La Verdad

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De la mano del Padre
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Carlos Escobar | 09-09-2017 | 16:02

El rasgo que mejor define a Johan Sebastian Bach (1685-1750) como músico del siglo XVII es su vinculación religiosa con el protestantismo y su contribución a la toma de conciencia de las comunidades luteranas. Como defiende Wilhem Dilthey en su célebre ensayo dedicado al compositor alemán (Mishkin Ediciones, 2016), en esta época, la palabra y la música expresaban la intimidad y la profundidad de la vida religiosa, siendo la música la que confería el carácter eterno al contenido religioso.

Bach fue un maestro dibujando con su música los estados del espíritu a los que se refiere Dilthey. Hay que recordar que en el siglo XVII, el culto católico, a diferencia del protestante, giraba en torno a la acción de la misa como unidad visible, plagada de ornamentos y guiada por la fuerza presencial del sacerdote. En el protestantismo el culto se dirigía más bien a la vida interior, aunque conservaba algunas formas externas en las que la acción religiosa no era tan crucial. Por ello, la música y la poesía otorgaban este carácter íntimo que sin embargo podía desplegarse en las grandes festividades religiosas.

Las formas musicales de las que Bach se valió para expresar su religiosidad fueron el motete, la cantata, las pasiones, los oratorios y las misas. Hoy trataremos el Kyrie eleison (“Señor ten piedad”) con el que comienza la Misa en si menor BWV 232, escrita en plena madurez creativa entre 1733 y 1734 y que es un ejemplo muy ilustrativo de la necesidad de redención, como podrán comprobar al escuchar el vídeo adjunto.

La Misa en si menor de Bach está compuesta por coros que expresan los más profundos sentimientos entre los que se intercalan las intervenciones de los solistas con fines de exaltación espiritual. Es una de las obras más importantes en la Historia de la Música en la que cada momento religioso es tratado con la gran fuerza expresiva de la infinitud de Dios.

En concreto en el Kyrie eleison, Bach hace un uso ingenioso de la polifonía en dos corales fugadas a cinco voces alternadas con dos fragmentos puramente orquestales. Spitta decía que el motivo que va pasando entre las cinco voces genera una dilatación del sentimiento que llega a apoderarse del alma de tal forma que la súplica finalmente triunfa.

Durante los casi diez minutos que dura este Kyrie eleison, subyace un sentimiento de calma mientras se espera la decisión divina. Esto lo consigue musicalmente Bach al usar la armadura de clave de si menor, que en el siglo XVIII se vincularía con la dulzura melancólica.

También contribuye a todo esto el hecho de que la fuga no contenga otro tema contrastado al motivo principal. Así, si las voces y los instrumentos cantan el mismo tema, se logra que la petición de clemencia esté más unificada.

En conclusión, creo que este Kyrie eleison y su logrado carácter íntimo alcanza la eternidad gracias a Johan Sebastian Bach.

 

 

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