado en muchas urbes, como Murcia. ¿Es posible alcanzar un equilibrio que satisfaga a todos?
–Siempre defendemos el espacio público o de uso público donde se desarrollan gran parte de nuestras acciones sociales. Además de posible, sería muy necesario cambiar el equilibrio que tenemos actualmente, porque en realidad satisface a muy pocos, salvo en contadas excepciones. Estamos condicionados por la ciudad en la que vivimos porque determina en gran medida las relaciones entre las personas que la habitan y nuestro bienestar.
Según Jan Gehl [el arquitecto danés impulsor de la peatonalización de Broadway], en las ciudades se producen tres tipos de actividades básicas en lo que él llama espacio entre los edificios: las actividades necesarias que son obligatorias; las opcionales que te apetece hacer y disfrutas haciéndolas; y las sociales que dependen de la presencia de personas en el espacio público y, por tanto, de las actividades necesarias y opcionales. Si el negocio privado nos quita esta posibilidad de relación o nos hace pagar un precio para poder disfrutarla, entonces no es posible ese equilibrio.

Javier Rubio y Mónica García, en su estudio. / Luis García Craus ("Rivas al día")

Javier Rubio y Mónica García, en su estudio. / Luis García Craus (“Rivas al día”)

–¿Tienen su propia receta para una ciudad más habitable? ¿Cuál sería?
–Si el entorno no es agradable o las distancias son muy largas y además no disfrutas del paseo, realizas el mínimo de actividades necesarias y las haces lo más rápido posible. Esto obliga en muchos casos a usar el coche hasta para ir a comprar el pan. Los espacios exteriores de poca calidad tienen el mínimo de actividad y por lo tanto crean pocas conexiones entre sus habitantes, son lugares que no nos reconfortan.
En una ciudad sana, habitable, conviven una gran cantidad de actividades necesarias, opcionales y sociales. En una ciudad sana, el espacio público es el lugar de encuentro, y no los centros comerciales. Si el medio físico no facilita el disfrute de pasear o de ir en bicicleta, se tiene que recurrir al coche para realizar los desplazamientos y esto deteriora la calidad urbana, pues además de contaminar, disminuye su posibilidad de acoger actividades, vacía las calles, las hace más inseguras y poco apetecibles para disfrutarlas.
Nuestro reto es revertir esta situación y recuperar el espacio público para hacer ciudad, una ciudad más amable, que te ayude en el día a día, que te reconforte cuando lo necesites y que contribuya a crear conexiones entre sus habitantes. Los edificios y su relación con el espacio público son la clave para conseguirlo. Eso es precisamente lo que intentamos conseguir en “La misteriosa historia del jardín que produce agua”.
–Su estudio parece un gran contenedor de ideas: viviendas, acciones urbanas, escaparates, comunicación gráfica, espacios de juego, arte sonoro… ¿Tuvieron que diversificar para sobrevivir o forma parte de su filosofía profesional?
–Forma parte de nuestra filosofía. Lo que más nos gusta hacer es crear y vemos patrones similares de creación en diferentes ámbitos. A lo largo de los años hemos desarrollado un conocimiento basado en la investigación en diferentes ámbitos unidos por la creatividad. Posiblemente sea una estrategia equivocada, son muchos los que apuntan a la especialización para sobrevivir, pero no podemos evitarlo, nos gusta lo que hacemos en diferentes ámbitos.

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Arquitectura para un nuevo tiempo

Si los premios regionales de arquitectura sirven de termómetro acerca de cómo anda el sector, la sensación es que atrás queda una etapa gris. En esta edición (la número XIX)) de los galardones, que se convocan cada dos años, la nueva edificación (con diecisiete proyectos, la mayoría son viviendas) se impone a la rehabilitación (doce actuaciones); la iniciativa privada gana terreno frente a la promoción pública; y están algunos de los nombres más veteranos pero también nuevos valores; además, con una destacada presencia femenina. Sesenta proyectos compiten en las cinco modalidades que recogen las bases. El jurado tendrá la última palabra el 18 de octubre y anunciará a los nueve ganadores: uno por cada categoría, más un premio a la sostenibilidad, otro a la accesibilidad, un reconocimiento a la labor profesional y, por supuesto, el más importante, el premio regional.

Un repaso (muy por encima) de los trabajos presentados (están disponibles en la web opweb.carm.es/premiosarquitectura) deja la sensación de que estamos ante una arquitectura refrescante, alejada de las obras faraónicas y, por tanto, ajustada al presupuesto, vinculada a su entorno, preocupada por la ecología pero también por conocer qué necesitan y qué desean sus usuarios, hecha con materiales ‘puros’, de líneas rectas o con una volumetria extraterrestre. Techos y paredes de materiales reciclados; obras que no generan escombros. Dominan los espacios abiertos, el disfrute al aire libre, los grandes huecos para que entre la luz natural y las corrientes de aire, en un esfuerzo por ahorrar energía. Estancias para vivir en el campo, la playa o la ciudad, y también para crear. Viejos edificios para un nuevo uso, aunque manteniendo su esencia; proyectos efímeros de los que gozar por un tiempo limitado, construcciones industriales aunque con estilo. Y también arquitectura funeraria. Porque en esta convocatoria no falta ni un panteón.

Algunos de los proyectos presentados.

Algunos de los proyectos presentados.

En resumen, una arquitectura para un nuevo tiempo, participativa, sostenible, pegada a la tierra y más austera, sin perder su belleza. Enhorabuena a todos.

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Dalí y Murcia

El teatro-museo de Figueras (Gerona) donde descansan los restos de Salvador Dalí tiene un toque murciano. La magnífica cúpula que cubre la estancia con la tumba del artista, y que todas las televisiones han mostrado estos días, es obra del arquitecto más famoso que ha dado la Región. Emilio Pérez Piñero, criado en Calasparra, diseñó la estructura (denominada cúpula reticular poliédrica F-12) por encargo personal del famoso pintor. Ambos eran amigos, quizás unidos por el mismo genio rompedor que demostraron cada uno en su disciplina. Esa relación de amistad duró hasta el final. Y el final llegó, como casi siempre, de manera trágica: Pérez Piñero falleció en un accidente de tráfico cuando regresaba, precisamente, de una de sus visitas al pintor surrealista, en su casa de Cadaqués, para ultimar detalles del museo. La triste noticia impactó al creador de los relojes blandos, que envió al entierro un ramo de flores diseñado por él mismo.
La colaboración entre ambos fue más allá, pese al poco tiempo que compartieron. Una fotografía en blanco y negro muestra a Dalí y Pérez Piñero presentando, bajo la Torre Eiffel, una vidriera hipercúbica para cerrar la embocadura del escenario del museo. El pintor estaba entusiasmado con las ideas del calasparreño. “La sola cúpula y la vidriera del museo de Figueras atraerán más turistas que todas las promociones que se puedan hacer en nuestra Costa Brava”, llegó a decir. Los dos también soñaron con una urbanización en el Golfo de Rosas a base de estructuras con forma de erizo de mar. La maqueta fue un regalo de Pérez Piñero a Gala Eluard, musa y esposa de Dalí.

Sala del museo Dalí, con parte de la cúpula de Pérez Piñero.. / Lluis Gene / AFP

Sala del museo Dalí, con parte de la cúpula de Pérez Piñero.. / Lluis Gene / AFP

El proyectista, famoso por su arquitectura móvil y de fácil montaje, falleció en 1972 a punto de cumplir los 37 años. No pudo ver acabada la obra de Figueras, de lo que se encargó su hermano José María, ingeniero industrial, ayudado por su sobrino Emilio Pérez Belda, hijo del arquitecto. Ganó el premio Auguste Perret, considerado el ‘Nobel’ de esta profesión, y hasta la NASA buscó sus servicios para construir invernaderos en la Luna. Así que quién sabe hasta dónde hubiera podido llegar de no haber muerto tan joven. Emilio Pérez Piñero está a la altura de Isaac Peral y Juan de la Cierva. Pero, por desgracia, su obra no es tan conocida. Incomprensible.

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Por amor al arte

Esta vez solo han sido unos balcones decorativos. Pero no por pequeño, el gesto tiene menos valor. Las piezas en cuestión adornaban las ventanas de una vivienda deshabitada de la calle Ramón y Cajal de Alcantarilla, cuyo destino era la demolición a causa de un incendio. La Asociación Histórico Cultural Legado se movilizó para salvar del derribo esos elementos de estilo modernista, realizados en un taller local y que entre los años 1925 y 1945 ornamentaron las fachadas de otras construcciones de la población. Alcantarilla mantiene un rico pasado arquitectónico gracias al poder que alcanzaron un ramillete de familias burguesas a raíz al ‘boom’ industrial de principios del siglo XIX. La llamada de atención de la asociación Legado y el interés mostrado por el Ayuntamiento de Alcantarilla permitieron que esta historia tuviera un final feliz, y ahora esos bellos balcones con formas vegetales están depositados en el Museo Etnológico de la Huerta de Murcia, a la espera de que un día puedan mostrarse al público como parte de alguna colección expositiva.

Uno de los balcones salvados del derribo. / LEGADO

Uno de los balcones salvados del derribo. / LEGADO

Es un nuevo y encomiable logro de Legado, que con poco más de un año de vida ya ha cosechado varios triunfos. Ahí están la protección, como bien inventariado. de la plaza de abastos de Alcantarilla (un proyecto de 1924 del arquitecto José Antonio Rodríguez) y la restauración de Los Arcos de la rambla de Las Zorreras, “probablemente el acueducto más importante de la Región por su antigüedad, ya que es de época musulmana, y sus dimensiones”, indica Alejo García Almagro, responsable del área de Historia, Arqueología y Patrimonio. Él y otras dos personas, Diego Rosique y Paco Rabadán, llevan todo el peso de esta asociación, que cuenta con 300 socios. Y el mérito es mayor si cabe porque Legado no cuenta con presupuesto alguno, ya que ni cobra cuotas a sus simpatizantes ni recibe donaciones.

Legado de Alcantarilla simboliza la creciente preocupación ciudadana por la conservación del patrimonio histórico. En los últimos años, este sentimiento ha fructificado en forma de asociaciones y colectivos que, de manera desinteresada, luchan por conseguir que las administraciones hagan bien su trabajo en lo que respecta a la protección y difusión de nuestra rica herencia cultural. Huermur, la Plataforma del Patrimonio Cultural de Murcia y el colectivo vecinal Mula por su castillo son solo tres ejemplos. Lo suyo sí que es trabajar por amor al arte.

 

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Santa Eulalia

El gris cemento domina sobre el verde en Santa Eulalia. El 98% de las calles y el 80% de las plazas de este histórico barrio de Murcia (2.974 habitantes) carecen de árboles. Esa falta de vegetación, que influye en la calidad de vida de sus moradores, es una de las deficiencias en las que pone la lupa el informe realizado por los arquitectos de Verbo Estudio, Dictinio de Castillo-Elejabeytia y Carlos Pérez Armenteros, dentro del proyecto ADN Urbano para la revitalización de los barrios de Murcia. Es la primera vez que un análisis físico entra tan al detalle sobre un espacio urbano de la capital. Este documento servirá de base para futuras actuaciones sobre el terreno. Los trabajos de acondicionamiento y recuperación se decidirán contando con la participación vecinal. Estos días las labores se centran en recoger las sugerencias y experiencias de los propios ciudadanos.
La «masiva presencia de bolardos» y la carencia de «espacios de convivencia entre distintas generaciones» se presentan como dos retos más a tener en cuenta para futuras inversiones en Santa Eulalia. El informe también advierte de que el tráfico rodado domina el paisaje urbano, imponiendo una serie de trabas al peatón. Otro obstáculo tiene que ver con las terrazas de los barres y restaurantes. Estos negocios ocupan casi el 10% del espacio público, «condicionando el uso de las plazas de manera llamativa», remarca el informe de 50 páginas. La suciedad, principalmente por las pintadas, y la escasa iluminación, que contribuye a uns sensación de inseguridad entre el vecindario, completan la lista de problemas.

Plaza de Santa Eulalia. / NACHO GARCÍA / AGM

Los arquitectos avanzan posibles soluciones para hacer de Santa Eulalia un lugar más amable y cómodo para vivir. Así, Elejabeitya y Armenteros sugieren una intervención con «pildoras de paisajes», que no dependen de «un elevado presupuesto ni complejidad material». Se trata de acciones que incluyen, por ejemplo, la reordenación de las terrazas, la inserción de vegetación y «la disolución de bordes y obstáculos visuales». La plaza Sardoy y los ensanchamientos de las calles Balsas y Victorio serían tres de los entornos candidatos a recibir estas mejoras. Otra idea se refiere a habilitar un pasillo o corredor verde en el eje de las calles San Antonio y Mariano Vergara, que serviría para reforzar la unión entre el entorno de la Catedral y el Museo de Bellas Artes. La eliminación de bordillos con el fin de igualar el pavimiento a la misma cota figura también como una sugerencia de mejora.
El análisis físico se completa con otro informe socioeconómico (ambos accesibles aquí) redactado por el observatorio local La Asomada. Este estudio advierte de que Santa Eulalia es un barrio que se despuebla y envejece: uno de cada cinco habitantes tiene más de 64 años. También, que sufre «serios problemas de ruidos». Sin embargo, a su favor destacan su cercanía con el centro, su buena comunicación con el resto de la ciudad y una «importante actividad comercial y hostelera», sin olvidar su rico patrimonio histórico. Con estos mimbres, y la participación ciudadana, Santa Eulalia lo tiene todo a su favor para convertirse en uno de los barrios con más tirón de Murcia.

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Se vende villa de veraneo con historia

El cambio del siglo XIX al XX marcó el inicio del despegue turístico de Mazarrón. Los primeros veraneantes que llegaron para descansar junto al mar pertenecían a familias adineradas. No podía ser de otra forma en una sociedad marcada por las grandes diferencias entre clases. Muchas de ellas habían hecho negocio con la minería, que entonces vivía una época dorada gracias a la inversión extranjera y a una mano de obra mal pagada. Como recuerda el cronista oficial, Mariano Guillén, en su tesis doctoral ‘Industrialización y cambio social en Mazarrón’, ya en 1881 el Ayuntamiento recibe solicitudes de licencia para levantar viviendas en la playa del Puerto, además de otros equipamientos, como balnearios, con el fin de atender las necesidades de diversión de estos visitantes privilegiados.
Entre aquellas residencias estivales, hoy día destaca una: Villar Mar o Casa Rolandi, como también es conocida. Localizada en pleno paseo marítimo, en la playa del Rihuete, a la altura de la calle Viriato, data de los primeros años treinta del siglo XX. Son dos edificios, entorno a una pequeña zona ajardinada de eucaliptos centenarios, con fachadas de estilo neoclásico y algunos toques modernistas, como la balaustrada que corona el inmueble principal y la escalinata de acceso. En su interior, todavía se conservan algunos pavimentos y mobiliario originales, y recientemente ha recibido un lavado de cara exterior. Villa Mar está protegida por Patrimonio Histórico como bien catalogado. La resolución de noviembre de 2011 destaca que el inmueble “posee una relevancia cultural a todas luces innegable”. Pero la Casa Rolandi no vive ahora sus mejores días. La mayor parte del año permanece cerrada, y sus dueños, afincados en Madrid, buscan nuevos propietarios. La venta la gestiona una inmobiliaria del pueblo. El precio, 730.000 euros.

Fachada principal de Villa Mar. / PAULA RUBIO

En la anterior legislatura, el Ayuntamiento, con Ginés Campillo al frente del equipo de gobierno, quiso hacerse con la finca, con vistas a darle un uso cultural. Incluso se llegó a incluir una partida en los presupuestos para la compra. Pero llegaron nuevas elecciones y con ellas un cambio en la alcaldía. Y en los planes del nuevo Ejecutivo local, liderado Alicia Jiménez, no entra la operación de compra. Cuentan que el precio es elevado, y, además, habría que añadir otros gastos, como el mantenimiento de la propiedad y posibles trabajos de rehabilitación. Villa Mar aguarda tiempos mejores, y quizás nuevos inquilinos. Buena suerte.

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Sobre el autor Miguel Rubio
Mazarrón, 1967. Periodista de 'La Verdad' y guía oficial de turismo.

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