La Verdad

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Egotismo
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Alberto Aguirre de Cárcer | 30-01-2017 | 10:48

La subida de sueldos del alcalde y varios concejales del Ayuntamiento de San Javier ha generado una controversia política que era previsible de antemano. No solo por la cuantía del incremento, por encima del 20%, sino también por su inoportunidad en un municipio donde hasta hace muy poco tiempo los vecinos todavía hacían frente a los daños en sus bienes por las riadas. Con sus aciertos y errores, José Miguel Luengo es, a mi juicio, uno de los alcaldes populares de la Región con mejor balance de gestión, al menos hasta ahora. Ha bajado impuestos a los vecinos, ha mejorado el plan de pago a proveedores y ha puesto en marcha un plan de impulso económico que se percibe claramente en el municipio. Pero todo eso, junto al hecho de que perciba un salario inferior al de otros alcaldes y que su incremento retributivo esté dentro de los límites fijados por ley, no puede servir de justificación para semejante aumento de sueldo. En primer lugar porque si ha hecho una buena gestión municipal es algo opinable (ya lo dirán las urnas) y además ese era su compromiso y su obligación. Puede que por esa razón, a la vista de la polémica, el equipo municipal contraargumenta ahora que cobrará lo mismo que el tripartito socialista que gobernó en 2007 en San Javier. Otro mayúsculo error político. ¿Quién cobra hoy, alcalde, lo mismo que hace diez años, en el sector público o en el privado?

El poso que me queda de este episodio, lo que me preocupa, es que parte de nuestros políticos ya dan por superada la crisis y algunos empiezan a tomar decisiones, personales y colectivas, que están alejadas de la realidad social y por tanto desprovistas de toda empatía ciudadana. La vuelta al ‘fitureo’ (el postureo político en Fitur), con una avalancha de cargos murcianos de todos los partidos haciendo bulto y poco más en la feria internacional del turismo, me hace temer que esa laxitud de antaño con el dinero público vuelve a ser tentadora, ahora que la economía regional despega con un crecimiento superior al 3%. Parece olvidarse que este logro ha sido producto, en gran parte, de la contención del gasto público y de que las empresas ganaron en competitividad porque redujeron sus costes laborales, lo que implicó un serio sacrificio en términos retributivos de asalariados y autónomos. Murcia es una de las regiones donde los trabajadores del sector privado y los empleados públicos perdieron más poder adquisitivo en la crisis, lo que diezmó la clase media y engrosó la brecha de desigualdad social. En líneas generales, el equipo económico del Gobierno de Pedro Antonio Sánchez está haciendo bien sus deberes, favoreciendo la eliminación de trabas administrativas y fiscales y al mismo tiempo reaccionando positivamente en dos puntos muy negros que heredó: el bloqueo de la renta básica y del sistema de dependencia. Son pasos acertados, aunque todavía insuficientes. Los últimos datos del paro demuestran una sensible recuperación del mercado laboral. Treinta y dos mil puestos de trabajo recuperados en 2016 es una cifra muy esperanzadora, aunque en un porcentaje muy elevado se alcanzó por la vía de contratos que son temporales y precarios en términos salariales.

Vistas así las cosas, Sánchez podría verse tentado a sacar pecho, pero estoy seguro de que no se le ocurriría jamás, conocido su olfato político, plantearse una mejora salarial para él y sus consejeros. (No descarto que alguno se lo haya planteado al oído, aunque solo para el jefe, que hoy cobra menos que sus consejeros, a tenor del coreano culto al líder que practican su equipo y otros cargos del PP en sus comparecencias públicas y, febrilmente, en las redes sociales). Ya lo hizo hace muchos años el entonces presidente Andrés Hernández Ros, con una acusada y súbita mejora salarial, lo que pasmó a los murcianos e inició la cuesta abajo de su Gobierno. Si queremos tener a los mejores en política es obvio que nadie dejará su actividad profesional si la retribución pública percibida es claramente desalentadora. Por eso hoy son innumerables los políticos que nunca han tenido otra profesión y han hecho carrera desde las canteras juveniles de los partidos. Pero si algún político piensa que este es el momento oportuno para plantear unilateralmente mejoras retributivas es que no se entera de lo que pasa a su alrededor. Prefiero pensar que lo ocurrido es un problema de egotismo y no de puro cinismo. Hasta la mayor de las torpezas merece el beneficio de la duda.

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