La Verdad
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Artistas en conserva
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Carlos Escobar | 09-11-2017 | 21:50| 0
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Uno de los proyectos culturales más originales y atractivos que se están desarrollando en la región y que, en unas semanas, se expandirá al resto de España, es el liderado por La Tempestad, la agrupación camerística de intérpretes expertos en música antigua afincada en nuestra tierra.

El proyecto se llama Elconservatorio.es y tiene su origen en una idea que a la directora y clavecinista Silvia Marquez le ronda por la cabeza desde hace tiempo. En Murcia, esta iniciativa constará de 3 conciertos ideados para desterrar la visión elitista de la música clásica y crear un ambiente distendido y cercano.

Cada evento se ha programado con obras musicales de La Tempestad entre las que sus músicos insertarán historias y anécdotas vividas en primera persona. Además, al final, los asistentes podrán degustar productos en conserva que los intérpretes han descubierto en sus giras internacionales.

Silvia Márquez nos cuenta que el público podrá hablar con el músico al terminar el concierto: “Para nosotros es algo muy necesario por dos razones: hace tiempo que sufrimos la etiqueta del elitismo en la música clásica y que el escenario se convierta en una barrera entre el auditorio y el artista; por otra parte, vemos con tristeza como la cultura general en este arte es cada vez menor, a pesar de que la música es un lenguaje universal ideal para trasmitir emociones. Pero la música necesita de la palabra para explicar  los orígenes, las razones, la forma o muchas historias relacionadas con ella y que hace que la gente, de repente, descubra un mundo nuevo. Creo que encontraremos un formato para que todos, músico y público, se sientan cómodos”.

La degustación post-concierto es algo muy interesante y le pido a Silvia que nos explique mejor en que va a consistir: “El concepto es precisamente el juego de palabras conservatorio/conserva. La parte gastronómica se basa en alimentos que se puedan conservar y que nos hemos traído de vuelta tras nuestros conciertos en otras regiones o países”. La clavecinista, continúa diciendo que la riqueza de procesos y técnicas de conservación y la calidad de muchos alimentos hacen posible hoy en día el preparar una exquisita cena sin necesidad de cocina.

La base del tercer elemento del proyecto son las historias: “Los músicos contamos lo que hay más allá del escenario, cómo preparamos los programas, dónde los hemos interpretado, de dónde venimos, qué hemos probado allí y cuáles son las costumbres gastronómicas… incluso alguna receta…” aclara Silvia.

Cuando se combina música y eventos, existe el riesgo de que un ambiente distendido de degustación distraiga la atención sobre la interpretación musical. La Tempestad tiene la idea de dirigir el interés hacia donde se requiera según el momento: “Cuando suene la música, ésta será lo principal, porque habremos hablado de ella antes y después, siguiendo un guión para cada velada.”

Silvia adelanta que después de la música vendrá una cena de pie, al estilo walking dinner, como dicen los belgas, de manera que se propicie el movimiento y la charla, y que en ciertos momentos los músicos hablen de algunos productos seleccionados. Márquez afirma que: “En ningún momento se concibe el típico evento con música de fondo. Ofrecemos una experiencia que hay que vivir. Pretendemos fomentar la escucha activa del público en todo momento, mediante comentarios interesantes según un guión establecido.”

El proyecto Elconservatorio.es es una más de las actividades de La tempestad que fue planteada a Factoría Cultural con un concepto muy concreto. Una vez seleccionado como uno de los proyectos residentes con beca, el objetivo era llevarlo al terreno empresarial y familiarizarse con aspectos de importancia como la definición, las marcas, las patentes, la internacionalización, el marketing, la financiación, los presupuestos  y todo aquello en lo que el artista no suele pensar: “En definitiva, se trata de convertir las ideas relacionadas con el arte y la cultura en algo viable”. 

Si quieren disfrutar de una velada con buena música, intrigantes anécdotas y una cena llena de sorpresas, les animo a que se matriculen en este conservatorio tan original.

 

Domingo 12 de noviembre, 19:30 horas. Local La Sala de Algezares. Música veneziana de los siglos XVII y XVIII con sabores argentinos. Guillermo Turina (violonchelo barroco).

Domingo 3 de diciembre, 19:30 horas. Local La Sala de Algezares. Chaconas para tecla siglos XVI-XX con sabores de Cñadiz y Segovia. Silvia Márquez (clavicémbalo).

Domingo 17 de diciembre, 19:30 horas. Local La Sala de Algezares. Sonatas para traverso y clave de la Europa del siglo XVIII con sabores de los países bajos. Guillermo Peñalver (traverso).

Información en la página web www.elconservatorio.es.

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Cuerdas escondidas
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Carlos Escobar | 04-11-2017 | 22:55| 0
alegoriadel-oido

Ser un viejo laúd me ha permitido haber vivido infinidad de aventuras con los muchos propietarios que tuve. Uno de mis dueños más interesantes fue Domingo Ferrer, un rico y culto terrateniente murciano con una especial pasión por el laúd. De forma inexplicable y a pesar de que Domingo no era un hombre tacaño, el día que me compró a un anticuario decidió no sustituir el viejo estuche donde me alojaba y esto a la larga me permitió ver mucho mundo a través de los agujeros de la tela de mi funda.
Cada vez que Ferrer y yo íbamos de viaje a Madrid, visitábamos el Museo del Prado con la premisa de ver cada vez sólo seis pinturas. Una de ellas era de obligada contemplación por ser la preferida de mi dueño. Las otras cinco eran cuidadosamente seleccionadas por él en cada ocasión, con el fin de contemplarlas con absoluta tranquilidad. Domingo repetía esta pauta de manera sistemática, con independencia de si nos acompañaba alguien o no. Para él, ésta era la única forma de admirar con detalle las obras de arte expuestas en el edificio Villanueva.
El Museo Nacional del Prado había abierto al público cincuenta años antes de mi primera visita de la mano de Ferrer. Desde entonces sentí una progresiva admiración por las pinturas que poco a poco me hizo descubrir mi cultivado dueño. Se dice que los perros acaban pareciéndose a sus amos y, con el paso del tiempo, me sentí un laúd afortunado por tener la oportunidad de pasear por las estancias de la pinacoteca y regresar a la sala de pintura flamenca donde estaba nuestro admirado cuadro.
Nunca supe que significaba “La alegoría del oído” para Domingo Ferrer, pero gracias a él me enamoré perdidamente de esa obra de arte. Desde la primera impresión que tuve al contemplarlo, añoré ser ese laúd que tañía la ninfa que aparecía girada hacia el espectador con esa gracia tan lograda por Rubens y Brueghel “el Viejo”, coautores del cuadro. La pintura representaba el deleite experimentado al tocar música al tiempo que se cantaba. En el lienzo no faltaban campanillas de mano, relojes, trompas, trompetas, cascabeles, violas da gamba, violines, flautas, liras, chirimías y claves que rodeaban la desnudez de Venus que aparecía acompañada de un amorcillo. Ferrer se sobrecogía contemplando los tres laudes del cuadro: el de la ninfa, el más pequeño y de tesitura aguda con siete cuerdas que estaba situado en la parte inferior del cuadro y un tercero sobre la mesa del fondo donde unos personajes cantaban e interpretaban música.
Estas historias sobre El Prado son hoy día motivo frecuente de conversación con otros instrumentos de cuerda. Entre los que más coincido últimamente, están los cuatro que pertenecen a Gabriel Lauret, Enrique Vidal y los hermanos Diego y Pedro Sanz, miembros del Cuarteto Saravasti. Aunque estos amigos de tan buena madera suelen participar en conciertos profesionales de música de cámara, con cierta frecuencia disfrutamos de momentos entrañables en las schubertiadas privadas a las que nuestros dueños son regularmente invitados. En estas veladas musicales, una vez terminado el concierto doméstico, los instrumentos solemos quedarnos aparcados en alguna estancia de la casa al tiempo que tiene lugar el animado y, si me lo permiten, ruidoso ágape que sigue a la música. Son precisamente estos ratos aislados de los humanos en los que normalmente los instrumentos aprovechamos para hablar de nuestras cosas e intercambiar cotilleos y vivencias.
Los Saravasti, que es como llamo a mis cuatro hermanos de cuerda, fueron precisamente los primeros instrumentos que han participado en un concierto dentro del Museo del Prado, concretamente en la sala XII dedicada a Velázquez. Esto sucedió el lunes veinte de noviembre de 2006 con motivo de la celebración del 250 aniversario del nacimiento de Mozart. Imaginen ustedes lo que se debe de sentir al crear música frente a Las Meninas y que ésta difunda a las salas contiguas y alcance los oídos de Baco, Apolo, Vulcano o del mismo Cristo Crucificado. Según me contaron los Saravasti, la iniciativa de organizar un concierto abierto al público surgió de la Asociación de Amigos del Museo del Prado. El destino quiso que en tan señalado año Mozart, el salón de actos del museo estuviese en obras, por lo que el acto solo podía celebrarse dentro del propio edificio Villanueva.
Aquella mañana de otoño, sin público y bajo estrictas medidas de seguridad, mis cuatro amigos y sus dueños músicos ensayaron los cuartetos del genio de Salzburgo que luego tocarían en el programa. Me encanta oírles expresar la emoción que sintieron emitiendo sonidos musicales con tanta intimidad en la emblemática sala de Las Meninas. Horas más tarde, durante la actuación, los cuatro estarían rodeados del público que aguardó expectante durante horas en la Puerta de Velázquez. Esa noche, la pinacoteca registró un lleno absoluto y fueron muchas las personas que no pudieron entrar al concierto.
La velada musical fue un éxito por la calidad de los intérpretes y de los instrumentos, así como por las circunstancias de excepción que se dieron en torno al mismo. Los periodistas acreditados no tardaron en transmitir con justicia la excelente interpretación del Cuarteto Saravasti, cuyos miembros volvieron al hotel completamente satisfechos de haber vivido una experiencia tan seductora. Aquella inolvidable noche, el sueño de los músicos se vio fragmentado por la emoción, los recuerdos de la histórica jornada y los comentarios llenos de agradecimiento del selecto público.
Cuando Gabriel Lauret despertó a la mañana siguiente, sintió la necesidad de acariciar su violín para agradecerle su excelente comportamiento en el concierto. Al abrir el estuche, se sobresaltó al ver que el violín no estaba en su sitio y, preso de una terrible angustia y el consiguiente bloqueo mental, fue incapaz de recordar en qué momento lo guardó en su estuche tras el concierto o si se había separado un instante de él. De lo que sí estaba seguro es que, al llegar a la habitación, cerró la puerta con llave y que nadie había podido entrar en ella. La única explicación de la desaparición del violín era que alguien lo hubiese cogido dentro del museo aprovechando un pequeño descuido después del recital.
Dos horas más tarde, se recibió en el hotel una llamada del museo. El violín había aparecido. Habían registrado como locos sin ningun éxito una la sala de Las Meninas y las estancias anexas. El personal de seguridad aseguraba que con el protocolo aplicado antes, durante y después del concierto era imposible que alguien, aparte de los propios músicos, hubiese sacado ningún instrumento del edificio. Por fortuna, a un empleado del museo se le ocurrió buscar el violín en la sala XIV de pintura flamenca, justo delante del cuadro “La Alegoría del oído” de Rubens y Brueghel “el Viejo”.

 

Este relato es un modesto homenaje al XX Aniversario del Cuarteto Saravasti y a la noche que interpretaron música de cámara en la sala de Las Meninas del Museo del Prado

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Canto a Narciso
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Carlos Escobar | 01-11-2017 | 19:48| 0
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Uno de los seres vivos más intrigantes que aparece en algunos textos literarios sobre los que se ha escrito música es la alondra, una especie de ave que cohabita con nosotros y de un canto tan original como bello e intrigante. El trino musical que la alondra emite mientras vuela, nos alerta de su presencia antes de que la visualicemos y se ha asociado en la mística literaria con ideas de libertad, inspiración y alegría.
La alondra, que vive en los grandes terrenos de cultivo y en el campo abierto, tiene hoy dia la consideración de ave de interés especial. Quizás por ello, Franz Joseph Haydn (1732-1809) escribió un cuarteto llamado así en el que compuso un tema muy singular para la voz del primer violín y que el Cuarteto Saravasti interpretará en su homenaje a Narciso Yepes, nuestro músico universal nacido en Lorca.
El cuarteto La alondra de Haydn es probablemente el más interpretado del compositor austríaco y está incluido con el número 5 en el cuaderno opus 64 como nos explica Gabriel Lauret, violinista del Cuarteto Saravasti: “El cuarteto en Re mayor, Op. 64 nº 5 La alondra forma parte de los cuartetos Tost, como todos los de los opus 54, 55 y 64, ya que el violinista Johann Tost fue su destinatario”.
El tema de la alondra que canta el primer violín en el movimiento inicial Allegro moderato aparece tras una introducción de 7 compases de los otros tres instrumentos, donde alternan notas cortas con un carácter de marcha en el segundo violín y viola, contestadas por el violonchelo, según nos cuenta Lauret: “Sobre este ritmo surge el canto del violín sobre la primera cuerda lo que conlleva unos pequeños portamentos”. (Hay que aclarar que un portamento es el cambio del tono o frecuencia de un sonido sin que se produzca discontinuidad en el mismo).
Haydn cuando escribe La alondra es el mejor compositor en Europa y lo demuestra variando el tema principal de este célebre movimiento. Gabi nos lo explica asi: “La segunda vez que aparece el tema (o la tercera, si se realiza las repetición escrita por Haydn) es en el desarrollo, esta vez en la tonalidad de sol mayor. Ahora, la introducción se reduce a un único compás y con la entrada del tema el acompañamiento se transforma de forma sutil, ya que las notas picadas se hacen ligadas. El efecto es enorme, con una sensación más distendida y de mayor lirismo”.
Lauret ha analizado con detalle la edición inglesa de esta pieza y nos descubre el enorme sentido del humor del compositor en su juego con el oyente: “Me he dado cuenta de que en la exposición y en la reexposición del tema, éste va dos veces suelto y la última ligado, mientras que en el desarrollo aparece en dos ocasiones ligado y en otra suelto”.
Haydn vuelve al tema de La alondra dos veces más. Primero en la reexposición, de una manera muy similar al comienzo, con una transición al unísono de tresillos que conduce al acompañamiento rítmico inicial: “Esto tiene un efecto muy similar, pero Haydn le saca más partido esta vez ya que genera gran expectativa al oyente con una cadencia sobre la dominante y, tras una pausa, introduce el tema con un acompañamiento mucho más animado del resto de instrumentos, lo que crea un carácter optimista y festivo”.
Además de disfrutar de La alondra, el concierto del Cuarteto Saravasti incluye la interpretación de tres quintetos de guitarra de Boccherini en los que el arte de Carmen María Ros se unirá a los ocho brazos de la diosa hindú para rendir un merecido tributo al célebre guitarrista Narciso Yepes.
¿Realmente, existe una manera mejor de celebrar San Carlos?

 

Sábado 4 de noviembre, 20 horas. Cuarteto de cuerda en Re mayor Op.64 nº5 “La Alondra” de Haydn. Quintetos con guitarra nº 4, 7 y 9 de Boccherini. Cuarteto Saravasti y Carmen María Ros (guitarra). Precio 12 euros con reducción para estudiantes.

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El arte de la traducción
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Carlos Escobar | 26-10-2017 | 21:22| 0
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Se denomina lied a un tipo de canción breve típica del romanticismo, escrita para una sola voz y casi siempre con un acompañamiento de piano de gran relevancia expresiva. La música del lied tiene un carácter íntimo y está inspirada en los textos de un poema, de modo que, la fusión de poesía y música emocionan y atrapan con facilidad al oyente atento.

Para comprender los lieder, es muy importante entender el texto original para disfrutar del milagro que supone el captar los sentimientos del poeta y del compositor. Quizás el maestro que con más naturalidad y arte los escribió fue Franz Schubert y precisamente hoy hablamos con la persona que mejor nos ha permitido conocerlos y comprenderlos gracias a la recopilación y traducción que llevó a cabo de los cerca de 750 lieder y que Hiperión editó en 2005 sobre el corpus del compositor austriaco.

Fernando Pérez Cárceles es ingeniero, profesor de matemáticas jubilado y un apasionado por el mundo de la cultura, especialmente del teatro y de la música. Nos cuenta que un día, buscando traducciones de los lieder de Schubert, se desesperó por sus pobres resultados a pesar invertir su tiempo en ello. Se dijo entonces: ¿Y por qué no los traduzco yo?. Al cabo de tres años estaban completos los tres tomos con los textos en alemán y español, junto a interesantes comentarios e información complementaria sobre poetas y conceptos relevantes.

Después de Schubert llegaron las ediciones de las traducciones de lieder de Gustav y Alma Mahler, Robert Schumann y Richard Strauss, aunque también ha trabajado la obra de otros músicos: “Al acabar Schubert traducía sin orden y concierto algo de Mahler y de Strauss, pero el pianista y catedrático de canto Miguel Zanetti y mi amigo Rafa Pérez Mengual, me pidieron que tradujese a Hugo Wolf. Posteriormente he traducido a Brahms, Clara Schumann, Felix Mendelssohn Bartholdy y a su hermana Fanny Hensel”.

La expresión “traduttore, traditore” refleja que el traductor es un poco autor al aportar su impronta personal. Fernando prefiere decir que practica el extraño arte de la traducción y nos recuerda la respuesta de Borges a la expresión italiana: “Es cierto. Sin embargo todo el mundo habla muy bien de la literatura rusa”.

Traducir un texto a otra lengua, para Pérez Cárceles es “experimentar la ilusión de recrear una poesía, porque uno ve cómo nace un verso y se hace entendible en español, aunque eres consciente de que a veces alguno te sale un tanto cruzado”. Fernando confiesa que, a veces, pierde la rima y tiene la impresión de que se ha quedado cojo en algún verso al optar por una acepción de una determinada palabra que puede no ser la más adecuada.

Este ingeniero apasionado por los lieder, cree que los músicos que han elegido los mejores textos para componerlos fueron Robert Schumann y Hugo Wolf. Para él, Wolf es el que ha sido el compositor más fiel a los textos: “Sus grandes ciclos los titula Gedichte von Eduard Mórike o von J. W. v. Goethe. La palabra Gedichte significa “Poesías”, con lo que el músico muestra por donde van los tiros”. Y añade: “Tampoco podemos olvidar al Schubert de los poemas de Goethe, como Margarita en la rueca, ni al de los ciclos La bella molinera y Viaje de invierno”.

El lector intuirá que la cabeza y el corazón de Fernando Pérez Cárceles ya trabaja en otros proyectos: “En junio de este año me he embarcado en la aventura de hacer Todo Mozart, siguiendo el orden de la Neue Mozart Ausgabe (Nueva edición de Mozart) y consultando todas sus partituras editadas por la editorial Internationale Stiftung Mozart y que han sido publicadas por la editorial Bärenreiter de Kassel”.

Es una suerte para los melómanos que existan personas como Fernando, un hombre apasionado por el mundo del lied y con un rigor e ímpetu que no han pasado desapercibido para la editorial Hiperión y el mundo de la música en general.

Mi más sincera enhorabuena, Herr Profesor.

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Lachrymae
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Carlos Escobar | 20-10-2017 | 22:12| 0
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El ciclo Jóvenes Solistas que organiza el Ayuntamiento de Murcia llega a su X edición con una serie de conciertos programados en la capital regional y en los municipios vecinos a lo largo de los meses de octubre y noviembre.

Uno de los programas más atractivos es el que interpreta el violista Álvaro García Ros (Madrid, 1999) acompañado al piano por Pedro Valero y que escucharemos obras de Bach, Brahms, Martínez, Britten y Walton.

Alvaro ha incluido recientemente en su repertorio la obra Lachrymae de Britten (1913-1976) y nos comenta que: “La escuché por primera vez hace algo más de un año, en un video de la Wenting Kang, violista a la cual he admirado tiempo atrás y que ahora es una de mis profesoras en la Escuela Superior de Música Reina Sofía”.

La pieza fue escrita por un Britten maduro tras su retorno a Inglaterra del exilio estadounidense y una vez fundado el famoso Festival de Aldenburgh. García Ros, que está becado por la Fundación Albéniz para completar sus estudios en Madrid, nos explica que “desde el punto de vista musical, Britten utiliza en ella el sistema armónico atonal, lo que la convierte en una de las principales innovaciones estilísticas del siglo xx para el repertorio viola”.

Álvaro es un alumno con un expediente académico inmejorable que ha sido reconocido en diferentes premios regionales y nacionales, destacando su selección por la Orquesta Sinfónica de Madrid para el proyecto Talentos, que lo ha llevado a interpretar música en el Auditorio Nacional de Madrid, como ya explicábamos la pasada temporada en este blog. Sobre Lachrymae opus 48 de Britten, destaca la cantidad de colores diferentes que se pueden crear con la viola: “Lo que me gustaría transmitir al espectador son las diferentes emociones que surgen en cada momento”.

La obra va a llamar la atención del público por el contraste que se produce entre el principio y el final. Está basada en un tema renacentista para laúd titulado If my complaints could passion move del compositor John Dowland: “Dicho tema es desarrollado siguiendo la clásica estructura del tema con variaciones”. Aunque pueda parecer que es difícil de comprender, tal y como le gustaba a Britten, si se presta atención, “se distinguirá la melodía de la introducción, que luego se desarrolla a lo largo de las diferentes diez secciones o variaciones de la obra hasta llegar a la culminación final”. Un hecho muy curioso de Lachrymae es que el tema que da lugar a las variaciones se escuche al final.

Espero que disfruten de esta bella composición que ha sido calificada como de lirismo emocionante. Estoy seguro que Álvaro García Ros nos emocionará con una música del siglo XX que nos legó Benjamin Britten.

 

Sábado 21 de octubre, 20 h. Auditorio de Algezares. Obras de Bach, Brahms, Martínez, Britten y Walton. Entrada libre.

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Starliszt
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Carlos Escobar | 12-10-2017 | 14:35| 0
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El Teatro Romea de Murcia ha sido seleccionado por un conocido portal de viajes vacacionales como uno de los quince con más encanto en toda España. Entre los motivos de la nominación figura la terna de bustos de compositores ilustres que coronan su fachada y que sirve de homenaje a las figuras de Mozart, Beethoven y Liszt.

Ya comentábamos en otro post las razones por las que el maestro húngaro forma parte de este trío tan ilustre (ver enlace al final), pero hay que recordar que Liszt fue uno de los músicos más importantes en la historia de la música por su concepción moderna del Romanticismo, el descubrimiento de nuevas posibilidades para el piano y sus intérpretes, la invención del recital de piano solista y la creación de las masterclass, entre otros hechos. Alcanzó fama y éxito en su juventud, siendo aclamado tras los conciertos por numerosas fans, como les ocurre hoy día a las estrellas del pop.

Dentro de las actividades de la Semana Grande de Cajamurcia, festival artístico de otoño y punto de encuentro de muchos murcianos, se rinde tributo a la figura de Franz Liszt en la edición XXIII de Cuadros con Música, donde la obra de Eugène Delacroix acompaña a cinco de las composiciones pianísticas del célebre maestro.

El intérprete que nos transmitirá el arte de Lizst es Alejandro Rubio Pelayo, uno de los alumnos de piano más destacados del Conservatorio Superior de Música de Murcia bajo la supervisión de la profesora Pilar Valero.

Nacido en Albacete, Alejandro siente la llamada de la música a los seis años y desde entonces vive con pasión este mundo: “El acto del lunes es muy atractivo para el público porque el cuadro que se comentará está muy bien elegido para el concierto de Liszt, cuya música programática está representada por piezas llenas de poesía y lirismo junto a otras de gran virtuosismo y dificultad técnica”.

Este intérprete ha participado en distintos festivales nacionales (Almería, Albacete, Murcia, Molina de Segura y San Clemente) e internacionales (Roma y Bruselas). Comenzará el recital con la célebre Valleé d´Oberman, una delicada pieza que forma parte del primer cuaderno de viaje de los Années de Pèlerinage de Liszt, donde esboza sus impresiones musicales inmerso en la naturaleza de los Alpes Suizos. Está basada en la novela Oberman, que es un joven veinteañero sumido en una crisis existencial que descubre la sublime belleza de las montañas, donde encuentra la paz y eternidad que le falta en París. La partitura nos llena de incertidumbre porque según Alejandro “evoca un encuentro con Dios, muy en la línea de religiosidad de Beethoven, con ideas del Más Allá y del paraíso”. Yo suscribo la recomendación de esta obra porque se emocionarán con su belleza, profundidad y con el cristalino romanticismo de los arpegios de la última sección.

Liszt escribió sus seis Consolaciones entre 1849 y 1850. Escucharemos la interpretación de Alejandro Rubio en las tres primeras. Si tuviésemos que calificar estos pensamientos poéticos, creo que las palabras más adecuadas serían la de paz y delicadeza. El pianista nos cuenta que “son composiciones muy en la línea de los Nocturnos de Chopin, con una música muy pura, íntima y poética, sin apenas virtuosismo”.

El recital finalizará con la versión para piano del Mephisto Waltz número 1. Para un pianista como Rubio que ha tocado el concierto número 2 de Beethoven, el concierto número 1 de Chaikovsky, la Rhapsody in blue de Gershwin o El sombrero de tres picos de Falla, el Mephisto Waltz de Liszt sigue siendo un reto por formar parte del repertorio de los pianistas consagrados. Escrito entre 1859 y 1862, describe una escena del Fausto de Nikolaus Lenau. Alejandro nos cuenta que “Fausto vende su alma a Mephisto, el diablo, a cambio de que lo haga feliz. En una taberna se celebra una boda y, de repente, el diablo toca una melodía seductora que hace bailar a la novia con Fausto de forma que los dos escapan en la noche”.

Cuadros con música no se celebra en una sucia taberna alemana llena de lugareños, pero Alejandro imitará con su instrumento al violín de Mephisto. Vengan preparados por si no pueden resistir la tentación de bailar el vals del diablo.
Lunes 16 de octubre, 20 horas. Aula de Cajamurcia de Gran Vía. XXIII Cuadros con música: “El impulso romántico”. Conferencia sobre “La libertad guiando al pueblo” de Eugène Delacroix impartida por el profesor Pedro Olivares Galvañ y concierto de piano con obras de Liszt interpretado por Alejandro Rubio Pelayo. Entrada libre hasta completar aforo.

 
Post sobre el “Tridente del Romea”. Ver: http://blogs.laverdad.es/musicainesperada/2016/12/03/el-tridente-del-romea/

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Cantos de experiencia
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Carlos Escobar | 06-10-2017 | 18:24| 0

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La música es un elemento indispensable en cualquier aniversario. Pero cuando celebramos veinte años de interpretación de la mejor música de cámara por parte de una formación de la experiencia y la solvencia del Cuarteto Saravasti, el arte alcanza una emotiva dimensión.

Mañana sábado, el Cuarteto Saravasti nos invita a todos los murcianos a asistir a su cumpleaños y conmemorar sus veinte años en escena con un programa musical intenso, atractivo y variado. Diego, Enrique, Gabriel y Pedro han seleccionado un total de diez piezas del repertorio camerístico que son auténticas delicias para el paladar de un melómano.

Muchas de las personas que saludo por la calle y que me animan a seguir escribiendo sobre música, me piden con cierta frecuencia que les avise cuando se programe un concierto atractivo y asequible para sus avezados e inexpertos oídos. Creo sinceramente, que éste es el programa cumple perfectamente con dicho propósito, por tratarse de una auténtica iniciación a la mejor música de cámara.

He imaginado como reaccionaría cualquier persona que me acompañase a este concierto de celebración en el caso de que no hubiese escuchado música de cámara con anterioridad. Creo que nada más empezar el Allegro del cuarteto en Re menor de Haydn comenzaría a bailar en la butaca tras superar la impresión de la escucha del animado intervalo de quinta descendente con el que el maestro nos introduce en su mundo mágico. Esta pieza de Haydn es coetánea de La creación y fue denominada por Rosemary Hughes como “cantos de experiencia” aludiendo a la maestría del músico austríaco.

No menos impactante le resultaría el carácter juguetón del Andante scherzoso quasi Allegretto del cuarteto en Do menor del cuaderno op 18 de Beethoven, escrito a partir de una célula rítmica de 3 corcheas con las que el genio de Bonn construye una impresionante obra de arte.

Sin apenas respiro, saltaremos al Romanticismo de la mano del cuarteto de Schubert titulado La muerte y la doncella, escrito en la tonalidad fúnebre de Re menor. Saravasti ha seleccionado el precioso movimiento Andante con moto en el que a través de 5 variaciones sobre el tema de la muerte, se transforma la inquietud de una muchacha aterrorizada en la paz del sueño mortal a través de las palabras con la que el apuesto caballero (la muerte es una palabra masculina en idioma alemán) tranquiliza a la joven.

En esta clase de celebración de cumpleaños y de iniciación a la música no podía faltar uno de los cuartetos de madurez con los que Mozart dedicó a Haydn. Nadie como el compositor de Salzburgo sería tan capaz de activarnos con su lirismo, vivacidad, contrastes y cambios de ánimo, a través del Allegro molto de su cuarteto en Do mayor “Disonancias”.

El Cuarteto Saravasti ha tenido en su XXº Aniversario la sensibilidad de incluir dos de sus estrenos absolutos en concierto como son la Salve de Auroros de la Suite folklórica sobre temas murcianos de Benito Lauret y el Adagio de B.L. Apuntes para un cuarteto de cuerda, con el que el madrileño José Nieto tributó amistad y agradecimiento al compositor murciano. Probablemente será uno de los momentos más emocionantes de la velada.

Pero volvamos a mi inexperto y envidiado acompañante que tantas cosas descubrirá en este programa y fantaseemos sobre sus sensaciones al escuchar por primera vez el Andante Cantabile del cuarteto nº 1 en Re mayor de Chaikovski. El primer encuentro con la sobrecogedora melancolía rusa nunca se olvida y este movimiento, que se interpreta con sordina en los instrumentos de cuerda, tiene un alto contenido emocional con dos temas distintos que sobrevuelan los insólitos parajes ucranianos.

Tras deleitarnos con la Nana roja para cuarteto de cuerda de Zárate (otro estreno absoluto de Saravasti), escucharemos otra de las obras más famosas de la música de cámara. Se trata de Finale.Vivace ma non troppo del cuarteto “Americano” o “Negro” de Dvorak, una auténtica simbiosis entre los orígenes bohemios del compositor y las danzas indias que tanto le estimularon, de manera que transitaremos desde la nostalgia a la alegría, con un protagonismo relevante para la solemnidad del violonchelo.

Y como no hay celebración en la que no se entone la canción del cumpleaños feliz, el Cuarteto Saravasti interpretará las variaciones sobre este conocido tema que escribió Heidrich y que son un auténtico homenaje a los principales compositores y estilos de la historia de la música.

¡Que afortunados son los que tienen todavía tanta música por descubrir!

Sábado 7 de octubre, 20 horas. Concierto del XX Aniversario del Cuarteto Saravasti. Obras de distintos compositores. Entrada libre solicitándola en taquilla.

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Maestro del buen amor
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Carlos Escobar | 24-09-2017 | 17:56| 0
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El Auditorio de Murcia será testigo de un entrañable acontecimiento para inaugurar la temporada de conciertos. Uno de los hijos de la tierra recibirá un oportuno y merecido homenaje a los 85,5 años de edad. El músico y maestro Manuel Moreno-Buendía, destacado compositor y director de orquesta nacido en Murcia y bautizado en Santa Eulalia, es un honorable representante de nuestra región en todo el mundo que hoy día conserva grandes dosis de energía y creatividad como compositor.

El próximo viernes, los profesores de la Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia interpretarán tres de las obras que grabaron en disco durante el mes de julio y en las que el papel de solista será defendido por el propio concertino de la formación Darling Dyle y por el solista de flauta Juan Antonio Nicolás Lucas, dos músicos que destacan por su talento y experiencia interpretativa.

Darling Dyle nos cuenta como es el Concierto Celebración para violín y orquesta de Moreno-Buendía: “Sigue la forma del concierto tradicional en tres movimientos, siendo la parte solista rica en matices y compleja en melodía y ritmo. Los tutti orquestales están muy presentes y también llenos de complejidad.”

El profesor concertino de la OSRM, define este concierto como romántico con toques de virtuosismo e influencias del post-romanticismo. Para el violinista, los ritmos de 5 por 8 y 7 por 8 del enérgico tercer movimiento recuerdan a los de compositores rusos como Prokofiev o Shostakovich: “Existe un diálogo continuo entre el el solista y orquesta con pasajes realmente explosivos. El compositor escribió dos grandes cadencias muy intensas y complejas para el violín”.

Moreno-Buendía es un músico que se caracteriza por su música bien sonante, es decir, escrita desde el alma y comprensible para todo tipo de público. Dyle nos confirma este hecho: “Estoy muy seguro de que el público va a entender perfectamente la obra ya que está llena de preciosas melodías. Es un concierto atípico para estos tiempos en los que casi todos los compositores escriben de una forma muy contemporánea”. Darlin Dyle destaca el segundo movimiento escrito en forma de habanera y con un sentimiento muy melancólico: “Su música me trae recuerdos de nostalgia de mi país natal, Albania”.

Moreno-Buendía se trasladó a Madrid a los 10 años de edad para desarrollar una brillante carrera como director musical del Teatro de la Zarzuela (1970-1981) y como catedrático de Armonía del Conservatorio Superior de Madrid (1980-2000), después de 40 años de docencia y otros muchos más de creatividad y distintos reconocimientos entre el que destaca el Premio Nacional de Música (1958). Dos años antes, había marchado a Italia a completar sus estudios de composición y dirección de orquesta.

Aunque la música del maestro sea tan comprensible, realmente su elaboración es muy meticulosa y requiere de mucho tiempo para adquirir su sello propio. Ejemplo de ello es el Concierto para flauta y orquesta que Moreno-Buendía dedicó al profesor Juan Antonio Nicolás, solista de flauta de la OSRM.

Juan Antonio nos explica como el compositor tuvo la gentileza de dedicarle el concierto: “Conocí al maestro Moreno-Buendía cuando estrenamos su Concierto del Buen Amor en la Exposición Universal de Sevilla(1992) con el guitarrista Narciso Yepes y la Orquesta de la Región de Murcia dirigida por Hernández Silva. Desde entonces  siempre me gustó mucho su música.”

Años más tarde, Juan Antonio se enteró de que Moreno-Buendía estaba grabando un disco en el Auditorio de Murcia y pasó a saludarlo y preguntarle si había compuesto alguna obra para flauta. Hablaron sobre cuestiones técnicas y recursos flautísticos que le facilitaran su labor de composición, proceso que llevó el tiempo suficiente para entablar una gran amistad que perdura hasta hoy: “¡Quién me iba a decir, que al cabo de un tiempo, estrenaría su concierto en Córdoba!.”

En cuanto a la música del Concierto para flauta y orquesta, Nicolás nos reafirma que es bien sonante y comprensible: “Desde el principio me entendí rápidamente con el compositor ya que compartíamos la idea de transmitir sentimientos que lleguen fácilmente al público”.

Juan Antonio cuenta que antes de empezar la grabación del concierto se reunió con el maestro Hernández Silva, director y promotor de la idea del disco y del concierto homenaje a Moreno-Buendía: “Hemos trabajado y refrescado ideas del concierto en cuanto al tempo y dinámicas. Me deja mucha libertad y flexibilidad para interpretarlo. Nos conocemos muy bien desde hace tiempo y con un mínimo gesto suyo, nos entendemos perfectamente”.

Para este flautista, poder comentar con Moreno-Buendía las indicaciones de tempo o de carácter, es un privilegio y ayuda muchísimo: “El tiempo de vals del tercer movimiento él lo concibe retenido y no como un vals bailable. Por lo demás, tengo total libertad a la hora de tocar.”

El concierto se completa con Celtiberia, una suite de danzas derivadas del ballet Eterna Castilla que el maestro Moreno-Buendía estrenó en 1966 en el Teatro de la Scala de Milán, siendo el bailarín el célebre Antonio.

 

Viernes 29 de septiembre, 20 horas. Auditorio de Murcia. Concierto homenaje a Manuel Moreno-Buendía. Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia. Darling Dyle (violín), Juan Antonio Nicolás (flauta), Esmeralda Espinosa (mezzo-soprano), Manuel Hernández Silva (dirección musical).

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De la mano del Padre
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Carlos Escobar | 09-09-2017 | 16:02| 0

El rasgo que mejor define a Johan Sebastian Bach (1685-1750) como músico del siglo XVII es su vinculación religiosa con el protestantismo y su contribución a la toma de conciencia de las comunidades luteranas. Como defiende Wilhem Dilthey en su célebre ensayo dedicado al compositor alemán (Mishkin Ediciones, 2016), en esta época, la palabra y la música expresaban la intimidad y la profundidad de la vida religiosa, siendo la música la que confería el carácter eterno al contenido religioso.

Bach fue un maestro dibujando con su música los estados del espíritu a los que se refiere Dilthey. Hay que recordar que en el siglo XVII, el culto católico, a diferencia del protestante, giraba en torno a la acción de la misa como unidad visible, plagada de ornamentos y guiada por la fuerza presencial del sacerdote. En el protestantismo el culto se dirigía más bien a la vida interior, aunque conservaba algunas formas externas en las que la acción religiosa no era tan crucial. Por ello, la música y la poesía otorgaban este carácter íntimo que sin embargo podía desplegarse en las grandes festividades religiosas.

Las formas musicales de las que Bach se valió para expresar su religiosidad fueron el motete, la cantata, las pasiones, los oratorios y las misas. Hoy trataremos el Kyrie eleison (“Señor ten piedad”) con el que comienza la Misa en si menor BWV 232, escrita en plena madurez creativa entre 1733 y 1734 y que es un ejemplo muy ilustrativo de la necesidad de redención, como podrán comprobar al escuchar el vídeo adjunto.

La Misa en si menor de Bach está compuesta por coros que expresan los más profundos sentimientos entre los que se intercalan las intervenciones de los solistas con fines de exaltación espiritual. Es una de las obras más importantes en la Historia de la Música en la que cada momento religioso es tratado con la gran fuerza expresiva de la infinitud de Dios.

En concreto en el Kyrie eleison, Bach hace un uso ingenioso de la polifonía en dos corales fugadas a cinco voces alternadas con dos fragmentos puramente orquestales. Spitta decía que el motivo que va pasando entre las cinco voces genera una dilatación del sentimiento que llega a apoderarse del alma de tal forma que la súplica finalmente triunfa.

Durante los casi diez minutos que dura este Kyrie eleison, subyace un sentimiento de calma mientras se espera la decisión divina. Esto lo consigue musicalmente Bach al usar la armadura de clave de si menor, que en el siglo XVIII se vincularía con la dulzura melancólica.

También contribuye a todo esto el hecho de que la fuga no contenga otro tema contrastado al motivo principal. Así, si las voces y los instrumentos cantan el mismo tema, se logra que la petición de clemencia esté más unificada.

En conclusión, creo que este Kyrie eleison y su logrado carácter íntimo alcanza la eternidad gracias a Johan Sebastian Bach.

 

 

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¿Y esa pulsera?
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Carlos Escobar | 30-08-2017 | 09:34| 0

Murcia en septiembre recupera su actividad y se rejuvenece. La calle se llena de jóvenes bronceados que lucen en sus muñecas preciados recuerdos en tela multicolor que, anudados a modo de trofeos, certifican que han asistido a los festivales de música más importantes del momento. Realmente, estos macrofestivales constituyen un fenómeno social de primera magnitud, creciendo cada vez más el número de ellos y el número de asistentes a los mismos, a pesar de la contrariedad que genera privarse de las rutinarias comodidades que tenemos en casa.

Básicamente, un festival de música es un evento de varios días, organizado por particulares, con el beneplácito del ayuntamiento de la localidad donde se celebra y en los que personas que no se conocían de nada por ser de distinta procedencia y condición socioeconómica, se agrupan para escuchar música en torno a un sentimiento cordial, cooperativo y colectivo.

Alguien podría pensar que nos estamos refiriendo a un fenómeno sociocultural reciente, cuando el primer festival con idénticas características tuvo lugar en Thuringia el 20 y 21 de junio de 1810, tal y como refiere Mark Evan Bonds en La música como pensamiento (Acantilado, 2014), libro que comentamos en el pasado post de Música Inesperada. Hablábamos entonces que en la Alemania del siglo XIX, la sinfonía era el paradigma de la armonía social, lo cual explicaría que interpretarla en directo favorecería la interacción entre músicos y público al tiempo que el oyente se sentiría “respaldado por la sociedad”, en palabras del filósofo Theodor W. Adorno.

Los alemanes de la época estaban tan atraídos por el mundo clásico griego que también fundamentaron el valor de su fuerza en su patrimonio cultural. Así, el hecho de congregarse en un festival a escuchar música, durante dos o tres días con otros desconocidos venidos de distintos puntos y compartir un repertorio típico alemán compuesto por sinfonías y oratorios, era una propuesta demasiado tentadora.

En los primeros festivales, la mayoría de los músicos eran personas aficionadas que se dedicaban a otra profesión, lo cual no suponía ningún inconveniente, pues pesaba más la vertiente social del evento que la calidad de la interpretación musical. Los organizadores, como cuenta Bonds en su libro, eran normalmente comités cívicos compuestos por particulares sin intención de lucro. Por otro lado, las autoridades permitían la celebración de estos festivales por su aparente carácter artístico y apolítico, aunque entre los asistentes emanasen los anhelados sentimientos comunitarios y las aspiraciones socio-políticas que constituían el denominado sueño alemán.

Treinta años más tarde, en los festivales empezó a valorarse más lo musical y se contrataron músicos profesionales pensando también en los beneficios económicos que esto reportaría. Estos eventos se extendieron por todo el país y cada vez tenían más poder de convocatoria, de forma que en el de Colonia llegaron a reunirse más de 1500 asistentes.

Posteriormente, los festivales de música clásica se extendieron también a otros géneros musicales como el pop, jazz, rock y otros de tipo electrónico, de forma que gracias a Beethoven, hoy día nuestros hijos portan con orgullo unas singulares pulseras.

 

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